Ayer sábado, en la XIV edición de la Tamadaba Trail, regresé una vez más a Agaete para enfrentarme a la distancia de 12 km.
Un recorrido corto en kilómetros, pero intenso en alma, en paisaje y en esfuerzo.
Este primer capítulo de la serie arranca en la zona de Hornos de Cal, un tramo que muchos conocemos como el verdadero examen de la carrera.
Varios kilómetros de ascenso constante, un desnivel que se clava en las piernas y un silencio roto solo por la respiración, las pisadas y el viento.
Mientras subía, siempre con la vista puesta en el majestuoso macizo de Tamadaba —ese guardián imponente que parece vigilar cada paso— grabé estas imágenes “desde dentro”, desde el corazón mismo de la carrera, tal y como suelo hacerlo.
Hoy, además, con el peso añadido del psoas que sigue recordándome que está tocado, y unas lumbares que no acompañan… pero nada que pudiera restarme la ilusión de estar aquí, de sentir la montaña, el ambiente y ese reto personal que cada año me empuja a volver.
Dolió, sí… pero también disfruté. Y, al final, conseguí llegar a meta sano y salvo, que ya es victoria.
Agradezco profundamente a mi entrenador Juan Antonio Gutierrez, por su dedicación y por orientarme siempre en este camino.
Y, por supuesto, felicidades a todos los corredores y en especial a mi categoria Master 60 y gracias a la organización por el recibimiento y el trabajo realizado un año más.
Esto es solo el comienzo. En los próximos capítulos: Era de Berbique y Barranco de Agaete.
Seguimos.
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