Pino Ojeda Quevedo -Arte y Vida- Hija Predilecta de la isla de Gran Canaria

Fue, según sus propias palabras, una niña rebelde, apasionada e inestable, animada permanentemente por un ansia de curiosidad insatisfecha.

José Luis Yánez Rodríguez Sábado, 15 de Febrero de 2025 Tiempo de lectura:
Pino OjedaPino Ojeda

El 17 de agosto de 1916 nacía en el pago de Las Casas del Palmar de Teror una niña, del matrimonio de Rafael Ojeda Díaz, natural del pueblo cumbrero de Artenara, y de Mª de Jesús Quevedo Naranjo, nacida asimismo en las tierras palmarenses e hija de Luis Quevedo Henríquez y Juana Naranjo Suárez.

 

Fue bautizada unos días más tarde en la pila de Nª Sª del Pino, bajo el padrinazgo de su abuelo materno.

 

Aunque las raíces familiares estaban fuertemente arraigadas en Teror y procedían desde Diego Ramírez, mayordomo de la Ermita de las Nieves en el siglo XVIII; había sido el matrimonio el 9 de diciembre de 1875 de don Luis y doña Juana el que los había instalado en El Palmar de Teror. Luis Quevedo había nacido en la calle Mayor de Triana el 21 de abril de 1858, hijo de Antonio Quevedo Henríquez y Leonor Henríquez González. Su esposa Juana era hija de Blas Naranjo Domínguez, natural de Arbejales.

 

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Los dos eran menores de veinte años cuando se casaron en 1875 y conformaron una familia marcada como tantas de la época por las frecuentes ausencias del marido por tierras americanas en busca de fortuna. Sería por ello la esposa la que se ocupó de los muchos menesteres que la vida campesina traía consigo. Desde la década de 1880 hasta ya entrado el siglo XX, fueron las idas y venidas del cabeza de familia desde Cuba una permanente circunstancia de sus vidas, pero les permitió consolidar una mediana hacienda que aseguró su prestigio social y económico en la Villa de Teror.

 

Por lazos de la fortuna o cuestiones genéticas la descendencia con posteridad del matrimonio estuvo constituida solamente por hembras, lo que establecerá una de las características más concluyentes de la familia: el fuerte carácter de las mujeres que la formaban, y su clara determinación de mejorar, de ir a más.

 

Las hijas del matrimonio Quevedo-Naranjo fueron cuatro: Leonor, María del Pino, Eloína y María de Jesús.

 

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Y sería en este núcleo familiar de fuerte presencia femenina, con ansias de mejora, y sin la presencia de su propio padre, ausente en Cuba por los mismos motivos ya argumentados para su abuelo, donde nacería Pino Ojeda en 1916. Hasta que a los tres años retornó su progenitor y decidió el traslado de la familia a la ciudad de Las Palmas, su primera infancia transcurrió en los cortos horizontes del Teror de entonces. Pino recordaba años más tarde ese regreso de su padre con el asombro que causó a todos sus parientes su repentino envejecimiento y enfermedad. Y fue precisamente el deseo de mejorar el futuro de su descendencia el que decidió el traslado a Las Palmas y marcó un primer eslabón fundamental en la cadena de la vida y obra de Pino Ojeda.

 

Sus abuelos se trasladarían posteriormente al casco de la Villa de Teror, a una casa situada junto al inmueble que ocupaba entonces el casino terorense, en la actual calle Padre Cueto; y ya sería allí donde en los años siguientes se prolongaría, sobre todo en las temporadas veraniegas, la relación de Pino Ojeda con Teror y sus gentes.

 

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Fue, según sus propias palabras, una niña rebelde, apasionada e inestable, animada permanentemente por un ansia de curiosidad insatisfecha. Su vida en la ciudad, los paseos por Santa Ana, los cuentos de su padre, fueron configurando una infancia que ya permitía vislumbrar una juventud y una madurez de pletórica producción artística y creativa.

 

Paso a paso, transcurren sus años jóvenes hasta que en 1939 pierde a su esposo, Domingo Doreste Morales en la Guerra Civil, lo que marcaría indeleblemente toda su vida y su obra, y es el foco de energía, de inspiración, de su posterior trayectoria artística.

