Nuevos tiempos de cancelación
Leía en estos días la resolución de varias bibliotecas y centros públicos de diferentes estados de Estados Unidos, un país que se caracteriza cada vez más por su insistencia hacia la intransigencia, la xenofobia y el polarización, dirigida a prohibir la presencia y lectura de determinados libros, en virtud de la aplicación de criterios tan sumamente absurdos como estar escritos por personas de color o de origen latino o contar entre sus personajes a personajes de razas no caucásicas o del colectivo LGTBIQ+ o ser supuestamente de ideología de izquierda o feminista.
La cancelación de libros no es un tema novedoso. De hecho, se lleva ejercitando por parte de los grupos que ostentan el poder de cualquier sociedad desde antes de que Johannes Gutenberg inventara la imprenta en Alemania hacia 1440. La historia de la humanidad está marcada por la presencia de los denominados 'libros malditos', desde una connotación religiosa primero, y política después, dado que la transmisión del conocimiento se considera un arma peligrosa, sobre todo para los grupúsculos que quieren conservar el dominio ideológico (y económico) únicamente en sus manos.
Ya desde la época del Antiguo Egipto hay constancia de libros legendarios considerados malditos, tal y como recoge el periodista Óscar Herradón, en su ensayo Libros Malditos. Un viaje por el lado oscuro del conocimiento (2024), en el que cita como la primera obra de referencia en el extenso catálogo de libros secretos por su supuesta malignidad, al denominado Libro de Thot, un compendio de sabiduría del universo atribuida al dios egipcio Thot, creador de la escritura y patrón de los escribas, de las artes y de las ciencias. A este volumen, escrito con signos y jeroglíficos sobre papiro, soporte que servía en esa época para escribir textos, se le otorgaba la capacidad de convertir a la persona que lo poseyera en un ser todopoderoso. Según la leyenda se hicieron múltiples copias e incluso, algunas de ellas se guardaron en la icónica Biblioteca de Alejandría, la biblioteca más sublime de todos los tiempos creada en el 306 antes de Cristo, de mano de Ptolomeo I Sóter de Alejandría, aconsejado por el erudito griego Demetrio de Falero.
La de Alejandría, además de servir como una demostración del poder de los gobernantes ptolemaicos, desempeñó un papel importante en el desarrollo de la ciudad como sucesora de Atenas como centro promotor de la cultura griega. La legendaria biblioteca llegó a albergar entre 400.000 y 700.000 rollos de papiro en su apogeo, cifras que varían según los tiempos y las investigaciones al respecto.
El caso es que la famosa biblioteca, y todo el conocimiento que acogía en su interior, fue arrebatada a la humanidad cuando sufrió un devastador incendio. Anterior a la quema de esta bibilioteca y la Pérgamo, también el fuego devoró la biblioteca de Asubarnipal, ubicada en Nínive, hoy Mosul (Irak), durante el Imperio Neosirio, donde supuestamente se guardaban ejemplares de la 'Epopeya de Gilgamesh' o 'El mito de Adapa', textos icónicos de la historia de la Antigüedad.
Ya en épocas más modernas, la actuación de reducir a cenizas la cultura y el conocimiento -conocida como 'bibliocidio', es decir, la destrucción deliberada de libros y la censura de autores por motivos ideológicos, raciales o religiosos por parte de grupos o Estados-, cuenta con infames ejemplos como la quema en la famosa Belbelplatz de Berlín en 1933 de unos 40.000 libros de autores considerados malditos por el régimen nazi de Hitler. Entre esas llamas ardieron obras de autores emblemáticos del conocimiento, la política, la ideología y la ficción como Karl Marx, Bertolt Brecht, Stefan Zweig y Sigmund Freud.
Pero también la sucedida en Chile en 1973, doce días después del golpe militar de Augusto Pinochet, en la que se llevó a cabo una quema política de libros en pleno centro de la ciudad, en la que ardieron libros considerados por la dictadura chilena de ideología socialista y comunista además de obras poéticas y de ficción, entre ellos, del poeta chileno Pablo Neruda. A ello, le han seguido otros sucesos tan emblemáticos como la destrucción de la Biblioteca Nacional de Sarajevo, en 1992, o la Biblioteca Nacional de Irak, en 2003, donde ardieron más de un millón de libros.
