Gentes e Historia

El día que Canarias dejó de ser una isla

La llegada del telégrafo submarino transformó la comunicación, el comercio y la vida cotidiana en Canarias, conectando al archipiélago con el mundo en tiempo real y consolidando su papel estratégico en el Atlántico.

Juan Vega Romero Viernes, 23 de Enero de 2026 Tiempo de lectura:
Tendido del cable desde la playa de Sardina del Norte. Foto: Cabildo Insular de Gran CanariaTendido del cable desde la playa de Sardina del Norte. Foto: Cabildo Insular de Gran Canaria

Tres meses de insomnio, un cable submarino y el primer mensaje que encogió el Atlántico 
 
El 21 de diciembre de 1883 el cable telegráfico entre Tenerife y Gran Canaria empezó a funcionar. No fue un gesto simbólico: fue el principio del tiempo real en el archipiélago. Aquel hilo submarino reordenó comercio, administración y vida cotidiana, y convirtió al puerto en un nodo de información atlántica. 
 
Canarias no estaba aislada por el océano: estaba aislada por el tiempo. 
 
21 de diciembre de 1883: la mañana en que el mar dejó de ser muro 
 
En la estación de El Confital, en Las Palmas de Gran Canaria, el aire es de sala de espera. Juan Ravina, inspector de telégrafos, lleva semanas viviendo a golpes de comprobaciones: resistencias, contactos, continuidad. Desde que el cable se descargó y empezaron los trabajos de tendido, duerme mal. Demasiado depende de una cosa imposible de ver: un hilo de cobre sumergido a gran profundidad, vulnerable al fondo, al roce, al accidente mínimo. 
 
A su lado, Antonio Agustín mira el aparato con una devoción práctica: la de quien sabe que la fe, en estos casos, se llama técnica. 
 
Ravina apoya los dedos, respira y pulsa. Punto. Raya. Punto-punto-raya. 
 
El mensaje sale hacia Tenerife por el cable interinsular recién tendido. Nadie en la sala puede seguirlo. Solo queda el peor de los ruidos: el silencio. 
 
Hasta que el receptor crepita. 
 
Tic. Tic-tac. Tic-tac-tic. 
 
Hay respuesta. 
 
Lo que ocurre en ese instante es más grande que el aparato: el océano pierde parte de su poder administrativo. La isla sin moverse se acerca. 
 
Las fechas clave:
El sistema Cádiz–Canarias y el tramo Tenerife–Gran Canaria
 
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* 1880 (Ley publicada el 11 de mayo): se autoriza la contratación del cable submarino Cádiz–Tenerife y la unión con Gran Canaria y otras islas (Gaceta de Madrid, núm. 132, 11-5-1880). 


* 19 de septiembre de 1883: el vapor cablero Dacia sale de Inglaterra para iniciar las operaciones del sistema y los trabajos de trazado y tendido interinsular (contexto técnico descrito en la memoria de Juan Ravina, 1886).
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* 21 de diciembre de 1883: el cable Tenerife–Gran Canaria empezó a funcionar, con amarre en La Jurada (Santa Cruz de Tenerife) y El Confital (Las Palmas), según la bibliografía técnica e histórica sobre el tendido. 

* 5 de enero de 1884: la estación de Las Palmas abre al público, según documentación municipal recopilada por Martín del Castillo. 

 

Contexto del sistema Península–Canarias: 

 

* 6 de diciembre de 1883: inauguración oficial del enlace Cádiz–Tenerife. 


 

* 25 de marzo de 1884: tras localizar y reparar una avería, se considera plenamente consolidada la comunicación Península–Canarias, fecha que suele tomarse como 
entrada en servicio regular del sistema.
Más allá de las fechas: el impacto 
Lo importante no es el dramatismo del primer mensaje, sino lo que ese mensaje inaugura: 


 

* Se establece una comunicación telegráfica interinsular que reduce drásticamente los tiempos de intercambio de información entre islas y con el exterior. 


 

* La información deja de depender del ritmo del correo marítimo, con sus demoras, escalas y temporales. 


 

* El puerto y las casas comerciales ganan una herramienta estratégica: decidir con datos más actuales (precios, rutas, pedidos, incidencias). 
En términos modernos: Canarias empieza a vivir más cerca del tiempo real. 
Antes del cable: cuando una noticia podía tardar semanas 
A mediados del siglo XIX, la prensa canaria lo explicaba sin épica: las noticias llegaban con los barcos. El correo era una combinación de calendario irregular y suerte meteorológica. Una carta podía tardar días, muchos días; a veces, semanas. Y cuando el mensaje llegaba, el mundo ya estaba en otra cosa. 
Ese desfase no era un detalle doméstico. Era estructura: 



        • El comerciante tomaba decisiones con precios viejos. 

        • La administración gestionaba tarde. 

        • Las familias vivían pendientes del próximo atraque como quien espera una señal. 


