
Desde el Rincón de Abajo, el camino vuelve al origen.
Senderos conocidos,
barrios que despiden en silencio,
y sonrisas que hacen familia.
Las Crucitas.
Lomo de los Santos.
La Degollada. La Erita.
Pasos compartidos.
Memorias nuevas.
Gracias, Tomás,
por guiarnos por caminos que no salen en los mapas
pero sí en el corazón.
Gracias a la compañía,
a las conversaciones lentas y al caminar juntos.
Y como broche final,
la mesa espera en El Labrador,
sabores de siempre,
terrazas al sol y
Bentayga mirando en silencio.
Porque en Tejeda,
el camino se anda…
y se celebra.
Adolfo Aguiar




























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