
Se fijó en las flores de mundo del jardín. De inmediato, sus pupilas se llenaron de azules, violetas y amarillos.
Sintió la humedad de la brisa que ascendía del barranco traspasar su camiseta. Un escalofrío recorrió su cuerpo.
–¿Estás bien? –le preguntó su amiga con un ligero tono de preocupación en la voz.
–¿Cómo no voy a estar bien contemplando este paisaje? –contestó saliendo de su ensimismamiento.
A lo lejos escuchó los balidos de las ovejas. Primero fue un 'beee' apremiante y continuado. Al momento, otro 'beee' más calmado, respondía. Mamá oveja y su cría de lana se buscaban entre las montañas agrestes.
Una mueca de sonrisa afloró en sus labios. A pesar de estar allí sentada, aparentemente disfrutando de un fin de semana de descanso en una casa rural, se sentía tan perdida como aquellos animales.
–Ha sido un acierto venir, ¿verdad? –afirmó su amiga sin esperar respuesta mientras asía la botella de vino y le hacía un gesto –¿Una copa?
Asintió con la cabeza. Las vides de aquella tierra eran famosas por sus excelentes caldos.
Se llevó el recipiente a los labios y paladeó con placer el líquido.
– Hummm, está buenísimo.
– Te lo dije: los de El Hierro son los mejores.
A lo lejos un gallo se empeñaba en romper con su canto el silencio de la tarde. Pareciera que entre aquellos precipicios todos los seres vivos estaban un poco perdidos. O tal vez, simplemente, tenían un modo diferente de entender la vida. Sí, quizás fuera eso.





























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.6