Foto: Juan FERRERA GILY llegamos al final de la serie, coincidiendo con el final de mes.
Cada lector, que también sufre episodios de ausencias de páginas leídas, no solo representa un mundo complejo a descifrar, sino que desde su misma imaginación se cree con derecho a opinar y a solventar las cuestiones más peliagudas. Y eso no es nada malo. Todo lo contrario. Que las novelas nos ayudan a pensar lo sabemos desde hace tiempo. Pero que la Literatura es un bien patrimonial que sirve para lo que sirve y representa un bien común, también.
Ahora que se habla tanto de sostenibilidad, viene a resultar que los libros, en distintos formatos, hace tiempo que cumplen la misión, acaso, más solvente del mundo mundial: el hacernos sentir que los escritores, amén de egos sobrevenidos, son una bendición.
Juan FERRERA GIL





























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