Tendido del cable desde la playa de Sardina del Norte. Foto: Cabildo Insular de Gran Canaria![[Img #35935]](https://infonortedigital.com/upload/images/01_2026/107_isla01.jpeg)
* 19 de septiembre de 1883: el vapor cablero Dacia sale de Inglaterra para iniciar las operaciones del sistema y los trabajos de trazado y tendido interinsular (contexto técnico descrito en la memoria de Juan Ravina, 1886).
![[Img #35933]](https://infonortedigital.com/upload/images/01_2026/5449_isla02.jpeg)
Contexto del sistema Península–Canarias:
* 6 de diciembre de 1883: inauguración oficial del enlace Cádiz–Tenerife.
* 25 de marzo de 1884: tras localizar y reparar una avería, se considera plenamente consolidada la comunicación Península–Canarias, fecha que suele tomarse como entrada en servicio regular del sistema. Más allá de las fechas: el impacto Lo importante no es el dramatismo del primer mensaje, sino lo que ese mensaje inaugura:
* Se establece una comunicación telegráfica interinsular que reduce drásticamente los tiempos de intercambio de información entre islas y con el exterior.
* La información deja de depender del ritmo del correo marítimo, con sus demoras, escalas y temporales.
* El puerto y las casas comerciales ganan una herramienta estratégica: decidir con datos más actuales (precios, rutas, pedidos, incidencias). En términos modernos: Canarias empieza a vivir más cerca del tiempo real. Antes del cable: cuando una noticia podía tardar semanas A mediados del siglo XIX, la prensa canaria lo explicaba sin épica: las noticias llegaban con los barcos. El correo era una combinación de calendario irregular y suerte meteorológica. Una carta podía tardar días, muchos días; a veces, semanas. Y cuando el mensaje llegaba, el mundo ya estaba en otra cosa. Ese desfase no era un detalle doméstico. Era estructura:
• El comerciante tomaba decisiones con precios viejos.
• La administración gestionaba tarde.
• Las familias vivían pendientes del próximo atraque como quien espera una señal.
El telégrafo submarino no aceleró la vida: cambió quién controlaba el tiempo. El Dacia: el barco que trajo futuro... y negocio El tendido del cable no fue una escena limpia de laboratorio: fue logística dura. Un barco cablero, bobinas, tensión, cálculos, riesgos, mareas y fondos marinos. Y, sobre todo, fue inversión. Porque el cable no llega a Canarias solo por filantropía tecnológica. Llega porque el archipiélago era y sigue siendo un punto de paso privilegiado en el Atlántico: escala natural entre rutas comerciales y, con el tiempo, rutas imperiales. Un lugar donde se cargaba carbón, se reparaban averías, se reorganizaban itinerarios... y, desde ese momento, se enviaban órdenes. El cable no es solo progreso: es geografía convertida en ventaja.
Británicos en el puerto: llegaron sin cañones, pero con agenda
La presencia británica en Las Palmas y su entorno portuario no nace de un episodio único, sino de una suma: navegación, carbón, comercio, consignación, exportación agrícola y servicios. El cable telegráfico encaja en ese ecosistema como pieza perfecta: reduce incertidumbre y facilita decisiones rápidas.
Viajeros británicos del periodo dejaron constancia de un hecho que a los isleños pronto les resultó habitual: el puerto y buena parte del comercio vinculado a la navegación tenían una fuerte impronta extranjera, especialmente británica (en ese contexto se leen las crónicas de Olivia M. Stone). Era una forma de poder menos visible que un ejército y más persistente que una bandera: la capacidad de organizar el flujo.
De ese flujo nacen empresas, barrios, clubes, matrimonios mixtos, apellidos que se quedan. La modernidad, a veces, llega con acento.
Turistas enfermos, lápidas en inglés y la cara humana de la conexión
![[Img #35934]](https://infonortedigital.com/upload/images/01_2026/4600_isla03.jpeg)
La conexión trajo tránsito. Y el tránsito trajo algo más que negocios: trajo cuerpos.
En los cementerios protestantes como el de San José en Las Palmas, las lápidas recuerdan una forma de viaje típica del fin de siglo: personas que venían buscando clima, no ocio. Tuberculosis, consunción, inviernos prescritos por médicos, estancias largas y finales tristes.
Ese detalle importa por una razón: muestra que la globalización de 1880 no era un concepto, sino una experiencia física. Viajar no era barato, ni seguro, ni necesariamente feliz. Pero ocurría. Y Canarias estaba en la ruta.
El Hotel Santa Catalina: cuando una ciudad se convierte en escala
![[Img #35936]](https://infonortedigital.com/upload/images/01_2026/7077_isla04.jpeg)
En 1890 abrió el Gran Hotel Santa Catalina. Más que un hotel, fue un síntoma: Las Palmas empezaba a verse y a ser vista como punto de estancia cualificada, no solo como puerto de paso.
Allí se cruzaban telegrafistas, comerciantes, cónsules, viajeros, familias ligadas a África occidental y al circuito marítimo atlántico. Si el cable conectaba mensajes, el hotel conectaba gente. Y las dos cosas mensajes y gente hacen ciudad.
Ciudad Jardín: urbanismo para una nueva élite
Con el tiempo, esa mezcla de negocios, tránsito y presencia extranjera dejó huella en el plano urbano. Nacen o se consolidan zonas residenciales de mayor renta, con estéticas importadas, jardines, porches, clubes. No es un apunte decorativo: es un indicador de transformación social.
Cuando una ciudad cambia de escala, cambia su arquitectura. Y cuando una isla deja de sentirse lejos, empieza a construir como quien pertenece a una conversación más grande.
El telégrafo como máquina de decidir
El impacto económico del cable se entiende mejor con escenas sencillas:
• Un exportador puede preguntar precio y ajustar envío.
• Una naviera puede recibir instrucciones y cambiar destino.
• Una casa comercial puede cerrar operaciones sin esperar al próximo vapor.
El telégrafo no crea riqueza por sí solo, pero reduce el coste de la incertidumbre. Y eso, en comercio marítimo, es una revolución.
Guerra y comunicaciones: cuando el cable se vuelve vulnerable
Las guerras modernas no empiezan únicamente con disparos: empiezan con información. En conflictos como la Primera Guerra Mundial, las comunicaciones se volvieron un recurso estratégico y los puertos neutrales, lugares sensibles.
Con lo disponible en las fuentes centradas en el cable de 1883, no conviene afirmar episodios concretos de espionaje ligados a esta estación o a este tramo sin documentación específica. Pero el marco general es claro: las redes de cable submarino del Atlántico se consideraron infraestructuras estratégicas, y puertos de abastecimiento como Las Palmas concentraron interés diplomático y naval.
Lo que queda: del cobre a la fibra
Décadas después, el cobre dio paso a nuevas tecnologías. Llegaron cables de fibra óptica, redes de datos, conexiones internacionales. El mapa tecnológico cambió; la lógica geográfica permaneció: Canarias como puente.
Pero el legado más duradero es menos visible que un cable y más difícil de medir: una mentalidad. La certeza aprendida de que una isla puede ser periferia y nodo a la vez. Que el mar aísla, sí, pero también conecta. Y que el futuro suele llegar antes a los puertos porque el futuro, casi siempre, viaja.
Aquel día de 1883, Canarias no dejó de estar rodeada de agua. Lo que dejó de estar fue sola en su propio reloj.
Juan Vega Romero





























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.6