La paz está en las pequeñas cosas

Esteban G. Santana Cabrera

[Img #5326]Cada 30 de enero celebramos el Día Escolar de la No Violencia y la Paz, una fecha que nos invita a reflexionar en la escuela sobre los grandes conflictos del mundo, las guerras y la violencia que vemos a diario en los medios de comunicación. Sin embargo, quizá la paz no deba buscarse solo en lo lejano, sino empezar a construirse desde lo más cercano: desde casa, desde el centro educativo, desde lo cotidiano, desde las pequeñas cosas.
La paz no es únicamente la ausencia de guerra. La paz es diálogo, es escucha, es acompañamiento, es corrección desde el cariño y es guía cuando alguien se equivoca. En mi caso, esa paz comenzó en casa, en mi familia, compartiendo momentos sencillos pero muy significativos. Las reuniones familiares en torno a la cama de mi madre los fines de semana, cuando llegábamos de salir con los amigos. Allí se generaba un clima de diálogo, de consejo, de reflexión serena sobre nuestras acciones. Eran espacios donde se reconducían conductas, donde se hablaba desde el amor y la preocupación sincera. Probablemente, sin ese apoyo familiar, muchas decisiones y caminos no habrían sido los mismos.
 
Del mismo modo, el centro educativo debe ser un espacio privilegiado para la construcción de la paz. No solo a través de actividades puntuales, sino creando espacios reales de reflexión, donde el alumnado pueda hablar sobre la paz en el mundo, los conflictos armados, el sufrimiento de otras personas y, sobre todo, sobre los valores que hacen posible una convivencia justa y solidaria. Porque la violencia no surge de la nada, nace de la falta de valores, de la ausencia de respeto, empatía, compromiso y responsabilidad.
 
Recientemente, en una conversación con una persona, ella afirmaba que el clima de crispación y enfrentamiento que vivimos en la sociedad tiene su origen en los políticos. Yo le respondía que, más allá de la política, el problema está en una crisis de valores sociales. Cuando los valores se debilitan, los políticos son menos comprometidos, los profesionales ya no viven su vocación como antes, cuando el médico era médico siempre, también los fines de semana y en vacaciones, y el maestro sentía su labor como una responsabilidad que iba más allá del horario escolar.
 
Esta falta de valores también se refleja en lo cotidiano: en la ausencia de gestos sencillos de ayuda entre vecinos, en la falta de compromiso en el barrio o en nuestra comunidad de vecinos, en la indiferencia entre familias, en barrios donde cada uno vive encerrado en su propio mundo. Todo ello va construyendo una sociedad más individualista y egoísta, donde se piensa más en el “yo” que en el “nosotros”.
 
Por eso, en el Día Escolar de la No Violencia y la Paz, no deberíamos limitarnos a mirar la política exterior o los conflictos lejanos. Deberíamos preguntarnos: ¿Qué estoy haciendo yo por la paz?,¿Qué hago por la paz en mi familia, en mi centro educativo, en mi barrio?, ¿Promuevo el diálogo, la escucha, la ayuda, el respeto y la solidaridad?
 
La paz no empieza en los grandes discursos políticos, sino en los pequeños gestos diarios. Empieza cuando escuchamos, cuando acompañamos, cuando corregimos con cariño y cuando nos comprometemos con los demás. Solo así podremos construir una paz real, duradera y auténtica. Como decía la Madre Teresa de Calcuta, “Los pequeños gestos de cercanía y humanidad también construyen paz”.
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