Asociarse, hacer comunidad
El pasado sábado, 8 de noviembre, se celebró en el municipio de Gáldar la novena edición del Encuentro de Asociaciones 'Juntas avanzamos'. El evento impulsado por la concejalía de Participación Ciudadana del Ayuntamiento de Gáldar reunió en la plaza de Santiago de Gáldar y sus alrededores, en pleno casco histórico de la ciudad del norte de Gran Canaria, a más de cuarenta asociaciones y colectivos locales de todos los ámbitos desde el folclórico y musical pasando por el deportivo, el sanitario, el social, el vecinal y el literario.
El evento tiene como fin dar a conocer a la ciudadanía el trabajo que realizan los diferentes colectivos y asociaciones del municipio así como desarrollar espacios de encuentro que ayuden a crear sinergias entre los diferentes entidades en pos del trabajo conjunto.
El colectivo que tengo el honor de presidir, la Asociación de Escritoras y Escritores Palabra y Verso, lleva participando en este Encuentro desde sus primeros pasos y tengo que decir que, año a año, se va superando en cuanto a participación y presencia de la población que se acerca a las diferentes carpas y mesas y participan en los distintos talleres que se organizan en el marco de esta jornada.
En momentos tan crispados como los actuales, el hecho de asociarse cobra especial relevancia ya que, cuando hablamos de asociacionismo, nos estamos refiriendo a un grupo de personas que se unen con un fin o una lucha común, muchas veces en respuesta a una actuación o inacción por parte de las entidades de la gestión de lo público competente y otras veces tantas, como forma de reforzar la consecución de objetivos o metas comunes.
La capacidad de unirse responde a aquel principio de 'en la unión está la fuerza', un principio de comunidad que atiende a una realidad palpable.
El derecho de asociación es un derecho que permite expresar y defender colectivamente intereses comunes. Es pues expresión de la democracia y uno de sus pilares fundamentales, ya que la participación ciudadana y la defensa de los derechos sociales y comunitarios son claves en cualquier sistema político de base democrática que se precie.
Por supuesto y como tal derecho, está regulado con el fin de que no se tergiverse su sentido ni filosofía, tal y como se establece en el artículo 22 de la Constitución Española donde se reconoce el derecho de asociación y se fijan sus límites, como la prohibición de asociaciones que cometan delitos, sean secretas o tengan un carácter paramilitar.
Estando en el marco de este noveno Encuentro, en el que pude conocer las actividades que realizan en mi municipio otros colectivos y agrupaciones sociales, no pude evitar plantearme las dificultades con las que cuentan tantas poblaciones del mundo en el que los principios democráticos y el respeto a los derechos humanos brillan por su ausencia. Países en los que la ciudadanía no es tal, dado que no cuenta con los derechos para ser concebida como población con capacidad de participación y decisión, quedando reducida a un conjunto de personas que son concebidas como meras vasallas por sus gobernantes.
Como saben, cualquier país de corte totalitario y dictatorial se regula de esta forma. También los que abanderan los cada vez más deteriorados principios de una convivencia en democracia como pueden ser Estados Unidos, donde se protege más el derecho a portar armas que el acceso a una asistencia sanitaria gratuita, China o Corea del Norte, donde el acto de cuestionar y criticar a la clase política gobernante se castiga con prisión, por no hablar de países como Rusia, Cuba, Venezuela o Israel, donde se está buscando ampliar las fronteras de un país a base del asesinato sistemático de miles de civiles palestinos. Cerca de 70.000 personas han sido asesinadas en el genocidio que sigue cometiendo Israel en Gaza, que sigue asesinando a la población palestina, a pesar de que el interés mediático haya descendido considerablemente en las últimas semanas. Hay que acallar las voces de los medios de comunicación internacionales, para poder seguir acribillando a personas mientras miramos para otro lado.
Como ven, ejemplos nefastos los tenemos a cientos en un mundo cada vez más polarizado y encrespado, en el que el dinero es el que manda y establece las normas del juego. En esta situaciones, la mayoría de las veces el acto de asociarse responde a un acto de supervivencia, que no es poco.
En estos días, he estado inmersa en la lectura de un conjunto de pequeños ensayos que publicó el periodista y novelista británico, George Orwell, entre los años 46 y 48 del siglo pasado. En estos ensayos, que tienen forma de artículos de opinión publicados en la prensa británica de la época, reflexionaba en torno al papel de la literatura y del escritor en el ámbito del discurso político. En ellos, aboga por el papel del escritor o la escritora, como agente al margen de cualquier disciplina política, con el fin de no convertir su arte en una mera mercancía panfletaria a favor de este o aquel sistema político, a la par que anima al creador a través de la palabra a no autocensurarse. Es curioso lo sumamente de actualidad que resulta el mensaje de estos ensayos, escritos en plena segunda Guerra Mundial y en respuesta a la situación de caos y desolación de la humanidad provocado por el nacionalsocialismo de Hitler y sus secuaces, casi 80 años después, en pleno siglo XXI, cuando vivimos nuevos paradigmas de autocensura dentro del ámbito de la creación, de mano de las políticas de cancelación y la censura, lo que sin duda, coarta toda expresión de libertad y frena el desarrollo de un espíritu creador.
Estamos en un momento crucial para el género humano, un momento en el que, a la par que abogamos por una tesis humanista para el desarrollo de la humanidad que respete el medioambiente y abogue por una economía social, sostenible y con la vista puesta en la defensa de los derechos humanos, vivimos inmersos en un proceso de dominio de las nuevas tecnologías, la Inteligencia Artificial, el neoliberalismo y el plutariarcado, donde el poder político y económico del mundo, y por tanto, su destino, está concentrado en las manos de una pequeña élite rica.
El futuro se muestra con muchas incertidumbres y frente a todo este panorama, la capacidad de asociarse por el bien común se convierte en una herramienta básica si queremos sobrevivir como humanidad. Para ello, debemos comenzar a nivel individual cultivando nuestra masa gris, leyendo, confrontando ideas, desarrollando nuestro pensamiento crítico con el fin de contar con instrumentos que impidan que calen discursos espurios como los que propaga la ultraderecha, que solo buscan el enfrentamiento absurdo. El 'divide y vencerás'.
Y, por supuesto, uniéndonos, asociándonos, para lograr llegar más lejos defendiéndonos de esos proyectos en los que nos quieren enclaustrar.
Para terminar, quiero mostrar mi agradecimiento al equipo de compañeras técnicas y responsables de la concejalía de Participación Ciudadana del Ayuntamiento de Gáldar cuyo esfuerzo continuo a lo largo de todo el año, ha hecho crecer y fortalecer el tejido asociativo del municipio.
Josefa Molina




























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