
En el Agaete de comienzos del siglo XVIII, cuando la noche aún se poblaba de rezos, temores y remedios heredados, el nombre de Juana Suárez corría de boca en boca envuelto en un susurro. La llamaban la Haulaga, como la planta áspera que crece entre los riscos, resistente y silvestre, y como ella, difícil de arrancar de la memoria del pueblo.
Juana no era hechicera de aquelarres ni dueña de pactos oscuros. Era, más bien, depositaria de un saber antiguo, tejido con oraciones, hierbas benditas, agua de iglesia y metales fundidos que dibujaban formas reveladoras al enfriarse. A su puerta acudían mujeres y hombres aquejados por la enfermedad, la mala fortuna o el desamor, buscando alivio allí donde la medicina no alcanzaba y la fe oficial guardaba silencio.
Durante años, estas prácticas formaron parte del pulso cotidiano de la comunidad. Pero en 1704, la mirada severa del Santo Oficio se posó sobre ella. Aquello que había sido consuelo popular pasó a ser superstición condenable. Testigos desfilaron ante el tribunal, relatando rituales sencillos, cargados de simbolismo, que hablaban más de necesidad que de maldad. Juana, firme y humilde, se declaró cristiana, negando toda alianza con fuerzas oscuras. No bastó.
El veredicto fue duro: humillación pública, destierro, desarraigo. Arrancarla de su tierra era también intentar borrar su huella. Sin embargo, la historia se resiste al silencio. Presa en Tenerife, la Haulaga aprovechó el caos provocado por la erupción del volcán Arenas Negras para escapar. Como si la propia isla la reclamara, su rastro se disolvió entre el humo, la ceniza y la leyenda.
Desde entonces, Juana Suárez dejó de pertenecer a los archivos para instalarse en el territorio del folclore. Su nombre reaparece en coplas, en canciones como San Juanito, en relatos transmitidos al calor del hogar. No como símbolo del miedo, sino como eco de aquellas mujeres que sostuvieron a sus comunidades con saberes marginados y pagaron por ello un alto precio.
La Haulaga permanece, no como bruja condenada, sino como figura fronteriza entre la historia y el mito, recordándonos que el folclore es, a menudo, la voz de quienes no pudieron escribir su propia defensa.
Bibliografía
Santana Suárez, José Ramón. La bruja Haulaga, natural de Agaete, procesada por la Inquisición en 1704. Información del Noroeste de Gran Canaria (Infonorte Digital).





























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