 

El telégrafo submarino no aceleró la vida: cambió quién controlaba el tiempo. 
El Dacia: el barco que trajo futuro... y negocio 
El tendido del cable no fue una escena limpia de laboratorio: fue logística dura. Un barco cablero, bobinas, tensión, cálculos, riesgos, mareas y fondos marinos. 
Y, sobre todo, fue inversión. 
Porque el cable no llega a Canarias solo por filantropía tecnológica. Llega porque el archipiélago era y sigue siendo un punto de paso privilegiado en el Atlántico: escala natural entre rutas comerciales y, con el tiempo, rutas imperiales. Un lugar donde se cargaba carbón, se reparaban averías, se reorganizaban itinerarios... y, desde ese momento, se enviaban órdenes. 
El cable no es solo progreso: es geografía convertida en ventaja. 


 

Británicos en el puerto: llegaron sin cañones, pero con agenda 

 

La presencia británica en Las Palmas y su entorno portuario no nace de un episodio único, sino de una suma: navegación, carbón, comercio, consignación, exportación agrícola y servicios. El cable telegráfico encaja en ese ecosistema como pieza perfecta: reduce incertidumbre y facilita decisiones rápidas.
 
Viajeros británicos del periodo dejaron constancia de un hecho que a los isleños pronto les resultó habitual: el puerto y buena parte del comercio vinculado a la navegación tenían una fuerte impronta extranjera, especialmente británica (en ese contexto se leen las crónicas de Olivia M. Stone). Era una forma de poder menos visible que un ejército y más persistente que una bandera: la capacidad de organizar el flujo. 

 

De ese flujo nacen empresas, barrios, clubes, matrimonios mixtos, apellidos que se quedan. La modernidad, a veces, llega con acento. 

 

Turistas enfermos, lápidas en inglés y la cara humana de la conexión

 

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La conexión trajo tránsito. Y el tránsito trajo algo más que negocios: trajo cuerpos. 

 

En los cementerios protestantes como el de San José en Las Palmas, las lápidas recuerdan una forma de viaje típica del fin de siglo: personas que venían buscando clima, no ocio. Tuberculosis, consunción, inviernos prescritos por médicos, estancias largas y finales tristes. 

 

Ese detalle importa por una razón: muestra que la globalización de 1880 no era un concepto, sino una experiencia física. Viajar no era barato, ni seguro, ni necesariamente feliz. Pero ocurría. Y Canarias estaba en la ruta.
 

El Hotel Santa Catalina: cuando una ciudad se convierte en escala

 

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En 1890 abrió el Gran Hotel Santa Catalina. Más que un hotel, fue un síntoma: Las Palmas empezaba a verse y a ser vista como punto de estancia cualificada, no solo como puerto de paso. 
Allí se cruzaban telegrafistas, comerciantes, cónsules, viajeros, familias ligadas a África occidental y al circuito marítimo atlántico. Si el cable conectaba mensajes, el hotel conectaba gente. Y las dos cosas mensajes y gente hacen ciudad. 

 

Ciudad Jardín: urbanismo para una nueva élite 

 

Con el tiempo, esa mezcla de negocios, tránsito y presencia extranjera dejó huella en el plano urbano. Nacen o se consolidan zonas residenciales de mayor renta, con estéticas importadas, jardines, porches, clubes. No es un apunte decorativo: es un indicador de transformación social. 

 

Cuando una ciudad cambia de escala, cambia su arquitectura. Y cuando una isla deja de sentirse lejos, empieza a construir como quien pertenece a una conversación más grande. 

 

El telégrafo como máquina de decidir 

 

El impacto económico del cable se entiende mejor con escenas sencillas: 


        • Un exportador puede preguntar precio y ajustar envío. 

        • Una naviera puede recibir instrucciones y cambiar destino. 

        • Una casa comercial puede cerrar operaciones sin esperar al próximo vapor. 


 

El telégrafo no crea riqueza por sí solo, pero reduce el coste de la incertidumbre. Y eso, en comercio marítimo, es una revolución. 


 

Guerra y comunicaciones: cuando el cable se vuelve vulnerable 

 

Las guerras modernas no empiezan únicamente con disparos: empiezan con información. En conflictos como la Primera Guerra Mundial, las comunicaciones se volvieron un recurso estratégico y los puertos neutrales, lugares sensibles. 

 

Con lo disponible en las fuentes centradas en el cable de 1883, no conviene afirmar episodios concretos de espionaje ligados a esta estación o a este tramo sin documentación específica. Pero el marco general es claro: las redes de cable submarino del Atlántico se consideraron infraestructuras estratégicas, y puertos de abastecimiento como Las Palmas concentraron interés diplomático y naval.
 

Lo que queda: del cobre a la fibra 

 

Décadas después, el cobre dio paso a nuevas tecnologías. Llegaron cables de fibra óptica, redes de datos, conexiones internacionales. El mapa tecnológico cambió; la lógica geográfica permaneció: Canarias como puente. 

 

Pero el legado más duradero es menos visible que un cable y más difícil de medir: una mentalidad. La certeza aprendida de que una isla puede ser periferia y nodo a la vez. Que el mar aísla, sí, pero también conecta. Y que el futuro suele llegar antes a los puertos porque el futuro, casi siempre, viaja. 

 

Aquel día de 1883, Canarias no dejó de estar rodeada de agua. Lo que dejó de estar fue sola en su propio reloj.

 

Juan Vega Romero

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