Las vidas que nos dejaron
El pasado jueves, 13 de noviembre, el Teatro Consistorial de Gáldar acogió la presentación de una bella iniciativa que llevó por título 'Las vidas que nos dejaron'. El proyecto, ideado por el ingeniero de telecomunicaciones Moisés Santana, tiene como fin enfrentar la muerte y el recuerdo de los seres queridos que ya no están, no desde la tristeza y la nostalgia, sino desde el valor de las enseñanzas que nos regalaron las personas que se han ido y nos dejaron el legado de sus vivencias.
Para ello, se invitó a través de este proyecto a personas anónimas a que relataran qué significó y qué impacto dejó en cada una de ellas la vida de otra persona. El resultado se plasmó en negro sobre blanco, a modo de pequeños textos, a través de los cuales un total de 37 personas participantes llevaron al papel el recuerdo y, sobre todo, la valía de las personas que amaron y que todavía hoy siguen extrañando. Ambas, las recordadas y las que escribieron sus recuerdos, han dejado de ser anónimas y sus testimonios están publicados en una página web 'Las vidas que nos dejaron', contando para ello con la implicación del grupo Prensa Ibérica, ya las historias se publicarán en los diarios La Provincia y El Día, en el marco de un proyecto de innovación social que contribuye al cumplimiento de la Agenda Canaria 2030.
El entusiasta artífice de esta iniciativa, Moisés Santana, quien entre 2017 y 2025 fue director de la Asociación Canaria de Startups, Empresas de Base Tecnológica e Inversores Ángeles (EMERGE), descubrió este proyecto en Estados Unidos, de mano del periódico The New York Times, cuando, de cara a las fiestas navideñas, a un grupo de editores del medio norteamericano se les ocurrió publicar en el periódico cartas escritas en recuerdo de personas que ya habían fallecido.
Sin embargo, el acto celebrado en el bello escenario del Teatro consistorial galdense, que tuvo como lema 'Arte, ciencia y tecnología. La ética del propósito', fue más allá de la presentación de este proyecto, ya que se convirtió además en un espacio de debate y reflexión sobre la importancia de valorar la humanidad en un mundo cada más tecnificado. El evento estuvo participado por la magia musical de la violonchelista Andrea Casarrubios, quien junto al pianista Miguel Ortega Chavaldas, interpretó tres piezas musicales, entre ellas, “Silbo” composición de Casarrubios resultado de su investigación sobre el silbo gomero, patrimonio intangible de la identidad canaria.
La iniciativa artística contó, además, con la participación en vídeo del filósofo Daniel Innerarity (Bilbao, 1959), cuyo trabajo de investigación sobre el impacto de la Inteligencia Artificial en nuestra sociedad resulta de lo más relevante. Mediante entrevista grabada, el catedrático de Filosofía Política, nos adentró en las claves de su ensayo 'Una teoría crítica de la inteligencia artificial', galardonado con el III Premio de Ensayo Eugenio Trías, en el que plantea cuestiones que no podemos obviar en estos momentos del devenir humano donde cada día evolucionamos más en conocimiento y tecnología y menos en lectura y pensamiento crítico.
En su obra, el filósofo profundiza sobre la necesidad de realizar una reflexión desde la filosofía sobre la inteligencia artificial y su impacto en el ámbito de la creatividad y de las artes, en el conocimiento social e individual, y el papel de la IA bajo parámetros del pensamiento crítico y su intervención real en un mundo en el que se debe de velar por los principios democráticos, desde una ética del pensamiento y poniendo siempre en primer lugar a las personas. Innerarity nos invita a reflexionar sobre el modo en que el cambio tecnológico está afectando a las sociedades democráticas y cómo los instrumentos tecnológicos se convierten en esenciales a la hora de tomar decisiones, desde las más cotidianas a nivel personal (qué restaurante elijo para cenar o qué coche me compro) hasta las de gestión política, siendo decisiones en las que cada vez se delega más en la máquina, y por tanto, resultan menos un producto del debate compartido y comunitario.
El evento incluyó un foro-debate en el que se plantearon diversas cuestiones sobre la influencia de la tecnología en la sociedad actual al que se sumaron las intervenciones del viceconsejero del Gabinete de la Presidencia del Gobierno del Canarias, Octavio Carballo; de la consejera de Universidades, Ciencia e Innovación y Cultura, Migdalia Machín, y del concejal de Patrimonio Histórico, Biblioteca y Investigación, Desarrollo e innovación (I+D+I) del Ayuntamiento de Gáldar, Carlos Ruiz Moreno.
