Cuando gobierna la ambición, todo se desmorona
Hace casi treinta años comprendí, con plena conciencia política y responsabilidad institucional, que nuestro municipio necesitaba un giro profundo. Desde la izquierda nacionalista, y con una visión progresista inequívoca, defendimos que Guía debía dejar atrás la parálisis y el anclaje en un pasado que nos impedía avanzar. Nos encontramos entonces con un municipio estancado, sin planificación y con enormes carencias en infraestructuras esenciales.
Hablamos de lo más elemental para el desarrollo y la calidad de vida, un saneamiento digno, redes hidráulicas modernas, abastecimiento seguro, carreteras en condiciones y, además, dotaciones públicas fundamentales para la convivencia y la cohesión social. Me refiero a locales sociales, espacios culturales, parques infantiles, plazas, equipamientos deportivos y a la mejora integral de nuestro casco histórico y de nuestras zonas comerciales abiertas.
Durante más de una década, y tras mucho esfuerzo, planificación y trabajo constante, Santa María de Guía vivió una transformación real. Se avanzó de forma contundente en el saneamiento, se elevó agua para la agricultura hacia la zona alta, se dotó a todos los barrios de infraestructuras que llevaban décadas esperando y se modernizó y dignificó lo que estaba abandonado. Fue una etapa marcada por la gestión, la responsabilidad y la visión a largo plazo.
Sin embargo, los años posteriores han supuesto un retroceso evidente. No se culminaron las infraestructuras básicas que quedaron pendientes, se permitió un vacío incomprensible en la continuidad de los proyectos esenciales y, lo que es aún más grave, se prefirió priorizar obras nuevas antes que terminar lo fundamental. Se confundió la foto con el progreso y el titular con la responsabilidad.
Y lo más preocupante, aquello que ningún municipio puede permitirse, y que menos aún podemos tolerar desde una gestión pública seria, es el abandono del mantenimiento. Se rompió la regla básica de cualquier administración responsable: cuidar lo que con tanto esfuerzo se construyó. Importó más inaugurar que conservar, más empezar que mantener, más aparentar que garantizar el funcionamiento real del municipio.
El resultado está a la vista: infraestructuras deterioradas, servicios que se resienten, espacios públicos que han perdido calidad y un municipio que empezó a retroceder en lugar de consolidar los avances logrados.
Eso no es progreso. Eso es hipotecar el futuro de Guía. Eso es una ruina silenciosa que, cuanto más tiempo pasa, más difícil y costosa resulta de reparar.
Santa María de Guía no puede permitirse nunca más que la improvisación sustituya a la planificación, que la propaganda suplante a la gestión o que la irresponsabilidad desgaste lo que tanto costó levantar. Es el momento de recuperar la seriedad institucional, la visión estratégica y el compromiso real con las necesidades básicas de nuestro municipio.
Porque Guía ha demostrado que, cuando se trabaja con rigor, avanza. Y también ha demostrado que, cuando se abandona lo esencial, retrocede.
El deber de una administración es claro: terminar lo básico, mantener lo existente y planificar con responsabilidad. Todo lo demás es ruido, pérdida de rumbo y un riesgo que nuestro municipio no merece seguir pagando.
Juan Jiménez Suárez
Concejal de Vías, Obras e Infraestructuras
Ayuntamiento de Santa María de Guía



























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