El valor de jugar: reflexión sobre el fútbol base canario

Tomás Armas

[Img #14801]El fútbol base constituye una de las principales herramientas educativas y sociales en Canarias. Más allá de su dimensión competitiva, representa un espacio de aprendizaje, socialización y desarrollo integral para niños y niñas. Analizar su nivel actual exige ir más allá de los resultados y atender a factores estructurales, metodológicos y culturales que influyen directamente en la formación del jugador y de la persona.

 

En relación con el nivel competitivo y al contexto estructural, desde un punto de vista estadístico, los equipos que ocupan las primeras posiciones en las distintas categorías suelen coincidir con aquellos clubes que disponen de mayores recursos económicos, mejores instalaciones y una captación más amplia de talento. Este fenómeno responde a una lógica estructural común en el fútbol moderno.

 

No obstante, cuando los equipos canarios compiten en contextos nacionales, se evidencian ciertas limitaciones. Aunque el talento individual canario sigue siendo altamente valorado —como demuestra la presencia recurrente de futbolistas isleños en clubes profesionales—, a nivel colectivo existen dificultades derivadas de:


• La insularidad y la menor frecuencia de competición interterritorial.
• La diferencia en volumen y exigencia competitiva respecto a otras comunidades.
• Una profesionalización más tardía de las estructuras formativas.

 

Estas circunstancias no invalidan el nivel del fútbol base canario, pero sí obligan a contextualizarlo y a evitar comparaciones simplistas basadas únicamente en resultados.

 

En cuanto al modelo de juego y al enfoque metodológico, uno de los aspectos clave del fútbol base es el modelo de enseñanza-aprendizaje que se desarrolla en los entrenamientos y en la competición. Históricamente, el fútbol canario se ha caracterizado por un estilo técnico, creativo y asociativo, donde el jugador era protagonista del juego.

 

En la actualidad, coexisten dos tendencias principales:


• Un modelo orientado al resultado inmediato, donde se prioriza ganar partidos, clasificaciones y ascensos.
• Un modelo formativo, centrado en el desarrollo de habilidades técnicas, tácticas, cognitivas y emocionales.

 

Desde una perspectiva educativa, es fundamental recordar que en edades formativas el objetivo no debe ser “aprender a ganar”, sino “aprender a jugar”, entendiendo el juego como un proceso de toma de decisiones, cooperación y resolución de problemas. El resultado debe considerarse una consecuencia del aprendizaje, no su finalidad.

 

En este contexto, resulta especialmente interesante plantear una reflexión colectiva: ¿qué pensarían los futbolistas veteranos de todas las islas si se les preguntara si el fútbol actual es mejor que el que se practicaba antiguamente? Probablemente, más allá de la nostalgia, emergería un debate profundo sobre la esencia del juego. Muchos destacarían que, aunque hoy existen mejores campos, materiales y preparación física, antes el juego se vivía con mayor libertad, improvisación y sentido lúdico, factores que favorecían la creatividad y la toma de decisiones autónomas.

 

Existe una percepción extendida de que “antes se jugaba mejor”, cuando los campos eran de tierra y los balones de cuero. Si bien las condiciones materiales eran más precarias, estas favorecían ciertos aprendizajes: adaptación al entorno, creatividad y dominio técnico en situaciones adversas. Actualmente, las mejoras en infraestructuras y material permiten un juego más fluido y seguro, así como una planificación metodológica más precisa. Sin embargo, el riesgo reside en la excesiva estructuración del juego, que puede limitar la espontaneidad y la creatividad si no se gestiona adecuadamente. No se trata de determinar qué época fue mejor, sino de reconocer qué aprendizajes se han ganado y cuáles se han perdido.

 

Esta reflexión enlaza directamente con otra cuestión clave del fútbol base actual: si, a pesar de la sofisticación de los métodos de entrenamiento, se está trabajando realmente mejor con niños y niñas, y si ese trabajo se ve reflejado en el campo cuando compiten. En muchos casos, el entrenamiento incorpora tareas bien diseñadas, conceptos tácticos avanzados y una planificación detallada, pero durante los partidos el juego se empobrece por el miedo al error, la presión por el resultado o las consignas excesivamente rígidas. Esto plantea una contradicción evidente entre lo que se entrena y lo que finalmente se permite expresar en la competición.

