Donald Trump, el amo del miedo mundial

Domingo Sanz

[Img #3580]Seamos evidentes: tan inútil resulta opinar sobre Trump porque no para de anunciar a bombo y platillo mucho más y mucho menos de lo que cumple y siempre con malas intenciones, como pensar en voz alta sobre cualquier otra persona o cosa, pues casi nadie quiere informarse sobre temas de interés general en los que el secuestrador de moda no sea el protagonista principal.

 

“Trump siembra confusión para cosechar miedo a su favor” se me ocurre ahora que hubiera servido también para titular esto. No descarto que alguna otra idea me venga a la cabeza durante las teclas que me quedan para terminarlo. Quédese usted con el que prefiera.

 

Se apagó el 6 de enero de 2026 pero me resulta imposible olvidar que hace cinco años, a estas horas, el asalto al Capitolio era la noticia más importante del mundo. En cambio, muy pocas veces escucho decir que los sustos con los que Trump nos está castigando desde que tomó posesión no se habrían producido si un número desconocido pero decisivo de electores USA no se hubiera dejado llevar por el miedo que sembró durante la campaña electoral cuando le escuchaban amenazar con otro “Capitolio” si volvía a perder en las urnas.

 

Aunque todas las comparaciones son odiosas, no solo el Amazonas parece un río más emocionante que el Mississippi: A la vista de donde está en este momento el ex militar y también expresidente Jair Bolsonaro, todo hace pensar que la Justicia brasileña resulta más confiable que la de USA, que no consiguió impedir que Trump volviera a presentarse a las elecciones de 2024. ¿Tenían quizás ciertos jueces tanto miedo como los votantes asustados en noviembre de 2024?

 

Disculpe este paréntesis para visitar el país con el que Venezuela tiene más kilómetros de frontera terrestre, pero es que no consigo esquivar las violencias ultraderechistas mientras pienso en la actualidad: dentro de dos días se cumple el tercer aniversario del asalto organizado por los partidarios de Bolsonaro al Congreso brasileño en su intento de golpe de Estado tras la victoria de Lula da Silva en las elecciones, y a millones de personas en todo el mundo aquella violencia nos recordó la organizada por los de Trump en el Capitolio.

 

No me gusta opinar sobre lo que no conozco, y lo que ocurre dentro de nuestras fronteras ya es lo bastante complejo como para cruzar otras, pero tras enterarme de lo de las bombas USA lanzadas sobre Caracas dentro de la operación “Determinación absoluta” que parece formar parte de la también operación denominada “Lanza del Sur”, no dejé de escuchar radio, televisión y pantallas varias y hubo dos detalles que me llamaron la atención desde el primer momento.

 

El primero, la dificultad de muchos periodistas entrevistadores y de políticos entrevistados a la hora de llamar “secuestro” a lo que fue el “secuestro” de un presidente y su pareja. Especialmente interesante fue la resistencia del ministro Albares a responder en la SER, 24 o 48 horas después, que ya no recuerdo, del bombardeo sobre Caracas, a la pregunta formulada en directo por el conductor del programa.

 

“En su opinión, ¿Nicolás Maduro ha sido detenido, secuestrado o capturado?”

 

Se ve que el ministro no fue capaz de inventar una palabra nueva sobre la marcha, pero no hubo manera de que respondiera a una pregunta tan sencilla.

 

Por ejemplo, podría haber dicho: “las tres cosas a la vez”, y ya sé que nunca me contratará como asesor personal para respuestas escapistas.

 

El segundo detalle, y mucho más grave, fue la ausencia casi absoluta de la palabra “víctimas” en el vocabulario de entrevistadores y entrevistados, cuando es lo primero que se destaca, incluso si no las hay, de cualquier noticia relativa a un hecho en el que puedan producirse. Ana Pastor necesitaba insistir, 24 horas después, en que La Sexta TV sí habló de víctimas, aunque nadie se lo preguntaba en público. No pienso dedicar tiempo a comprobarlo para poder llevarle la contraria, pero debió ser una de las pocas excepciones en un ambiente mediático dominado por la cobardía a la hora de emplear las palabras que sirven para definir las cosas y los hechos. Incluso hubo medios que eligieron decir “bajas”, como si se tratara de una guerra         que no ha sido reconocida por ninguna de ambas partes.

 

Aunque, al Cesar lo que es del Cesar, debo reconocer que tampoco he escuchado a nadie pronunciando aquella palabra tan terrible: “colaterales”.

 

Por cierto, ahora que es día 7 por la mañana acabo de escuchar en la radio que aún no se conoce el número de víctimas mortales. Espero que los de Trump no las hayan tirado al mar desde el avión en el que se llevaban a Maduro y su pareja, tal como hacían aquellos militares, argentinos y asesinos, a quienes Milei no puede impedir que se le note lo mucho que los admira, él, que tanto le comienza a deber a Donald Trump.

 

No obstante, hay que ser justos y poner todo sobre la mesa. Uno de los pocos momentos valientes que contemplé en los medios al día siguiente del secuestro de Maduro fue la entrevista en La Sexta al periodista Jorge Ramos quien, en dos momentos distintos de su pasado y gracias a sus certeras preguntas consiguió, por una parte, que Trump ordenara su expulsión de una rueda de prensa y, por otra, que Maduro diera por finalizada una entrevista.

 

Supongo que usted estará de acuerdo conmigo: puestos a elegir, siempre será preferible un autoritario pequeño, pues la diferencia en el tamaño del miedo que ambos son capaces de crear a su alrededor no admite debate.

 

O, dicho en forma de pregunta, ¿cuántas veces ha soñado Feijoo con la expulsión de la periodista Silvia Intxaurrondo del plató de TVE durante aquella entrevista a seis días de las últimas elecciones generales?

 

Respuesta: quizás tantas, o casi, como lapsus verbales ha padecido desde entonces, y pido perdón por este nuevo desliz hacia nuestra política, pero es que ver a los del PP desquiciados ante el pacto entre Donald y Delcy es mucho más de lo que puedo soportar sin romperme de risa.

 

O ver a los máximos admiradores de Trump en España, los de Vox, quejarse porque el Congreso decide exigir que los periodistas que acuden a las ruedas de prensa en el Congreso sean precisamente eso, periodistas.

 

En estos días también, Jesús Cintora desde TVE preguntando si “el mundo puede hacer algo” y la Casa Blanca respondiendo dos días después lo mismo que el juez Bosch pero, como siempre, amenazando y con menos palabras: “Nadie se atreverá contra Estados Unidos si nos apropiamos de Groenlandia”, en una traducción no literal pero correcta de sus palabras.

 

Definitivo: Donald Trump, el mejor exportador de miedos a un mercado cautivo y mundial.

 

Y, ya se sabe, toda sociedad asustada es incapaz de progresar ni política, ni social, ni económicamente.

 

¿Es detener al mucho que le rodea el principal objetivo de Trump?

 

A mi no me cabe la menor duda.

 

Domingo Sanz

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