Recomendar libros
Cuando se acerca el final de cada año, aparecen por doquier decenas de listas de los libros más leídos durante los doce meses anteriores así como propuestas de nuevas lecturas, previsibles novedades literarias para el año que se inicia.
Estas listas que, normalmente son publicitadas en los principales diarios, en sus separatas culturales como el reputado Babelia de El País y revistas especializadas como El Cultural del grupo Correo, no solo tienen como objetivo servir como guías para la lectura sino también animar a la compra de determinados volúmenes de cara a los regalos de Navidad y de Reyes, elaborados a partir de las recomendaciones de personas expertas cuya profesión -y se entiende que también preparación y conocimiento- es precisamente la de reseñar y realizar una crítica literaria seria y fundamentada sobre libros para medios y revistas especializadas.
En los últimos años, a estas listas conformadas por críticos literarios, se han sumado otras muchas confeccionadas por personas más o menos anónimas que utilizan las redes sociales para exponer y compartir su personal listado de libros leídos durante el año.
No seré yo quien critique esta tendencia dado que parto de la idea de que cualquiera es libre de compartir sus lecturas e incluso de presumir en redes sobre el número de libros leídos en un año (algunas de ellas, afirman que haber leído más de cien libros en el año que ha finalizado. Increíble, si responde a la realidad, claro), porque pienso que tomarse el esfuerzo para animar a la lectura es ya de por sí un hecho más que loable en una sociedad donde las redes sociales y las grandes plataformas multimedia de entretenimiento ocupan el poco tiempo que podamos tener para ocio más allá del trabajo y las responsabilidades familiares.
De hecho, el criterio de elección de esas listas, especialmente las elaboradas por críticos literarios pero también por personas de las que sé a ciencia cierta que son grandes lectoras -que son, por cierto, de las que más me suelo fiar-, me ha servido para llegar a la lectura de obras y autoras y autores que hasta ese momento desconocía. Con gran satisfacción para mí, todo sea dicho.
Desde luego, no soy ajena a que muchas de las citadas listas anuales suelen responder a los intereses de las propias empresas editoriales, en su legítimo derecho a promocionar a su catálogo de escritores, pero sin duda, la última palabra la tendrá la persona que lee, que será quien compartirá con sus amistades y conocidos qué obras les ha gustado más y alentará así a su lectura.
Me suelo fiar también bastante del criterio de la librera o el librero de las librerías de toda la vida, sobre todo, si son profesionales y leen el producto que venden, los libros. De acuerdo que tampoco tienen la capacidad de leer cada uno de los libros que exponen en los estantes de su negocio pero sí deberían -al menos deberían-, ser capaces de orientar en la lectura, desde los clásicos o las novedades.
En los últimos años han proliferado los pódcast de libros o sobre literatura, que también realizan una labor estupenda de promoción de la lectura. Entre ellos están -y aquí comparto mi propia lista de pódcats que pueden o no seguir- Un libro una hora, emitido por la SER, donde Antonio Martínez Asensio se adentra en tan solo una hora en un clásico de la literatura universal, acompañado por fragmentos dramatizados de la obra en concreto; Grandes infelices, dirigido por el escritor Javier Peña para Blackie Books donde se nos adentra en las luces y sombras de escritores muy reconocidos y celebrados; Qué estás leyendo es el pódcast sobre libros de El País donde la periodista y escritora Berna González Harbour charla con autores sobre sus obras más recientes; Sin Ficción, en el que la escritora Marta Robles nos adentra en novelas de género negro y criminal en un espacio impulsado por la editorial Alrevés, o Los muchos libros, un programa ya extinto aunque aún todavía se puede escuchar online (https://cadenaser.com/podcast/cadena-ser/los-muchos-libros/) en el que la literatura sirve como elemento para establecer una conversación. Si les apetece, les invito a conocer estos pódcats a los que pueden acceder de forma gratuita a través de plataformas como Ivoox y Spotify.
Y si prefieren formato audiovisual, destaco las entregas semanales de Página Dos, en La 2 de Televisión Española, o En la biblioteca de... del diario El País ( https://elpais.com/videos/en-la-biblioteca-de/ ) en la que se ofrece una entrevista con escritoras y escritores consagrados teniendo como espacio para la realización de los encuentros las bibliotecas de cada personaje entrevistado que es el encargado a su vez de realizar un recorrido sobre los libros que más le han influido o que han formado parte de su historia personal como persona lectora y escritora.
