Hipatia, el asesinato por sabiduría

Josefa Molina

[Img #10531]Hace unas semanas volví a visionar la película Ágora del cineasta español Alejandro Amenábar, estrenada en 2009. La película, que lleva por título el espacio público en el que en la antigua Grecia se reunía la asamblea del pueblo y servía también de mercado y punto de reunión, aborda la figura de la filósofa, matemática y astrónoma Hipatia de Alejandría, miembro y cabeza de la  Escuela neoplatónica de Alejandría (Egipto).

 

El film de Amenábar está inspirado en la novela histórica Hypatia, la mujer que amó la ciencia (2004) de Pedro Gálvez, aunque fue Carl Sagan quien redescubrió el personaje de Hipatia allá por los años 80 del siglo pasado en la serie Cosmos: Un viaje personal y en el libro Cosmos. El conocimiento sobre la figura de filósofa y su legado intelectual se conservó en gran parte gracias a los textos de varios de sus discípulos, entre ellos, Sinesio de Cirene y Hesiquio de Alejandría, así como a través del griego Sócrates Escolástico, historiador contemporáneo de Hipatia, quien explicaba en una crónica de la época que "puesto que conversaba largamente con Orestes, se concitó contra ella (Hipatia) la calumnia entre el vulgo cristiano, como si se interpusiera en la reconciliación entre Orestes y el obispo (Cirilo)". (1)

 

Los hechos a los que se remonta la cinta del director español transcurren sobre el año 391 d. C., en un momento muy concreto de la historia de la mítica ciudad egipcia. En esos tiempos, los cristianos, alentados por el patriarca Cirilo de Alejandría, quien posteriormente fue nombrado santo por la Iglesia Católica (han leído bien: ¡santo!, a pesar de haber impuesto la religión cristiana a base de derramamientos de sangre de otros grupos religiosos), estaban enfurecidos por el seguimiento en Alejandría al dios Serapis, al que consideran un dios 'falso' frente al dios 'real', por supuesto, el cristiano. El enfrentamiento entre cristianos, judíos y greco-egipcios generó en la ciudad un ciclo de violencia que encierra realmente, como todo credo fanático, el deseo de ostentar el poder.

 

Hipatia, hija del matemático, astrónomo y último director de la segunda Biblioteca de Alejandría, Teón de Alejandría, fue víctima de este fanatismo y esta lucha por el poder al considerar Cirilo que ejercía demasiada influencia sobre las decisiones de Orestes, quien había sido antiguo discípulo y en ese momento ostentaba el cargo de prefecto. ¿Una mujer 'controlando' a la máxima autoridad política del imperio romano de la ciudad? ¿Una fémina ejerciendo influencia sobre el poder? ¿Una mujer que se atrevía a pensar por sí misma y que no tenía más religión que el conocimiento y la ciencia? ¡Horror! ¡Eso no puede ser!

 

Cirilo, quien había accedido al patriarcado de la ciudad tras la muerte de su tío Teófilo, deseaba asentar su poder político en Alejandría, utilizando para ello a los Parabolanos, el 'brazo armado' cristiano que además de realizar labores de caridad, no dudaban en empuñar las espadas, apedrear y matar en nombre de Jesucristo. ¿Les recuerda algo a las Cruzadas, aquellas guerras religiosas impulsadas por la Iglesia cristiana occidental durante la Edad Media? ¿No les recuerda al fanatismo político empeñado en reescribir las narrativas contemporáneas desde el ejercicio del poder en un país supuestamente democrático? El uso de la fuerza y las amenazas como ejercicio político para masacrar a un pueblo...¿no es terriblemente actual todo esto? La violencia solo engendra destrucción, llanto y muerte. Ayer y hoy.

 

Como resultado de los choques entre las facciones religiosas que buscaban controlar el poder, un grupo de parabolanos asesinó a Hipatia de la forma más cruel, dolorosa y humillante que encontraron: primero la desnudaron (una forma más de escarnio hacia la mujer mostrando su desnudez), luego la apedrearon, la descuartizaron, le arrancaron la piel y arrastraron sus restos por las calles antes de lanzarla a la hoguera al grito de bruja y hechicera. Una de las filósofas más brillantes de la escuela neoplatónica fue despedazada por una horda de hombres violentos en nombre del dios cristiano....

 

Lo que encierra este asesinato es, sin duda, una cuestión política de base -su supuesta influencia sobre Orestes- pero con su muerte, lo que se asesinó en realidad fue al conocimiento, la inteligencia y la independencia de una mujer. Y para justificarlo, se utilizó las santas escrituras en las que el papel que se le concede a las mujeres se reduce a parir con dolor, callar, obedecer y servir al varón. Se asesinó a una de las mayores intelectuales del antiguo Egipto por ser mujer. ¿Les suena?

 

Pues claro que sí, durante la larga historia de la humanidad, las mujeres hemos sufrido este mismo destino, en las formas y en el final, la hoguera. De hecho, durante siglos hemos sido acusadas de brujas, con todo lo que ello conlleva. En Europa han sido frecuentes los procesamientos y ejecuciones de mujeres quemadas en hogueras. En España, por ejemplo, 24 mujeres torturadas y ejecutadas en 1593 tras ser acusadas de practicar brujería en el denominado caso de las Brujas de Las paúles, en Huesca. ¿Y quién no conoce el caso de las Brujas de Salem, en Estados Unidos, donde más de veinte mujeres fueron acusadas de hechiceras y condenadas a morir en la hoguera en 1642? Lo más triste es que esto sigue sucediendo en países de África y Asia donde las mujeres, por los motivos más peregrinos, siguen siendo acusadas y ejecutadas al grito de hechiceras.

 

Hay muchas investigaciones en las que se analiza la figura la demonización de mujeres pero quizás uno de los más destacados es El calibán y la bruja de la filósofa, historiadora, activista feminista y marxista italo-estadounidense Silvia Federici, un ensayo en el que reinterpreta la transición del feudalismo al capitalismo, argumentando que respondió a un proceso violento de expropiación del cuerpo de las mujeres, reduciéndolas a la reproducción de mano de obra y despojándolas de su poder, simbolizado en la caza de brujas como una guerra contra la feminidad y el control reproductivo similar a la esclavitud y la colonización. 

 

Hay que recordar que muchas de las mujeres que fueron acusadas de brujas eran las que ayudaban en los partos (comadronas) o atendían los dolores menstruales, es decir, eran mujeres con ciertos conocimientos de salud, lo que encierra también el enfrentamiento entre los tratamientos y las curas a base de productos naturales (hierbas y unguentos) y su continuo desprestigio por parte de las ciencias médicas controladas por la curia eclesiástica. Por supuesto, dentro de la categoría de brujas estaban todas aquellas mujeres que osaban vivir al margen de las estructuras patriarcales, como solteras o viudas.

 

En definitiva, Hipatia, mujer independiente, inteligente y sabia, maestra de muchos, con pensamiento propio y crítica frente al dogmatismo religioso, fue destruída y asesinada de la forma más cruel y sanguinaria posible no por ser quien era, ni siquiera por su pensamiento y legado, sino por su género. Y esto sí, señores, que resulta totalmente un horror.

 

Josefa Molina

 

(1) Hipatia. Poder, ciencia y filosofía en el crepúsculo del mundo clásico, de Pedro Jesús Teruel, 2011.

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