El ‘like’ de la maldad
La política exige responsabilidad, respeto y una mínima altura moral. Sin embargo, en los últimos tiempos vemos cómo algunas personas utilizan las redes sociales para intentar destruir reputaciones con historias fabricadas, medias verdades o directamente falsedades. Lo hacen por resentimiento, por frustración, por intereses que no lograron satisfacer, por afinidades partidistas o por pura maldad. Y lo más preocupante es la facilidad con la que este veneno circula sin medir el daño que causa.
En los últimos días hemos sido testigos de uno de estos episodios, publicaciones cargadas de insinuaciones y acusaciones que buscan manchar trayectorias personales y profesionales. No necesitan pruebas, solo necesitan ruido. Y el ruido, en redes, a veces es suficiente para intentar empañar el honor de cualquiera.
Pero lo verdaderamente grave no es solo quien escribe la mentira. Lo grave, gravísimo, es quien la aplaude. Quien, con un simple gesto, decide respaldar y amplificar un ataque injusto. Ese gesto tiene nombre, el like dado con el dedo de la maldad.
Un like no es inocente. Es una posición. Es un aval. Es una manera cobarde de decir “yo apoyo esto” sin tener la valentía de expresarlo abiertamente. Y cuando ese like viene de personas que ocupan o aspiran a ocupar un espacio en la vida pública, la indignidad es todavía mayor. Porque quien quiere gobernar un municipio debe demostrar serenidad, ética y responsabilidad. Y quien respalda la calumnia no demuestra ninguna de las tres.
Si alguien necesita apoyarse en la mentira para hacerse visible, si necesita celebrarla desde la sombra de un gesto digital, está demostrando únicamente su falta de madurez política y la pobreza moral que arrastra. Resulta preocupante, y profundamente triste, pensar que perfiles así aspiren a dirigir un municipio. Porque si algo revela ese pequeño gesto, ese dedo fácil y ese like malintencionado, es la ausencia total de valores.
La vida pública no puede permitir que la mezquindad se normalice. La democracia no puede tolerar que el insulto y la falsedad se conviertan en herramientas políticas aceptables. Y la ciudadanía no merece que quienes deberían ser ejemplo de convivencia se comporten como agitadores digitales.
La política se honra con hechos, con respeto y con verdad. Quien elige la senda contraria, quien usa las redes para atacar o para celebrar el ataque ajeno, demuestra que no está preparado para gobernar nada ni a nadie.
Porque para liderar hace falta decencia, y el like de la maldad es la prueba más clara de que algunos no la tienen.
Juan Jiménez Suárez
Concejal de Vías, Obras e Infraestructuras
Ayuntamiento de Santa María de Guía





























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