 

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Sus primeros poemas se publican en la revista Mensaje, a mediados de la década de 1940; y en 1947 la misma revista publica su primer libro Niebla de sueño, que don Luis Doreste Silva definió como una “elegía larga, desgarrada y penetrante”, donde ya aparecen constantes de su producción artística como el amor, la muerte, la soledad y la naturaleza, tratados con un profundo lirismo. En el libro aparece fuerte y doloroso el recuerdo del esposo fallecido y, a veces, momentos de profunda desesperanza de, no obstante, una infinita belleza.

 

En 1954, la editorial Rialp publica “Como el fruto en el árbol” que había ganado el primer accésit del premio Adonais del año anterior, constituido como un poema unitario sobre el tema de la búsqueda del amado imposible. En 1956 gana el premio “Tomás Morales” con su libro “La piedra sobre la colina”, que no obstante no vio la luz hasta 1964.

 

Pasan dos décadas de silencio, que no de holganza artística, y en 1987, un nuevo libro, “El alba en la espalda” trae a los lectores nuevamente poemas donde la muerte cotidiana, la destrucción del tiempo, el aire de la ausencia, sombras conocidas y desconocidas, surgen del universo particular de Pino Ojeda con una fuerza inusitada y llenando toda su creación de los fantasmas, anhelos y pasiones que siempre la han caracterizado.

 

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En 1991, Pino Ojeda resulta ganadora del XI Premio Mundial Fernando Rielo de Poesía Mística otorgado en Ávila con la obra “El salmo del rocío” que se publicará dos años más tarde y donde se descubre la unión tan profunda que enlaza la religiosidad de Pino Ojeda con su vida interior y sus ansias más íntimas. Significativamente, en las palabras con la que me lo obsequió cordialmente hace unos años, escribió que me lo dedicaba “en el camino de la luz…”, expresando en esta frase la luminosidad interior que, pese a la tristeza presente, siempre alumbró y orientó la senda de su vida.

 

A toda esta producción han seguido en los últimos años, una Antología poética de 1997 y la edición póstuma de su obra Árbol del espacio, publicado después de su fallecimiento por iniciativa de su hijo, con ilustraciones de la propia autora, Juan Ismael y Plácido Fleitas. Por si ello fuera poco, y aunque es más conocida literariamente en su faceta de poeta, fue también autora de novelas, cuentos y piezas teatrales; y, a mediados de la década de 1950, se inició como editora con una colección poética titulada Alisios, donde figuraron no sólo poetas canarios, sino peninsulares y extranjeros. Quedan inéditos muchos de sus trabajos, y por ello, son una promesa de nuevas experiencias de disfrute poético para el futuro.

 

Si esto no bastase, si alguien considera que es poco el ser una de las voces femeninas más preclaras de la poesía española del siglo XX, si todas estas obras no hubiesen existido; bastaría su extensa producción como escultora, ceramista y pintora para considerarla una destacada artista y un orgullo para todos los canarios. Este proceso de formación y trabajo comenzó ya en la madurez, con una clara expresión de un sólido recorrido entre la abstracción y el abstraccionismo figurativo, y, no podía ser menos, aprendiendo y experimentando técnicas variadas hasta el final de su vida.

 

No viene al caso extenderse más en el análisis de estas otras facetas de su actividad artística. Actividad que la llevó en los años 60 y 70 a exponer en el Club Pueblo de Madrid (1964), a la Galería St. Paul de Estocolmo-Suecia en 1972, a la Galería Giorgi, en Italia, en 1973, y a otras muchas muestras de su actividad pictórica y escultórica en toda España y en otros países.

 

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Sería precisamente en la presentación de su exposición de Estocolmo, realizada por el escritor Camilo José Cela, cuando éste, analizando su obra, dijera de ella:

 

Todos los caminos, incluso el de Damasco, terminan en Roma, y todas las sendas -sin dejar a un lado la de la poesía- pueden llevar a la pintura. Quizás el arte no sea sino la última sombra de las cosas sobre la tierra, cuando las ilumina la honda y nítida luz de Dios. Y en la tierra canaria -que es quizás la tierra más desnudamente tierra del planeta -aquella luz y esta sombra adquieren unos contornos vigorosos y valientes, unos tintes elásticos y durísimos, que sólo sonríen al ser fijados al lienzo-o al verso- -por los espíritus delicados como sismógrafos o crueles libélulas, como niños hambrientos o preocupados lobeznos errabundos.

 

Pino Ojeda llega a la pintura -se venía diciendo- por el camino real de la poesía. Probablemente también por la sinuosa y difícil trocha del amor. Sus cuadros son como amorosos -sí- y como poéticos -también- gritos en la más alta noche que -pegada a la tierra de sus islas- fue fijada por los pinceles a los que mueve la deleitosa y zurrada sabiduría.

