
Hemos interrumpido la entretenida lectura del Nobel francés de 1937, Roger Martin du Gard, que ni siquiera sabíamos de su existencia, momentáneamente, por otro libro que se nos ha cruzado en el camino.
Hablamos del excelente y necesario Las estaciones del corazón, de la joven escritora aruquense Andrea A. Rodríguez, que nos ha dejado con la necesaria relectura a realizar próximamente en el paisaje literario. Esta prosa poética que pone en marcha la autora es una clara respuesta a sus interioridades más personales y “una manera de echarlas para afuera” con la intención, acaso, de convertirlas en universales. Y darles a la vez una peculiar forma. Este grato empeño ha llegado en el momento oportuno. Las ilustraciones de Pablo Ferrera invitan a otra lectura de una propuesta que a nadie deja indiferente. Por eso ansiamos ya su segundo libro: denota en estas estaciones que su corazón no solo vibra, sino que, al manejar un lenguaje propio con soltura y mejor hechura, incide en el de los lectores que, empedernidos o no, también ansía en su deseo por sobresalir y dar un paso más allá. Y, efectivamente, Andrea A. Rodríguez lo da con firme decisión, asentado, serio y sincero: toda una proeza.
Es su lenguaje tan claro y sencillo en apariencia que no solo es fruto del trabajo serio y riguroso, donde la soledad se sustancia, sino que se ha esmerado en conseguir los términos adecuados y precisos con los que alcanzar la propuesta final. Y eso de por sí es un logro auténtico. Denota una valentía y una desnudez que la autora parece dispuesta a realizar y, en algunos casos, superar, en el buen sentido del término. Andrea A. Rodríguez ha venido no solo para decir y afirmar que ya está aquí, sino que, en su particular manera de leer e interpretar, nos compromete a todos los que accedemos a su original puesta en escena.
Nos encontramos ante una escritora que tiene muchas cosas que decir porque su mirada no es solo limpia y abierta, que también, sino que alcanza a todo aquello que el resto de los mortales ni siquiera llegamos a percibir e interpretar. En cualquier caso, la prosa poética de Andrea A. Rodríguez descansa sobre bases reales y consolidadas de la Literatura y en su devenir sobresale dejándonos un reguero de sensaciones y emociones diversas.
Sensaciones y emociones que se sustancian con la lectura tranquila y sosegada de su interesante texto y, también, con las ilustraciones de Pablo F., donde ambos nos llevan de la mano por un mundo de libertad necesario e imprescindible que, tan frecuente en estos últimos tiempos raros y convulsos, sucede en nuestro entorno.
Un paseo por la vida: Las estaciones del corazón.
Sí.
Juan FERRERA GIL






























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