-¿Por qué me miras tanto? –preguntó la dama de noche, exuberante, a un lirio vecino que parecía fascinado por la belleza de aquella flor de cactus que nunca había visto.
-Porque eres preciosa, no tienes espinas y me embriaga tu aroma. Desde que te vi florecer, al comenzar la noche, no he podido dejar de admirarte. Me he quedado prendado de ti –respondió el lirio.
-Pues no te conviene enamorarte de mí. Yo soy flor de una noche y me marchito con el sol, tan pronto como sus rayos me bañen. Y no tardará mucho, que ya de despunta el alba.
-¡No me digas eso! ¡No puede ser!
-Sí que puede. Yo ya lo he aceptado. He vivido una noche maravillosa disfrutando del aire que me rodea, de la contemplación del cielo, la luna y las estrellas, y me he sentido hermosa, plena y feliz, sin pensar en la llegada del día.
El lirio se sintió tan triste que se echó a llorar como un niño desconsolado.
-No llores, amigo lirio. No merece la pena.
-Es que no quiero que te marchites y desaparezcas. No acabo de aceptar la inevitable levedad del ser. Me asusta.
-Pues debes aceptarlo y perder el miedo, porque vivir con miedo es un sin vivir. Y también tienes que agradecer, y disfrutarlo intensamente, cada instante de vida que se nos concede –dijo la dama de noche, mientras miraba al cielo y veía que los rayos del sol se acercaban.
El lirio creyó que se le partía el corazón a pedazos cuando la luz solar bañó a la flor y, poco a poco, la fue despojando de su belleza, de su aroma, hasta dejarla totalmente mustia. Sin embargo, como un chispazo, un atisbo de esperanza hizo que se repusiera de su pena: la ilusión de que su amada dama de noche volviera a florecer al ponerse el sol.
Quico Espino.
Foto: Ignacio A. Roque Lugo
Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.4