Torre del relojLa torre del reloj de la iglesia de Arucas resulta atrapada entre fachadas enormes que parecen acercarse y casi tocarse en la estrecha calle.
Sin embargo, al llegar al lugar la visión cambia: parece más alta de lo que es, el reloj sigue cantando las horas libremente a su manera y todo el lugar se ensancha como si estuviera a punto de salir el patrón de la ciudad a anunciar que otro año más ha llegado. Esa magia del momento no solo es ocasional, sino que en su presencia fugaz y recurrente anima la tradición y sirve para que la contabilidad se manifieste. Es decir, que La carcajada de las horas reflejadas por el cronista Juan Zamora Sánchez en su momento, no solo vibra constantemente, sino que en su regreso nos viene a decir que la existencia, también, es una especie de regalo.
Y eso es una conquista que sobreviene a cada instante.
Juan FERRERA GIL































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