Morir en la arena, radiografía de Cuba

Josefa Molina

[Img #10531]Soy de la idea de que las personas que escriben suelen actuar, muchas veces a pesar de ellas mismas, como notarias de su tiempo. De hecho, sucede que con frecuencia, nos adentramos con mayor profundidad y certeza en la realidad política y social de un país a través de una novela que por un ostentoso volumen de historia del país en concreto. Sobre todo, cuando buscamos conocer la realidad no oficial de dicho país.

 

Ahí, por ejemplo, están las obras, clásicos ya de la literatura universal, como son El archipiélago Gulag, de Aleksandr Solzhenitsyn, en la que el autor nos ofrece el relato descarnado de los terribles gulag, campos de trabajo soviéticos durante el régimen soviético de Stalin; el Diario de Ana Frank (1947) o Si esto es un hombre, el estremecedor relato en primera persona del escritor italo-judío Primo Levi, sobre su experiencia en el campo de exterminio nazi de Auschwitz, por nombrar algunas obras clásicas de la literatura universal.

 

Algo similar ocurre con Morir en la arena, la última novela del escritor cubano Leonardo Padura, tras cuya lectura me recriminé muy seriamente no haber leído nada antes de este autor, una cuestión que este año estoy totalmente dispuesta a revertir.

 

La novela retrata la situación de Cuba, país en el que escribe y reside el autor, habitando la misma casa que antes fue de sus progenitores; un retrato a través del cual se trasluce una persona que dolida y escarmentada de la decepción social y política que supuso la revolución castrista. Un desencanto que rezuma por todos los poros de los personajes centrales de la novela -Nora, Rodolfo, Geni, el escritor Fumero...-, una denuncia política que Padura sabe situar magistralmente en el marco de un hecho concreto: el asesinato cometido por Geni, Caballo Loco, de su propio padre.

 

La escritura de Padura es sencillamente brillante. Su forma de retratar una realidad social, económica y política de Cuba de forma tan cruda y dolorosa, poniendo en evidencia la narrativa falsa que durante décadas ha mantenido el régimen castrista para justificar su existencia, destila una impotencia social que arrastra a la persona lectora como ha arrastrado a la población de este país caribeño. Eso sí, Padura no idealiza el capitalismo, sino todo lo contrario, critica sus supuestas bondades repletas de una falsedad continúa y de un mercadeo constante de valores tan heridos como desprestigiados como son la democracia, el derecho internacional, la paz, justicia o la libertad, cuyos suelos pantanosos llevan a Occidente hacia una vía de deriva económica, política y social decepcionante, originando un devenir social cada vez más escéptico que empuja a la población hacia una situación de doloroso desasosiego de preocupantes consecuencias (ascenso de la ultraderecha, aumento del descontento popular, incremento de los conflictos bélicos...).

 

Padura aborda todos estos temas desde el análisis del desencanto de la sociedad cubana, aquejado por los continuos cortes de electricidad, la devaluación del precio del dinero, la imposibilidad de acceder a una vivienda, la escasez de alimento,... en un panorama donde la población cubana no puede más que aspirar a sobrevivir. De ahí, el anhelo de muchas y muchos de huir del país para intentar contar con una mínima oportunidad de vida mejor. ¿Les suena? En Canarias también contamos con ejemplos de esa huida con las miles de personas que deciden subirse a una barcaza o a un cayuco en busca del dorado europeo, incluso a costa de sus propias vidas. Casi 18 000 personas llegaron a las costas canarias durante el 2025 a través de la ruta canaria. Casi 2000, fallecieron sin lograr tocar tierra (datos de la ONG Caminando Fronteras a fecha 30 de noviembre 2025).

 

Como persona que escribe, me ha interesado de la novela especialmente la reflexión que realiza Padura sobre la valentía del autor para escribir en un país en el cual cualquier cosa escrita, puede reportar negativas consecuencias para quien escribe, extremo que me ha hecho valorar, más si cabe, este libro y sobre todo la valentía literaria de este autor, en cuyo haber cuenta con diversos premios de prestigio como son el Premio Príncipe de Asturias, Premio Hammett o Premio Raymond Chandler, entre otros.

 

En un párrafo de la novela, Padura afirma en voz del personaje Raymundo Fumero, escritor de novelas de detectives, alter ego del propio autor, por permiso de Mario Conde, su personaje estrella de novela negra: "Pero la verdad es que si lo pensamos un poco, no se necesita ser novelista para contar historias y inventar narrativas como se hace ahora. Vivimos rodeados de esas narrativas, y por ejemplo, no es mejor inventar historias que los políticos. Esos sí que son novelistas conformados, los más hábiles creadores de ficción, y eso nosotros lo sabemos bien. Y también sabemos que Débora debería al menos ser indispensable y tener libertad para expresar lo que necesita. No andar con miedo a las finas consecuencias que afectan a la exigencia de la creación. Y esa condición, lamentablemente, reside en su majestud. Y desde el principio, yo la aprendí muy bien." Brillante, ¿no creen?

 

Y en otro momento declara: "Porque la verdad puede provocar efectos dolorosos. Porque la libertad siempre tiene su precio". A veces, ese precio es la cárcel, cuando no la muerte.

 

Me pregunto cuántos de los libros que están ya ocupando las máquinas de las imprentas o que todavía están fraguándose en la imaginación de mentes creativas, actuarán para las generaciones futuras como fuentes de información que ayuden a conocer y comprender la sociedad del siglo XXI, más allá de la morralla de noticias falsas y contenidos interesados que distorsionan continuamente la realidad, porque bien sabemos que quien construye la narrativa en la historia es quien gana las guerras, ya sean bélicas, mediáticas o de pensamiento. Al igual que conocemos que estar en disposición de crear una narrativa interesada con el fin de manipular la opinión pública no suele responder al interés objetivo de contar los hechos. Eso lo tenemos bien claro en este mundo dominado por las fakenews, noticias falsas; la posverdad y sus principales canales de difusión, las redes sociales. Porque los hechos son lo hechos, aunque luego se interpreten en función de unos u otros intereses.

 

Por eso, leer a Padura va más allá de una simple recomendación. En este siglo convulso y de pies de barro, donde parece que hemos perdido nuestra capacidad de razonar y analizar la Historia, la de la Humanidad, con los peligros que esta pérdida supone para todas y todos, se convierte casi en una obligación.

 

Por eso, lean especialmente a autores que no escriben para mantener el status quo de un determinado régimen o partido político o económico, si no que aspiran a contar la realidad de su momento vital con un mínimo criterio y objetividad y que además, cuentan con el conocimiento y la formación necesaria para hacerlo con el dominio que les otorga el poder de la literatura. Lean, desde novelas a la poesía o a los ensayos, para conocer, para informarse, para aprender. Lean.

 

¡Les deseo Salud y Literatura!

 

Josefa Molina

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