 

Ante la pintura de Pino Ojeda, como ante las rocas de dulce lava y de misterio amargo de su país, no caben las actitudes neutras. Es posible que esta pintura haga crujir convencionales sensibilidades y graznar airados corazones. Pero también es posible -y así me place pregonarlo a los cuatro vientos- que en esta pintura anide el último alevín del arte cuando el arte se confunde -allá en las más remotas lindes de la conciencia- con el hombre y con la tierra. Porque quizás la tierra y el hombre y el arte sean una y la misma cosa sin que, por ahora, hayamos acertado a explicárnoslo. Ninguna explicación tiene ni el arte, ni el hombre, ni la tierra: esa trilogía del solitario e inescindible corazón.”

 

Sobran más palabras.

 

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Pino Ojeda Quevedo, definía con las palabras siguientes la esencia más profunda de su espíritu:

 

Yo siempre he llevado mis manos para dar y recibir, pero no recibir como premio o compensación, sino simplemente como equilibrio, para poder sentir amor, para sentirme plena, para poder vivir porque yo no sabría vivir sin amor. Yo no nací para luchar, pero ¡he tenido que luchar tanto!...Nací para soñar y ver realizados estos sueños, aunque no fueran una realidad. Cuando llegue el momento de ir a la otra orilla lo único que llevaré conmigo son mis manos abiertas llenas de sueños. ¡Hasta que muera seguiré soñando!”

 

El 10 de septiembre de 1991, bajo el título de “Mi vida y la poesía”, organicé como concejal de Cultura de la Villa de Teror una mesa redonda y recital poético dentro de la programación de la Semana Cultural de las Fiestas del Pino de aquel año.

 

Pino Betancor, José Mª Millares, Pino Ojeda y Domingo Velázquez hicieron de aquel día y acto uno de los que con más orgullo he presumido de mis años como político terorense.

 

Se inició, eso es lo mejor, una amistad con todos ellos, pero en especial con Pino Ojeda, que duraría hasta su fallecimiento

 

Una pintura que se concreta en poesía, por el color…luz, en pos de la luz”, así definía Luis Doreste Silva la obra de Pino Ojeda Quevedo, así definía a la propia autora.

 

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Una eterna búsqueda de la luz.

 

Una búsqueda que la llevaba por los caminos de la literatura, la pintura, la cerámica o la astrología. La permanente e insatisfecha curiosidad del que hurga en la existencia, sin encontrar las razones. Y por ello sigue, cambia de senda, busca otras luces y no para nunca, en toda la vida; anhelando el refugio a la dureza de las preguntas con que la vida nos atormenta y, a veces, nos destroza.

 

Afirmó de su obra que los poetas nacían, no se hacían; que sólo necesitaban de un simple momento emocional, de un impulso que lo hiciera volcar todo fuera del cuerpo; que ese momento para ella había sido el de quedarse viuda, pero que la pintura había sido ese primer “refugio” que buscaba, que ansiaba. Que literalmente, enfermaba y lograba sus mejores poemas. Después, casi inmediatamente, volvía a la normalidad.

 

La dureza del trato de la vida la había llevado a la creatividad poética y pictórica, casi como un lenitivo. Tras la muerte de su marido “fue entonces cuando otro ser nació en mí, porque de la misma manera que hay una muerte química hay otra espiritual. Yo me encontré en mí misma con un ser diferente”.

 

De ahí que tal como escribiera Natalia Sosa, el grito puro de su voz, redonda, subjetiva, hermosa, fue un despertar de pronto frente a la vida del mar y al asombro de la muerte de lo existencial, y desde entonces siguió embelleciéndose desde la hondura de una gran originalidad.

 

Se cumplió ya el 75 aniversario de su primer libro, esa “Niebla de Sueño” que en 1947 dio salida a su búsqueda, a ese camino entre la vida y la muerte que es el arte, y a pesar de que reconocía que estaba está lleno de balbuceos, también afirmaba que era absolutamente sincero, como un tránsito entre el horror y el espanto, como la niebla destructiva del dolor. Para ella fue, inesperadamente, “el grito de la vida; la rabia de estar viva y rota, sin él pero yo sí conmigo”. La reedición de la obra por parte del Gobierno de Canarias permitió que mucha gente conociera la maravilla de aquellos primeros poemas.

