
Tomás Hernández Negrín es un apasionado del telar. Desarrolló su trabajo en un amplio chalé en los alrededores de Candelaria, literalmente invadido por tejidos y lanas. El comedor dejó de existir como tal, para convertirse en taller y escaparate de su trabajo, lo mismo que el vestíbulo y el salón. Echando la vista atrás, se recuerda nada más entrar, un marcado olor a naftalina advierte que se está en territorio textil. Ocuparon el espacio varios telares. Había uno de aspecto muy arcaico que llamaba la atención. Tomás lo compró en Tarrasa (Barcelona), en la actualidad tendrá unos 50 años; es pequeño y semimecánico. Le incorporó un menudo motor eléctrico y, debido a su tamaño, lo utilizaba para confeccionar prendas de menos de 40 centímetros de ancho, como el fajín. Trabajó con cuatro lizos, y en ocasiones elaboró en él fulares de seda importada, de hasta 960 hilos.
Tomás es de origen gomero y se estableció durante una década en Venezuela. Allí hacía tejidos en maquinarias de punto, luego se vino a Tenerife y se puso a trabajar de cocinero durante 25 años. Un día vio tejiendo a una persona y aprendió un poquitín, y luego con un libro. Todo está en los libros. Como oficio, dedicado plenamente, dedicó muchos años de su vida laboral; como hobby, unos 15.
Comenta que el hecho de ser hombre no ha suscitado especial resquemor en un mundo esencialmente femenino, aunque sí los métodos que empleó: Hay gente que me dice que soy semi-industrial y que no soy artesano porque las lanzaderas van de un lado a otro solas, dice con cierta ironía. No se limita a la producción de tejidos para los trajes tradicionales. Además, tiene piezas de su propia creación e investiga constantemente en nuevas técnicas, materiales y modelos personales. Soy inquieto. Sí te paras en una sola cosa no evolucionas. Hacía fulares, tejidos y telas para trajes, en seda, lino y algodón. Luego está lo tradicional. Casi todo lo trabajó con materiales naturales, aunque el los últimos años de profesión también empleo fibras metálicas y lamés. Algunas de las telas para trajes llegan a alcanzar los 50 y 60 metros de longitud.
En la mesa de comedor se apilaban libros sobre telares de todo el mundo, muestras de lanas y materiales de lo más exótico, que Tomás consigue mediante sus amigos o a través de sus propios viajes. Además de la tradicional lana de churra, usó lana merina para los trajes de Lanzarote y Fuerteventura. Para la urdimbre utiliza lana o lino, según el efecto deseado. En ocasiones especiales empleó también merina australiana -increíblemente suave y resistente- para la urdimbre, y merina española para la trama; todo un lujo.
Tomás Hernández Negrín que me contó toda su experiencia allá por 2015, con un aval de casi 50 años en tejeduría. Su carrera laboral la cual califica como gratificante, ya que ha podido ejercer lo que más le gusta.
Tomás se confiesa como un aprendiz del oficio a pesar de tener una gran experiencia en el sector. Así mismo no se considera experto ni conocedor de la vestimenta tradicional, ya que, manifiesta que sus conocimientos están basados única y exclusivamente sobre tejeduría, hecho este que no le dificulta ser conocedor de algunas de ellas.
La formación ha estado presente en su vida, su sabiduría la ha compartido con los demás mediante formaciones organizadas mayormente por el Ayto. de Candelaria, entidad esta que en pasados días durante la clausura, le rindió un homenaje a Tomás Manuel Hernández Negrín, pieza clave en el desarrollo del taller de tejeduría del municipio. Desde el año 2009, Tomás ha sido un pilar fundamental para la consolidación de esta formación, contribuyendo con su experiencia, apoyo y recursos, como la cesión y reparación de telares, así como el asesoramiento para la adquisición de materiales y la programación de las actividades. Su entrega y dedicación han permitido que el taller de tejeduría se mantenga en óptimas condiciones para la docencia y la preservación de este oficio.
Folcloristas de la isla, tejedores, sastres y confeccionistas de indumentaria, familiares y amigos y amigas de Hernández se sumaron a ese homenaje sorpresa con su presencia, muchas de esas personas vistiendo indumentaria tradicional realizada a partir de piezas tejidas por el protagonista, reuniendo más de ciento veinte personas en el Cine Viejo. Además, tintoreros, técnicos textiles, dueños de hilaturas catalanes, agrupaciones folclóricas y folcloristas y tejedoras y tejedores de todas las islas, que no podían asistir presencialmente, se quisieron sumar con mensajes que se resumieron en un video que fue proyectado en el evento.





























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