Aún más reciente es la expurga de libros como arma de contienda bélica. Interesante es el estudio al respecto de Javier Fernández Aparicio, en el que analiza el bibliocidio cometido tanto en Rusia como en Ucrania. En su análisis, Fernández Aparicio afirma que ambos países llevan “librando una intensa guerra cultural, que desde el 2014 ha ido deviniendo en real, cuyos máximos exponentes han sido la manipulación de la memoria histórica en ambos países y el control de la producción editorial para adaptarla a sus discursos políticos y nacionales. Esto conlleva la censura de obras y autores ucranianos o rusos, dependiendo del país al que aludamos y no importando en absoluto el prestigio literario universal o la época en la que escribieron. La guerra también implica la destrucción física de bibliotecas y colecciones como forma de represalia hacia el enemigo o por los efectos destructores de las acciones bélicas en el terreno”. (1)
Hace apenas dos años, en 2023, un grupo de familias de un colegio de Chiapas, en México, hicieron una pila de nuevos libros escolares cedidos por el gobierno del país y les prendieron fuego, asegurando que estos libros eran “el diablo”, fomentaban el homosexualismo y atentaban contra los modelos de familia de la comunidad. (2)
La humanidad del siglo XXI está inmersa en un proceso de cancelación y depuración intelectual que se manifiesta, entre otros aspectos, en la censura de volúmenes tanto de ficción como de ensayos y estudios. Este mismo año, en un artículo publicado en el diario El País (México, 07/10/2025) se informa sobre la prohibición en Estados Unidos de casi 7.000 títulos en el año 2025. Los datos hacen referencia a un informe relativo a los años 2024-2025 (https://pen.org/report/the-normalization-of-book-banning/), elaborado por la organización PEN América, organización sin fines de lucro dedicada, entre otros objetivos, a defender la libertad de expresión, proteger a escritores y artistas en riesgo, así como promover la literatura y los derechos humanos, en la que se da cuenta que “nunca como ahora se han aprobado leyes o regulaciones para facilitar la restricción de jóvenes y niños a la lectura”.
De hecho, destaca el artículo firmado por José Luis Ávila, “un factor determinante este año ha sido el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. El informe asegura que la retórica de Washington ha sumado más presión a los distritos escolares para avanzar en estas prohibiciones. Las órdenes ejecutivas del republicano que piden “el fin del adoctrinamiento radical en la educación primaria y secundaria”, “la defensa de las mujeres del extremismo de ideología de género” y la eliminación de las políticas de inclusión y diversidad han sido utilizadas como justificación para la retirada de libros de bibliotecas escolares o públicas. Asimismo, el desmantelamiento del Departamento de Educación le ha dado carta blanca a los Estados para imponer un “control ideológico” en la educación pública.”
Por su parte, un artículo del diario El Milenio firmado por Témoris Grecko (Ciudad de México, 15/12/2025), afirmaba que Estados Unidos ha abierto la veda para la cancelación y censura de libros de autores que presentan personajes o personas de color, incluyendo a latinos. Entre ellos, cita el periodista, obras de autores latinoamericanos consagrados “como Gabriel García Márquez (Cien años de soledad y El amor en los tiempos del cólera), Isabel Allende (La casa de los espíritus) y Laura Esquivel (Como agua para chocolate), los chicanos Rudolfo Anaya (Bless Me, Ultima) y Sandra Cisneros (The House on Mango Street), e incluso otras de no ficción como las biografías de Frida Kahlo y Celia Cruz, y Una historia afroamericana y latina de los Estados Unidos, de Paul Ortiz, fueron vetadas en distritos escolares y hasta a nivel estatal por contenidos considerados “inapropiados”, como referencias sexuales o críticas al capitalismo y al colonialismo”.
Como vemos, los aquelarres culturales no son fenómenos de hoy. Las políticas de cancelación se han reproducido impunemente a lo largo de la historia de la humanidad desde tiempos inmemoriales en respuesta a un objetivo muy claro y contundente por parte de quien ostenta en cada momento el poder político marcado por la intransigencia y su carácter despótico: controlar la narrativa de la historia, acallando para ello las voces de las personas que van contra el sistema imperante e intentando imponer una narrativa propia diseñada para dar respuesta a unos intereses muy definidos de cara a las presentes y futuras generaciones.
