
En la crianza, todo comunica.
Lo que decimos, cómo lo decimos, lo que callamos, los gestos, el tono… incluso el silencio.
Y aunque lo sabemos, muchas veces seguimos hablando a nuestros hijos como no hablaríamos a nadie más:
– ¡Te lo he dicho mil veces!
– ¿Qué parte no entendiste?
– ¿Tú eres tonto o qué?
– ¡Me tienes harta!
O entramos en un bucle de órdenes:
“¡Vístete ya!”, “bájate de ahí”, “recoge eso”, “lávate las manos”.
Y cuando no son órdenes, son prohibiciones:
“No grites”, “no corras”, “no toques eso”, “no te subas ahí”.
¿Te suena?
Parece que se nos ha olvidado que comunicarse no es solo dirigir, prohibir o corregir.
Es también guiar, explicar, acompañar.
Y eso, en el día a día, se nota.
Claro que no lo hacemos con intención de herir.
Lo hacemos desde el cansancio, el desborde o la inconsciencia.
Pero eso no quita el efecto que tiene.
Porque la comunicación no es solo lo que decimos. Es lo que dejamos como huella.
¿Por qué es tan importante cómo nos comunicamos con nuestros hijos?
Porque el modo en que les hablamos hoy se convierte en el modo en que se hablarán a sí mismos mañana.
La voz con la que les corriges puede convertirse en su voz interna.
Y si esa voz es dura, impaciente o irónica, eso es lo que crecerá dentro de ellos.
Pero si esa voz guía, comprende y pone límites con respeto, así se tratarán a sí mismos y a los demás.
Consejos claros para una comunicación que educa
1. Habla desde lo que necesitas, no desde el juicio
❌ “Eres un desordenado.”
✅ “Necesito que recojas tus cosas para poder limpiar.”
2. Cambia el “no” por lo que sí esperas
❌ “¡No grites!”
✅ “Hablamos bajito.”
❌ “¡No corras por el pasillo!”
✅ “Caminamos despacio dentro de casa.”
3. Da indicaciones claras y concretas
❌ “Compórtate” “Pórtate bien.”
✅ “Recuerda saludar al llegar, esperar tu turno y recoger tus juguetes cuando termines.”
4. Adapta tu lenguaje a su etapa de desarrollo
No es lo mismo hablarle a un niño de 2 años que a uno de 7.
Y tampoco sirve de nada soltarle una charla de 10 minutos si su capacidad de atención dura 2.
5. Valida lo que sienten antes de corregir lo que hacen
❌ “No es para tanto, deja de llorar.”
✅ “Veo que estás enfadado, vamos a ver cómo solucionarlo.”
6. Usa menos sermones, más conexión
❌ “Siempre haces lo mismo, es que nunca me escuchas, te he explicado mil veces…”
✅ “Ven, siéntate conmigo. Quiero que hablemos de lo que ha pasado.”
7. Evita etiquetar. Habla de conductas, no de identidades
❌ “Eres un vago.”
✅ “Hoy no hiciste tus tareas, vamos a pensar cómo organizarte mejor.”
8. Cuida el tono.
No es lo mismo decir “ven aquí” gritando, que con una voz firme pero amorosa.
La forma muchas veces pesa más que el contenido.
No se trata de hablar “bonito” ni de convertirnos en robots zen.
Se trata de hablar con consciencia, sabiendo que cada palabra enseña algo.
Que tus hijos puedan sentir que, incluso en medio del conflicto, sigues siendo un lugar seguro.
Que no tienen que tener miedo de tus palabras, porque aunque les pongas límites, lo haces desde el respeto.
Porque la comunicación que educa no es la que más grita, ni la que más explica, sino la que más conecta.
Haridian Suárez
Trabajadora social y Educadora de Disciplina Positiva (@criarconemocion)






























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.4