
En las imágenes tomadas al grupo siempre resulta que hay alguien mirando al pintor o al fotógrafo.
Bien es verdad que la pintura está dispuesta a ofrecer muchos más matices que vierten en sus lienzos los pintores, sobre todo, si tenemos en cuenta su paciencia innata; sin embargo, la instantaneidad de la fotografía también tiene su misterio: el deseo de atrapar el tiempo en un instante. Por ejemplo, la foto elegida corresponde a la Procesión de la Burrita, con la que se inicia la Semana Santa aruquense, a su paso por la alfombrada calle de La Cerera. En ella podemos apreciar, es un decir, que dejar constancia de su naturalidad es uno de nuestros objetivos más soñados.
Otra cosa es que lo hayamos conseguido.
Juan FERRERA GIL





























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