Días por la tierra
Sabía que aquel abrazo sería el último, y llegó a mí, débil, desmayado, sin la fuerza y el ímpetu de antes, y entonces comprendí que ya estabas despidiéndote de la vida. Iniciabas tu desapego de lo terrenal, estabas diciéndonos adiós a los amigos que formábamos parte de tu mundo. Tus días en la tierra llegaban a su fin. Y te fuiste en paz.
Tu barca navegó en aguas mansas y tranquilas y llegó a puerto seguro. La mía todavía, hay días que zozobra en la tristeza y en las turbulencias de la pena por la despedida.
Mis días por la tierra los vivo en la orfandad perenne en la que me sumió tu ausencia, lejos de tu amorosa mirada y de tu sabia palabra. Ya no puedo escuchar tu voz ni tu contagiosa risa. Me falta tu vida en mi camino. Pero aquí sigo.
Me caigo y me levanto cada día, me lleno de tu recuerdo y sigo adelante. Entre tanto, la barca de mi vida surca otros mares y llega a otros destinos, mientras anhelo el momento de arribar al puerto definitivo, en el que estoy segura, me esperas tú.
Carmen María Ferrera Gil




























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.32