Hace poco leía sobre una de las últimas tendencias en la decoración de interiores de los hogares: colocar los libros por colores en las estanterías. Incluso hay profesionales de interiorismo que se han especializado en la distribución de los volúmenes en los salones y salas de estar con una colocación de los cantos de los libros según colores, tamaños y grosores en función de cómo esté decorada la citada estancia. Mi duda es si esos libros, más allá de su clara función decorativa, también son tomados como objetos de conocimiento, que son lo que son, y son efectivamente leídos por los dueños o huéspedes de esos salones y salas de estar, que es el objetivo al que aspira toda persona que escribe: a ser leída.
Con frecuencia cuando las amistades de mis hijos visitan mi casa, se quedan fascinados por mi salón donde se encuentran las estanterías repletas de libros, acumulación de años por parte de mi pareja y yo, y me formulan siempre la misma pregunta: 'Pero...¿te los has leído todos?' Me considero una gran lectora, aunque desde luego no llego a los cien volúmenes anuales, ya me gustaría, pero lo cierto es que atesoro más libros -con una tendencia irremediablemente in crescendo- de los que soy capaz de leer. Eso sí, todos los que adquiero, los adquiero con la firme intención de leerlos, aunque pasen años para ello, y no para que adornen mi salón ni engrandezcan mi ego intelectual.
Como aborda el mexicano Gabriel Zaid en su ensayo Los demasiados libros, publicado en 1972 y que va actualizando cada cierto tiempo, se editan anualmente muchísimos más libros de los que seremos capaces de leer nunca a lo largo de nuestras vidas. De hecho, necesitaríamos varias vidas para poder leer todo lo que quisiéramos leer. Dado que ese pequeño detalle, las muchas vidas necesarias y nuestra condición de mortales, hace inviable la lectura de todo, mi opción personal es adquirir lo que sí voy a leer, al menos un obra por autor u autora, algo que reconozco a veces me resulta un tanto complicado dado que también tengo mis autores y autoras fetiches de las que procuro leerme, si no todo, sí gran parte de su obra escrita.
El debate, más allá de si la lectura es o no un entretenimiento más, que en mi opinión, no solo no tiene nada de negativo ser un entretenimiento sino que es más que deseable que así sea en un momento de la historia de la humanidad donde todo se vende como entretenimiento y el libro no deja de ser un producto más que compite en unas muy mermadas condiciones de competencia efectiva frente a vídeos de tiktoks o las decenas de series de todo tipo que copan las distintas plataformas televisivas.
Lo que me interesa es si realmente se lee o no se leen esos libros que dicen leerse o es una cuestión de mero postureo. Una forma más de crear contenido para redes. Aquello de que aparezco en el vídeo de turno con un libro, luego...mira qué interesante soy. Ese aura de inteligencia que se presupone a toda persona que lee, tema que daría para otro artículo.
Me consta de que hay personas que no comparten sus listas de mejores lecturas del año para lucirse, si no que realmente han leído esos libros y simplemente les apetece compartirlo. Eso se percibe en la misma forma en la que analizan las citadas obras, más allá de los topicazos al uso. Aunque imagino que también habrá quien realice el consabido postureo literario y que infle su cifra de lecturas. Total en redes cabe todo. Allá cada uno con su conciencia.
En todo caso, creo que dar visibilidad a las obras literarias siempre es un plus que no hace mal a nadie. Más bien al contrario. En las manos de cada uno está o no seguir las recomendaciones. Al final, es el criterio personal (que se desarrolla a base de leer, precisamente) y los gustos por un tipo determinado de lecturas, lo que vale para cada persona lectora. Siempre podremos encontrar -o no- algún libro que nos pueda interesar leer dentro de esos listados.
Por mi parte, opto por no compartir ningún listado, sino más bien les invito a acercarse a su biblioteca o librería de referencia y hacerse con los libros de autoras y autores de estas islas en mitad del Atlántico. Dense la oportunidad de conocer a tantas buenas escritoras y escritores canarios. Seguramente se sorprenderán. O eso espero. En todo caso y siempre, les deseo: ¡Salud y Literatura!
Josefa Molina





























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