Prohibido prohibir

Quico Espino

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Aunque hay cosas que se deben prohibir, (matar, la violación de los derechos humanos, la falta de respeto, la opresión, la prepotencia…), éste fue uno de los postulados de Mayo del 68 francés, en el siglo pasado, una revuelta estudiantil que devino en huelga general y que contó con más de nueve millones de trabajadores, desafiando el autoritarismo, el capitalismo y la sociedad de consumo.  Una huelga que puso en apuros al gobierno de Charles de Gaulle, el cual llegó a temer una insurrección de carácter revolucionario tras los sucesos acaecidos.
 
Nosotros, los playeros de Sardina, no vamos a poner a nadie en jaque pero ya está bien de que nos traten como si fuéramos críos y nos cierren la playa y todos los muelles con cintas, según les parezca a nuestros políticos. Ni que nosotros no tuviéramos criterio para decidir que no nos metemos en la playa mientras la mar está brava. Y si alguien tiene la osadía de bañarse, como he visto que lo han hecho algunas personas, pues que carguen con la responsabilidad.
 
Nunca había pasado aquí, en la playa de Sardina, y no me extrañaría que fuera por esos incautos extranjeros que murieron ahogados en Tenerife y en Lanzarote, y ahora nuestros políticos anden preocupados, pues no desean que suceda lo mismo por estos lares. Por eso nos tratan como a chiquillos ingenuos que no sabemos como actuar ante situaciones de esta índole.
 
¿Por qué no ponen una bandera roja cuando hay mala mar y ya está? ¿Por qué tenemos que aguantar esta actitud si lo que queremos, por ejemplo, es  bajar a la playa para pasear por la arena, mojándonos los pies, libremente, sin que nadie nos ponga trabas? Es lo último que nos faltaba. Y encima nos pueden multar hasta con seiscientos euros si nos ven a la orilla del mar. ¡Pues sí que estamos aviados!
 
Otro de los lemas de Mayo del 68 fue que “el poder absoluto corrompe absolutamente” y no me extraña que quienes detentan el poder durante tanto tiempo, se crean que pueden hacer lo que les venga en gana y sientan que nos pueden gobernar de esa manera, simplemente porque tienen la sartén por el mango y piensan que sustentan el mango también.
 
Me gustaba también la máxima que decía: “desabrochen el cerebro tan a menudo como la braqueta” y, sobre todo: “la imaginación al poder”, que es bastante elocuente y que implica el imperio de la fantasía, un mundo de ilusiones en el que la realidad  deja mucho que desear y habría que imaginar cómo arreglarlo.
 
En mayo del 68 yo contaba quince años y estaba a punto de matricularme en el instituto de Agüimes, que comenzaba su andadura, y nada de lo que pasó en París llegó a nosotros, al pueblo de Ingenio, como si estuviéramos en el culo del mundo, cuando fue la mayor revuelta de todos los tiempos modernos de la sociedad europea. Es verdad que por aquel entonces no leíamos los periódicos ni escuchábamos la radio salvo para oír música (y, por supuesto, la tele la tenían sólo los ricos), pero la censura era tal que no creo que trataran la noticia como se merecía.
 
Fue entonces cuando empecé a escuchar las palabras “libertad”, “fraternidad” e “igualdad”, aparte de “solidaridad”, que reforzaron la amistad que ya tenía con quienes consideraba amigas y amigos de verdad, y, aunque me gustaban más las máximas que predicaban los jipis, en la misma década de los sesenta, como “hagan el amor y no la guerra” que me parecía de una genialidad indiscutible,  encontré en esos conceptos la verdadera razón de la existencia. De hecho añadiría: “tiren besos, no bombas”, para completar el ingenio anterior.
 
De todas formas parece que no sacan mucho poniendo las cintas que impiden acceder a la playa, donde esa tarde había un montón de gente, no sólo en la arena sino en la zona de las duchas, como puede verse en la foto,
 
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... y la persona que procedió a ponerlas no dijo ni pio a quienes disfrutaban del poco sol que había. Se limitó a colocar los precintos y santas pascuas.
 
Pues ya ven el caso que le hicieron. Ni se movieron los chicos y chicas que se hallaban  presentes, porque esas no son maneras de decirnos lo que tenemos que hacer. Nadie con dos dedos de frente se juega la vida por un baño en la playa y quien se atreva, pues que apenque con las consecuencias. 
 
No está bien, desde mi punto de vista y también desde el de otras muchas personas, eso de cerrar las playas cada vez que la mar se encrespa, algo que no pasaba hasta hace bien poco.
 
Texto e imágenes: Quico Espino
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