
Rodeando la Montaña de Cardones (Arucas) las vistas que resultan parecen distintas. Nuevas.
Las casas que en muchas ocasiones ni tenemos en cuenta, cuando caminamos con pachorra isleña se nos ponen delante, como afirmando su presencia en un paisaje que ni siquiera pensábamos descubrir. Por eso la imagen nos atrae tanto: además de ofrecernos nuevas perspectivas que contribuyen a afirmar que la mirada atenta sirve para intentar llegar más allá de la meta, aunque se diluya el mar con el cielo.
Y eso es todo un descubrimiento que enlaza con la tradición que embarga a todo fotógrafo, aficionado o no: el deseo de atrapar el tiempo y proporcionarle eternidad ante la mirada disfrutona.
Juan FERRERA GIL




























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