Caminar. Juan FERRERA GILHoy, un lunes cualquiera de noviembre, nos disponemos a comenzar el día con un acto cotidiano y, a la vez, extraordinario y muy barato: caminar.
Antes de que se convierta en un recuerdo, iniciamos la marcha. Durante más de una hora hemos deambulado por las aruquenses calles y ahora paramos en la cafetería ubicada en la parte baja de la ciudad, La Catedral, para que el cortado de rigor corte definitivamente la mañana y la divida en dos. Esto de “cortar” el tiempo y la distendida charla sirve para que la mirada sombreada en el día azul signifique que nos encontramos ante un día apacible, tranquilo, que vive con la sana alteración semanal que predispone las cosas en su debido lugar. Como todo debe estar acorde con la caminata mañanera, seguimos empeñados en no prescindir de ella.
Y como la radio continúa con las noticias del día, el hablar del cambio climático ocupa un lugar preferente, aunque algunos lo nieguen.





























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