En USA manda un amigo de Epstein, pero, ¿perderán votos aquí los amigos de Julio Iglesias?
Y que conste que no estoy jugando con la casi coincidencia entre el apellido del más famoso de los presuntos del momento y el nombre de la Iglesia Católica, esa institución a la que tantas décadas le ha costado reconocer que tiene que confesar la criminal pederastia practicada por muchos de sus blindados con sotana y comenzar a pagar una penitencia que, si fuera justa, debería costarle un precio equivalente al valor de todas las inmatriculaciones que en 1998 le regaló Aznar, el mismo candidato que tantos votos había conseguido en las elecciones generales de sólo dos años antes gracias al apoyo en los mítines de Julio Iglesias, tan galardonado que nadie se atreve a quitarle unos títulos que quizás no merece.
Con lo fácil que sería retirar provisionalmente las alabanzas ante la más que evidente presunción de veracidad de las denuncias presentadas por unas valientes que se arriesgan mucho, y volverlas a reponer al poderoso y cantante en caso de que se demuestre que don Julio es tan inocente como la inmensa mayoría de los curas, que jamás presionaron a ningún menor, ni siquiera con la sola intención de conseguir alguna moneda para poder añadirla al presupuesto de las misas con hostias incluidas.
Pero esto de hoy no va de abusos y violaciones, que ya están entrando en suficiente detalle las televisiones, sino de urnas y democracia, que sí que están en peligro y que, sin ambas, los más crueles volverían a su paraíso político.
Por tanto, que levante la mano, si se atreve, quien sostenga que la escuálida diferencia del 1,16% de votos que Aznar consiguió en 1996 sobre González no tuvo nada que ver con la muy relevante participación en aquella campaña electoral del hoy presunto abusador sexual Julio José Iglesias de la Cueva a favor del candidato de un PP que ahora preside Feijoo, quien, dicho sea de paso, sigue siendo incapaz de expulsar de ese partido político y por incompetente a un tal Mazón, quizás porque sobre el 29 de octubre de 2024 el valenciano sabe del gallego más de lo que a este le conviene.
Pero es que, además, aquel mínimo 1,16% más de votos a favor del PP en las urnas de 1996 se convirtió, por culpa de todos los políticos que desde la Transición fueron construyendo una normativa electoral injusta con la despreciable esperanza de que un día privilegie sus candidaturas, en un decisivo 10,6% más de escaños en el Congreso a favor también, por supuesto, del mismo PP. Es decir, más de nueve veces más de poder parlamentario que de voluntad popular depositada en las urnas por el electorado.
Solo así, y gracias también a esa combinación entre, por una parte, un número de votos desconocidos pero movidos a favor del PP por la preferencia de un cantante a quien hoy la verdad de lo que quizás fue su pasado podría estar comenzando a colocarle en su incierto futuro y, por otra parte, una Ley Electoral que tergiversa cada vez, y siempre en mayor o menor medida, la voluntad popular, hemos llegado a una situación en la que el regreso al autoritarismo se ha convertido en un verdadero peligro.
¿Puede este gobierno de coalición y con apoyos externos echar el resto, es decir, lo que sea necesario, por una reforma de la ley electoral para conseguir que la foto del Congreso se parezca más, aunque solo sea un poco más, a la de quienes acuden a votar en las urnas?
Se trata de DEMOCRACIA. Por favor, corrijan de una vez la mayor maldad contenida en la Ley Electoral.
Aunque solo sea para evitar que, quien podría terminar siendo un presunto, durante el tiempo en el que era famoso no pueda confundir lo suficiente a la voluntad popular como para alterar el futuro de toda la sociedad. Incluso con solo unos pocos votos.
Y, volviendo al título por lo del amigo del tal Epstein, ahora recuerdo que ganó la presidencia de USA en 2016 con 2.868.686 votos menos que Hillary Clinton. Es decir, un 4,5% menos de los votos depositados en las urnas.
Tengo todo el derecho del mundo a pensar que Trump no se habría vuelto a presentar si no hubiera conseguido la presidencia en 2016, pero esto no es más que una opinión.
Lo que nadie puede rebatir es lo extendida que está la falta de respeto a la voluntad popular por parte de las clases políticas en todas partes.
O arreglan esto lo primero, o nuestro futuro estará lleno de autoritarismos y dictaduras.





























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