Una no está muy acostumbrada a ser partícipe, en esta ocasión en calidad de testigo, de proyectos repletos de tanta belleza y humanidad. Y la verdad es que me devuelven cierta esperanza en la bondad y la generosidad de la humanidad, de la que, por otro lado, no soy nada descreída. Es más, procuro siempre ver el lado humano y comprensivo de cualquier comportamiento humano, lo que no excluye, evidentemente, la maldad y el egoísmo del que algunos ser humanos hacen gala con demasiada frecuencia.
Pero opto por quedarme con esas personas que hablan de otras personas con generosidad y transparencia; testimonios de personas anónimas que, sin ser célebres a nivel público, cuentan con unas vidas igualmente importantes y subrayables para las otras personas que contaron con el lujo de conocerlas. Una apuesta por la humanidad, por la defensa de aquello que nos hace únicos, a cada una de nosotras y nosotros.
En un mundo cada vez más enfrentado, donde tenemos a personajes que se pasean por nuestras ciudades con camisetas de un equipo de fútbol, enarbolando banderas de odio y de rechazo hacia las demás personas ya sea por su condición sexual, por el color de su piel o por su género (el femenino se entiende), descubrir que hay personas que miran más allá de estos discursos vacuos y tremendamente peligrosos, le hace a una sentir que hay personas que merecen de verdad la alegría de conocerlas.
Por cierto, que el desprecio que enarbolan este tipo de personajes se dirige al otro por ser de distinto género o ser pobre. ¿O es que ustedes ven que se vayan a manifestar, si eso es lo que dicen hacer, frente chaléts de lujo de los ricos aunque sean extranjeros? No les importa el color, importa el dinero que tengas en el banco.
Sea tu formación, tu experiencia ni tu profesión. Da igual que hayas invertido cinco, siete o veinte años de tu vida a formarte y adquirir conocimientos, porque cualquiera, desde el anonimato de las redes, puede tacharte de mentiroso, cuestionar tu sapiencia e incluso, erigirse en mesías de rebaños de iletrados.
Las redes han encumbrado a personajes agresivos, insolidarios, pletóricos de un narcisismo extremo, que solo buscan llenar sus bolsillos a base de engañar a otras personas, alzando ideologías rancias y retrógradas; buscando un minuto de gloria en los medios que les haga dar brillo a su egocentrismo desmedido.
Son psicópatas en acción y su actuación se redifunde a través de las decenas de personas cuyo pensamiento crítico brilla por su ausencia. Y lo más grave es que la juventud, desengañada y con expectativas de vida cada vez más complicadas, los conciben como ídolos a seguir. Mal vamos cuando la sociedad ha cambiado líderes como Gandhi o Martin Luther King por esos personajillos de poca monta, vacíos de contenido y sin más objetivo que ellos mismos. Ahí radica el peligro.
Por eso en este momento histórico, donde el mismo concepto humanidad se está redefiniendo desde parámetros tan cruciales como la Inteligencia Artificial, no podemos permitir que el ser humano sea desplazado hacia los márgenes en pos de intereses egoístas, injustos e insolidarios.
Vivimos un momento de nueva evolución humana, más rápido y vertiginoso que nunca antes en nuestra historia como humanidad, con retos como el incremento de posicionamiento ideológicos de ultraderecha que hace que aumente países gobernados por déspotas matones, donde el deterioro del medio ambiente se manifiesta en un acusado cambio climático de consecuencias adversas y destructivas, y las diferencias entre las clases sociales se han reducidos a los cada día más ricos y los cada día, más pobres.
Se hace necesario, pues, acudir a las personas especialistas, escucharlas, incorporarlas a los gobiernos como gabinetes de personalidades expertas y, sobre todo, pararse a pensar para decidir qué tipo de mundo queremos para las futuras generaciones. No se trata de ciencia ficción. Estamos hablando de aquí y ahora.
Y en este contexto, las tesis del respeto a los derechos humanos, la apuesta por un sistema de gobierno de base democrática y por una economía más justa y equilibrada me parece lo más sensato. Claro que, como ya sabemos, precisamente la sensatez no es una cualidad que se promueva en una red dinamitada por la desinformación y las fake news, tal y como nos advierte el filósofo José Antonio Marina en su obra La vacuna contra la insensatez.
De ahí que iniciativas como 'Las vidas que nos dejaron' constituyan algo más que un emotivo y bello proyecto cultural puntual. Es un ejemplo más de cómo podemos tratarnos desde la emoción y la ternura, desde la consideración y el respeto al otro. Se trata de interactuar y cultivar nuestra humanidad. Se trata de apostar por un humanismo como ética de actuación y gestión política y social, tanto pública como personal, para no reconocernos y cuidarnos unas y otros. Que no es poco.
Josefa Molina




























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