
En la tarde del jueves, 15 de mayo, tuvo lugar en LA CASA VERDE del municipio de Firgas una interesantísima charla a cargo del profesor jubilado de la ULPGC, Ramón Díaz Hernández, que versó sobre el delicado asunto de “La epidemia colérica en 1851 en Firgas”.
Después de la presentación de Mario Marrero, en acto organizado por La Vinca Ecologistas en Acción, el conferenciante vino a señalar que “cuando se produjo la primera víctima el 22 de junio de 1851 no se sabía aún cuántas personas iban a sucumbir en los días siguientes. Todos estaban expuestos al daño colérico y el temor a contagiarse hacía insoportable la convivencia. Pero los peores días estaban aún por llegar. El calor veraniego y la ingesta de aguas contaminadas con el “vibrion cholerae” se llevó a la tumba a más de siete decenas de firguenses antes de registrarse la víctima número setenta y seis el 28 de julio.” También añadió que “el balance final de la tragedia se cerró así: trece de cada cien vecinos sucumbieron a la epidemia, pero muchos otros sufrieron la enfermedad y sus dolorosos síntomas. Muy pocas familias del lugar se libraron del luto, aumentó la cifra de viudas y viudos, huérfanos y huérfanas, algunas casas quedaron totalmente vacías, tierras y ganados sin amos...”.
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Lo cierto es que Ramón Díaz nos regaló una clase magistral, muy amena y pedagógica, que apoyado por diversas imágenes dejó muestras claras de su buen hacer. Para los que no conocemos nada de Historia, supuso la intervención de Ramón Díaz toda una declaración de unos hechos desagradables y tristes.
Después de la presentación de Mario Marrero, el profesor agradeció la asistencia y “este es un tema escabroso porque vamos a contar muertos. Durante los meses de encierro forzado por el Covid-19, empezamos a mirar hacia atrás y pudimos comprobar que el riesgo cero y la seguridad total no existen. Dos causas que contribuyeron hacia la expansión del cólera fueron la desnutrición y el desaseo: dos elementos que propagaron la epidemia de mayo a septiembre de 1851. El historiador Agustín Millares Torres, que se había refugiado en El Trapiche, Arucas, sostiene que su origen viene de Cuba, en donde bolsas de ropa llegaron hasta las lavanderas de San José, en Las Palmas de Gran Canaria. El 5 de mayo los médicos certifican que hay una epidemia en la isla. Por otro lado, el seminarista Aquilino Padrón Padrón narra los horrores del cólera y sus pequeños detalles.
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En Firgas, con una población de 1002 habitantes, se declaró el cólera el 5 de junio y de los 76-80 muertos, solo tres llegaron a testar. En 25 días se materializó la tragedia. Todas las personas no fueron iguales ante la muerte. Los acomodados estaban mejor alimentados, podían acceder a fármacos y contaban con buena higiene.”
Es lo que vino a decir, más o menos, Ramón Díaz Hernández una tarde de mayo con mucho público en La Casa Verde de Firgas. Una charla muy agradable en la que el público también interino con diversas cuestiones.
Juan FERRERA GIL






























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