
La paloma, voló como pudo, una mañana de poco sol y de nubes que amenazaban con un aguacero.
La paloma gris, con su cabecita aceitada y con el lomo de plumas blancas sucias, tenía los ojos abiertos y alertados, por si algún humano mañoso se le ocurriera la estúpida idea de patear su vulnerable y delicado cuerpo.
La paloma, caminaba por la calle y evadía las astronómicas pisadas, mientras buscaba unas pocas migajas de pan o maíz trillado en el áspero pavimento.
Cansada de buscar alimento, con el hambre que le rompía el estómago, picoteó y picoteó sobre el concreto sucio. Su pobre pico maltratado tenía la esperanza de hallar un poco de la tierra virgen, que yacía sepultada bajo el peso de la cruel modernidad.
Manuel de León





























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