 

Como consecuencia, cabe preguntarse si hoy se practica un fútbol verdaderamente más combinativo y asociativo o si, por la dependencia del resultado desde edades tempranas, el juego que se observa —a todos los niveles— resulta poco atractivo para el espectador y, lo que es más importante, poco enriquecedor para el aprendizaje del jugador. Cuando ganar se convierte en una necesidad constante, el pase, la creatividad y la iniciativa individual tienden a verse desplazados por un juego más directo, previsible y condicionado.

 

En cuanto al aspecto psicológico y al entorno social, uno de los avances más significativos del fútbol base contemporáneo es la creciente atención a esos componentes: gestión emocional, autoestima, tolerancia al error y trabajo en valores. Cada vez más entrenadores son conscientes de la importancia de estas cuestiones.

 

No obstante, también han aumentado los problemas extradeportivos, especialmente vinculados al entorno adulto:


• Presión excesiva de algunas familias.
• Expectativas desajustadas respecto al rendimiento.
• Conflictos en la grada y falta de coherencia educativa.

 

En este sentido, el rol de las familias es determinante. El fútbol base no debe ser un espacio de proyección de frustraciones adultas, sino un entorno seguro donde el error sea entendido como parte del aprendizaje.

 

El respeto hacia árbitros y árbitras es un indicador claro de la salud educativa de una competición. En los últimos años se ha observado un deterioro del comportamiento hacia la figura arbitral, especialmente en categorías de formación. Este hecho no solo afecta al desarrollo del juego, sino que transmite a los niños y niñas un modelo de relación basado en la confrontación y la deslegitimación de la autoridad. Entrenadores y familias tienen la responsabilidad compartida de generar un clima de respeto y deportividad.

 

Diversos estudios y testimonios coinciden en que los recuerdos más perdurables del fútbol base no están relacionados con resultados, clasificaciones o ser campeones, sino con las experiencias emocionales: amistades, viajes, celebraciones y momentos compartidos, tanto en los entrenamientos con compañeros y compañeras, como en los partidos con jugadores contrarios. Este dato debería orientar las decisiones metodológicas y organizativas del fútbol base. Si el objetivo es formar personas equilibradas y jugadores competentes, el disfrute y el sentido de pertenencia deben ocupar un lugar central.

 

El fútbol base canario dispone de talento, tradición e identidad propia. Sin embargo, su desarrollo futuro dependerá de la capacidad de entrenadores, familias e instituciones para priorizar la valoración del futbolista canario, el que se asemeja al que antiguamente se formaba en la calle, y, sobre todo, la formación integral por encima del resultado inmediato. Y debemos plantearnos la siguiente cuestión: ¿ha aumentado su potencial competitivo y la excelencia técnica en los últimos años o, por el contrario, se ha estancado en un modelo que premia la competitividad temprana por encima del crecimiento técnico y personal? A menudo, la presión por el marcador nubla el objetivo real: crear futbolistas con recursos y personas con valores. Si seguimos midiendo el éxito de un niño o niña solo por los puntos del partido, corremos el riesgo de asfixiar el talento natural que siempre ha caracterizado a los/as futbolistas de nuestras islas. Educar a través del fútbol implica enseñar a competir, pero también a respetar, a cooperar, a gestionar la frustración y, sobre todo, a disfrutar del juego. Ese es el verdadero indicador de éxito del fútbol base.

 

Tomás A. Armas Armas

Maestro especialista en Ciencias Sociales y Educación Física. Entrenador UEFA PRO. Técnico Deportivo Superior en Fútbol. Coordinador RFEF. Comentarista y colaborador en la Radio Autonómica Canaria. Analista táctico & Scouting (AFEC Football Academy). Especialista en Scouting y Análisis del Juego (MBP Coaches School).

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