 

Y así encontró definitivamente en la poesía un mundo fuera de la realidad, pero capaz de acogerla tal y como Pino Ojeda era.

 

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Para dar a conocer todo esto y mucho más, su familia y otras personas ligadas a sui figura apoyamos la creación en el 2019 de la Fundación Canaria Pino Ojeda con nº 368 en el registro de Fundaciones Canarias.

 

Una organización con personalidad jurídica y sin ánimo de lucro constituida ante notario el 27 de noviembre de aquel con fines de promocionar la cultura con carácter general, así como promover y desarrollar actuaciones que favorecieran políticas de índole social y que se materializó en pleno confinamiento. Desde la Fundación hace unos meses se ofreció al Ayuntamiento de la Villa de Teror ubicar en el municipio su sede oficial, con el objetivo de promocionar la obra de la pintora y poeta desde su lugar de nacimiento.

 

El presidente y nieto de la artista, Domingo Doreste, ha mantenido varios contactos con hombres y mujeres de la política canaria, para exponer el proyecto que convertiría a Teror en centro de referencia de Pino Ojeda. Desafortunadamente, ello no ha sido aún posible.

 

El año 2016, cuando todos nos aprestamos en Teror a celebrar el centenario de su nacimiento, tuve el honor de presentar el estreno de la película “La habitación del fondo”, donde la maestría de su nieto Domingo Doreste se puso al servicio de la voz y de la vida de su abuela, fallecida en el 2002. La película de una hora de duración fue protagonizado por la actriz Esther Munuera, en el papel de Pino Ojeda, y contó con intervenciones de varias personas que conocieron a la poetisa. La banda musical de la película fue compuesta por el músico Ner Suárez, excepto el tema principal con letra y música de Carmen Agredano, que en 2012 había conseguido el Goya a la mejor música original por el tema “Nana de la hierbabuena” en la película “La Voz dormida” de Benito Zambrano.

 

Además, el 11 de marzo de aquel mismo año, el Auditorio de la Villa vio el estreno del espectáculo “Teror en voz de mujer”, donde mis poemas, canciones y textos, con un plantel insuperable de hombres y mujeres quisimos unir la celebración del Día de la Mujer con el recuerdo de una de las grandes mujeres que diera el campo terorense.

 

Mis letras, exaltadas hasta el máximo por las músicas de Juan Carlos Sierra y de Ner Suarez; el diseño de Octavio Limiñana; canciones de ensueño, magia y sentimiento; fotos de Frank Hernández; magníficos arreglos de Fernando Suárez y Ner Suarez; intérpretes que demostraron solera, buen hacer, entrega a la pasión de la música; tocadores buenos, entregados a apoyar con ensayo y tesón las voces de estas mujeres que hicieron el más emocionante homenaje que junto a la película; se brindó a la memoria de Pino Ojeda.

 

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LAS MUJERES QUE PUSIERON VOZ Y CORAZÓN

 

Elegía para una mujer enamorada (Paqui Santana); Deja vivo mi amor (Nena Santana); Las caricias de tus manos (Marina Santana, Katy Tadeo y Aidil Peña); Tajaraste del placer prohibido (Beatriz Pérez); Arrorró para los niños a los que no dejan dormir (Mari Tere Batista); Tu camino (Alejandra Reyes); Nostalgia Atlántica (Raquel Martínez); Bolero sin título (Nayra Casañas); Cuando la muerte cierre mis ojos (Raquel Jiménez) y La Malagueña Perdida (Jéssica Casal)

 

LOS MÚSICOS QUE UNIERON EL DOMINIO DE LA TÉCNICA PARA DAR FONDO Y FORMA SOBRE LAS QUE SE ELEVARON LOS SENTIMIENTOS

 

Ner Suárez (piano, guitarra, cuatro venezolano, tres cubano, acordeón y timple), Oswaldo Alejandro(bajo), Antonio Domínguez y Abel Castellano(percusión), Jose María Medina(guitarra), Jorge Granados (guitarra, contra y timple), Eugenio Cabrera (laúd, cuatro venezolano, percusión y teclado), Daniel Ojeda y Sonia Alemán (flautas), Fernando Suárez (laúd, tres cubano y Laúd árabe)

 

QUIENES SUPIERON ENTENDER ESE LENGUAJE DEL ALMA PARA CON SUS MELODÍAS AYUDARLO A ELEVARSE HASTA EL PARAISO

 

