Educación infantil

Errores como oportunidades de aprendizaje

Nos educaron para evitar equivocarnos a toda costa, como si fallar significara fracasar, en lugar de haberlo intentado.

Haridian Suárez Vega Miércoles, 26 de Febrero de 2025 Tiempo de lectura:

Lucía es una niña de unos 6 años.

 

Aparenta ser muy segura de sí misma, es extrovertida e incluso diría que le gusta ser el centro de atención. Se sienta en la primera fila de su clase, y participa con entusiasmo en cada actividad.

 

Hoy, el maestro formula una pregunta. Lucía, convencida de tener la respuesta correcta, levanta la mano y responde con seguridad.

 

No era la respuesta correcta y el maestro de inmediato se lo hace saber.


Lucía, a pesar de su carácter, reza en silencio para que no se centre en su error y pase al siguiente estudiante. Pero no, el maestro hace un comentario poco afortunado sobre su error.

 

Lucía, que parecía tan segura de sí misma, de repente solo quiere desaparecer.

 

Ahora surgen dos posibles escenarios.

 

1.- Si en su entorno el error no es algo castigado ni ridiculizado, este momento quedará como una simple anécdota sin mayor impacto.

 

2.- Pero si en su vida cotidiana equivocarse es sinónimo de fracaso, este episodio se suma a muchos otros y, poco a poco, Lucía aprenderá a dejar de intentarlo.

 

Desgraciadamente el segundo escenario es el más habitual.

 

Desde pequeños, hemos aprendido que equivocarse es algo negativo.

 

En el cole, los errores en los exámenes se marcaban en rojo (qué diferente habría sido que nos resaltaran los aciertos); en casa, los descuidos o equivocaciones solían ir acompañados de regaños y castigos; y en la sociedad en general, el error se asocia con incompetencia o falta de esfuerzo.

 

Nos educaron para evitar equivocarnos a toda costa, como si fallar significara fracasar, en lugar de haberlo intentado.

 

Y este enfoque ha dejado huella.

 

Muchos niños, en lugar de ver el error como parte del camino, lo ven como una amenaza. Prefieren no intentarlo antes que equivocarse, evitan los desafíos por miedo a no cumplir con las expectativas y desarrollan una baja tolerancia a la frustración (afectando a su autoestima, su autonomía y la capacidad para enfrentar nuevos retos sin miedo).

 

Con el tiempo, esto alimenta un perfeccionismo rígido ( en el que el único resultado aceptable es hacerlo bien a la primera) y una sensación constante de no ser suficientes.

 

Si cada error se recibe con un reproche o una corrección inmediata, el mensaje que enviamos es claro: "lo importante es no equivocarse".

 

Pero, ¿y si cambiamos la perspectiva? ¿Y si en lugar de ver los errores como fracasos, los vemos como oportunidades para aprender?

 

Porque equivocarse no es el problema. De hecho, el error es la única forma de aprender.

 

Cuando los niños aprenden que pueden cometer errores y que de ellos pueden sacar aprendizajes valiosos, desarrollan resiliencia, creatividad, confianza en sí mismos y capacidad de superación.

 

El error no es el fin del camino, sino una señal de que estamos avanzando. Y aquí es donde entra nuestro papel como adultos: si tratamos los errores como una herramienta educativa y los convertimos en oportunidades, les enseñamos que cada equivocación es un peldaño más en su crecimiento.

 

Cómo cambiar el enfoque

 

Cada día tenemos la oportunidad de decidir cómo reaccionamos ante los errores de nuestros hijos.

 

Si tu hijo intenta llevar un vaso de agua a la mesa y derrama el vaso:

 

1.- Puedes enfocarte en el error: “¡Te lo dije!, que se te iba a caer, mira qué desastre!”

2.- O puedes aprovechar esas situación como una oportunidad de aprendizaje para que lo haga un poquito mejor la próxima vez :“No pasa nada, vamos a limpiarlo juntos. La próxima vez prueba a sostener el vaso con las dos manos, o quizás puedes llenarlo menos, o quizás…”

 

Si tu hijo está aprendiendo a escribir y comete varios errores de ortografía:

1.-Puedes enfocarte en el error :“Madre mía,¡Esto está lleno de faltas! Tienes que prestar más atención en clase”

 

2.- O puedes enfocarte en el aprendizaje: “Veo que estás practicando mucho. ¿Revisamos juntos algunas palabras para que la próxima vez te salgan mejor?”

 

Si tu hijo intenta algo y no le sale a la primera:

 

1.-Puedes enfocarte en el error :“Es que hiciste esto mal y tenías que haber hecho esto y lo otro”

 

2.-O puedes aprovechar para reconocerle el esfuerzo y alentarle a seguir intentándolo :“Hiciste un buen intento. ¿Qué crees que podrías hacer diferente la próxima vez?”

 

No es lo mismo.

 

Cada uno de estos enfoques marca la diferencia en la forma en que los niños interpretan sus errores y su capacidad para aprender de ellos.

 

Pero advierto que criar desde esta perspectiva no es fácil.

 

Nos estamos esforzando por enseñar a nuestros hijos algo que a nosotros mismos no nos enseñaron: que el error no es el enemigo, sino un maestro. Estamos rompiendo con patrones antiguos y enseñando con paciencia y respeto.

 

No siempre lo lograremos, y eso también está bien.

 

Como padres, también estamos aprendiendo en el camino.

 

Pero cada vez que elegimos enseñar en lugar de castigar o reprochar, cada vez que transformamos un error en una oportunidad, estamos construyendo una base emocional más fuerte para nuestros hijos.

 

Así que la próxima vez que tu hijo se equivoque, respira. Recuerda que detrás de ese error hay una oportunidad de aprendizaje.

 

Y recuerda también que lo estamos haciendo lo mejor que podemos.

 

Haridian Suárez

Trabajadora social. Educadora de Disciplina Positiva

(@criarconemocion)

Comentar esta noticia

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.4

Todavía no hay comentarios

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.