La cancelación de libros se ha convertido en la actual inquisición ideológica, una inquisición alentada por las esferas del poder pero también desde las redes sociales, transformadas en un espacio de presión para censurar no solo a determinados autoras y autores de obras consideradas 'no políticamente correctas', sino también cualquier idea y opinión que no aplauda a la mayoría más combatida en redes, que no suele corresponder a la más razonable ni a la más inteligente ni a la más autorizada y ni siquiera, a la que se ajusta más a la realidad de los hechos.
De este fenómeno hablan la socióloga francesa Giséle Sapiro, en su ensayo ¿Se puede separar la obra del autor? Censura, cancelación y derecho al error (2020) y la escritora estadounidense Claire Dederer en su ensayo Monstruos (2023). Es también el elemento central de la novela Incensurable de Luna Miguel (2025), en la que la escritora ficciona sobre la cancelación y retirada de todas las librerías y bibliotecas de Lolita de Vladímir Nabokov, un libro considerado por muchos como pornográfico.
En el ensayo #Cancelado. El nuevo Macartismo (2023), la filóloga Carmen Domingo subraya que la defensa de lo denominado bajo el calificativo de woke, es decir, todo aquello que hace referencia a lo políticamente correcto, “pasa por cargarse aquello que no lo es y, sobre todo, (lo hace) despreciando a la verdad y con el objetivo claro no solo de no mejorar la democracia, sino de modificarla a su antojo”.
Todo ello convierte a la literatura y el conocimiento en objeto de censura, cancelación y lo que me parece aún peor, de ostracismo, olvido y repudio hacia el conocimiento y una cultura libre y heterogénea en su sentido más amplio, lo que deriva, irremediablemente, en una sociedad cada vez más desinformada, homogénea y sin sentido crítico alguno. O lo que es lo mismo, más imbécil, insensata y manejable.
Para este año que comienza solo deseo que todas y todos podamos leer lo que nos apetezca, ampliar nuestros campos de conocimiento, dotarnos con la capacidad para cambiar de opinión si queremos y expresar nuestras ideas guardando respeto a los demás, siempre dentro del límite de la convivencia igualitaria y democrática y la salvaguarda de los derechos humanos.
Como dice muy sabiamente el filósofo José Antonio Marina, “la respetabilidad de las opiniones depende del contenido de la opinión”. No es lo mismo respetar el derecho a opinar que respetar una opinión que en sí misma puede resultar injusta, alentar a la violencia, ser básicamente estúpida o responder directamente a una falsedad. Por mucho que se respete el derecho a opinar, si esta opinión resulta producto de una insensatez, deja de ser respetable.
Les deseo un 2026 repleto de cordura, humanidad y respeto, que para el momento histórico de la humanidad que nos está tocando vivir, creánme, nos va a hacer mucha falta. ¡Feliz año 2026!
Josefa Molina
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Guerra y «bibliocidio»: la destrucción y censura de colecciones en Rusia y Ucrania. Autor: Javier Fernández Aparicio. Junio 2022. Enlace: chrome-extension://efaidnbmnnnibpcajpcglclefindmkaj/https://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_analisis/2022/DIEEEA47_2022_JAVFER_Bibliocidio.pdf
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Padres de una comunidad indígena en Chiapas queman los libros de texto del Gobierno por ser “del diablo” https://elpais.com/mexico/2023-08-21/padres-de-una-comunidad-indigena-en-chiapas-queman-los-libros-de-texto-del-gobierno-por-ser-del-diablo.html
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La prohibición de libros en las escuelas públicas de Estados Unidos se normaliza: casi 7.000 títulos fueron vetados en el último año. Enlace: https://elpais.com/us/2025-10-07/la-prohibicion-de-libros-en-las-escuelas-publicas-de-estados-unidos-se-normaliza-casi-7000-titulos-fueron-vetados-en-el-ultimo-ano.html
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EU prohíbe libros de García Márquez, Isabel Allende y Laura Esquivel
Enlace: https://www.milenio.com/internacional/estados-unidos-prohibe-libros-autores-latinos-y-minorias




























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