Todos los temas fueron compuestos por Ner Suárez, excepto los temas 2, 6 y 9 que fueron de Juan Carlos Sierra

 

LOS QUE DAN COMPOSICIÓN DE FORMA Y FIGURA A LO QUE NO SERÍAN MÁS QUE LETRA Y MÚSICA

 

Director musical: Ner Suárez; Dirección Artística; Jéssica Casal y Dunia Ramos

 

QUIEN SUPO CAPTAR EL SÍMBOLO PARA CONVERTIRLO EN MENSAJE

 

Diseño Gráfico: Octavio Limiñana

 

QUIEN SUPO CAPTAR EL MENSAJE PARA CONVERTIRLO EN ARTE GRÁFICO

 

Fotografía: Frank Hernández

 

QUIENES CONVIERTIERON MÚSICA, VERSO Y MENSAJE EN CUERPOS EN LIBERTAD

 

Bailarines: Sonia Álvarez, Moisés Rodríguez y Elsa Campos

 

QUIEN PUSO LA MANO PARA QUE TODO LO ANTERIOR SE TRANSFORMARA EN UN ESPECTÁCULO DE SENTIMIENTOS Y TERNURAS

 

Regidora: Dunia Ramos

 

 

Aquella noche, Paqui Santana puso verso recitado a dicho homenaje.

 

Frente a la ventana de la habitación del fondo; entre la alborada de niebla y de sueño, supe una mañana de horizontes huecos, que no había caricias, en los secos huertos. Soñé con muertes tempranas, con tristes lunas de invierno, con preguntas sin respuesta; con árboles doloridos por las agujas del viento. Soñé con grises colinas, con piedras en cruel silencio y que un amor dolorido me dejaba sin aliento, en yermos vientres cohibidos de atroces campos morenos. Frente a la ventana de la habitación del fondo busqué en mis anhelos la fruta prohibida; y desde lo hondo los barcos remotos brotaron en júbilos de blancas astillas. Y entonces soñé contigo; con una espalda olorosa donde el polvo se posaba ausentado por la ropa mientras la brisa rozaba lo que la sombra pregona. Y supe ya que te amaba, entreviendo alma y forma. Y quise ya ser tu cuello, tus pupilas y tu boca. Fui mujer enamorada sin conocer ni tu aroma”

 

Antonio Morales, presidente del Cabildo, acompañado por Teodoro Sosa como consejero de Presidencia y Movilidad Sostenible, ha anunciado hoy en el Salón de Plenos de la Institución, los nombres de las personas y entidades merecedoras de honores y distinciones del Cabildo Insular de Gran Canaria.

 

El presidente ha expresado por este mismo medio que “Pino Ojeda como ella firmaba, es una extraordinaria autora grancanaria, nacida en 1916 y fallecida en 2002, que ha permanecido olvidada durante décadas. Como muchas, desgraciadamente, por la sombra gris de la dictadura y el fanatismo. Afortunadamente, ha llegado la hora de redescubrirla y compartirla con todas las generaciones que no han tenido la posibilidad de conocerla y disfrutarla…Por ello, entre las prioridades culturales del Cabildo de Gran Canaria está el recuperar y reconocer el valor literario, creativo y artístico de muchas personalidades que han permanecido en el olvido durante casi un siglo por razones políticas, de género, etc. Para iniciar este apasionante reto hemos organizado un programa que pretende extenderse en el tiempo y en toda la geografía de Gran Canaria bajo el sugestivo título de EL PODER DE LA PALABRA”

 

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Asimismo, hoy expresaba Antonio Morales que “estas personas y entidades son una representación de nuestros valores y nuestra identidad como pueblo”

 

-La escritora y artista plástica, Pino Ojeda Quevedo.

 

-El escritor Rafael Romero Quesada, más conocido como Alonso Quesada.

 

-El futbolista Antonio Afonso Moreno, Tonono.

 

Los tres a título póstumo.

 

Como patrono de la Fundación Pino Ojeda y Cronista Oficial de la Villa, defiendo todo lo que por una terorense se haga en reconocimiento a sus muchísimos valores. A la vez que felicito y agradezco a la institución insular por esta decisión, envío un fortísimo abrazo a toda la familia de Pino Ojeda.

 

Debemos completar lo que nos quedó pendiente para ponerla a ella y a su legado donde deben estar. En Teror y difundiendo arte y vida.

 

Por Teror, su cultura y por Pino Ojeda.

 

José Luis Yánez Rodríguez

Cronista Oficial de Teror

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