Volavérunt Opus 666

Ángel Manuel Chavarría López

[Img #18246]Como dijo Thomas Ligotti en uno de sus cuentos «Locura, caos, vandalismo erótico, devastación de innumerables almas: mientras gritamos y perecemos, la Historia se lame un dedo, y pasa la página».
 
Se hace muy recurrente una metáfora entre la sociedad: volar es sinónimo de libertad.
 
Todos los presagios que han quedado en las estanterías, cogiendo polvo de olvido, y el verbo ser ya ha sido, sin siquiera haber transcurrido un será. La frase del novelista de terror deja implícito uno de los mayores problemas de esta sociedad, que no es sino el tiempo.
 
Uno no está falto para comprender que el fracaso comienza cuando cesa el esfuerzo; sin embargo, también es bien sabido que hay una manía persecutoria para quienes no se deciden por una u otra orilla de la lágrima. Y pienso, ¿qué tendrán ciertas personas en su sangre para vivir criticando a quienes no piensan igual, en vez de aprender de otros puntos de vista? La historia se hace para que cualquier personaje haga lo que le permita la tinta y la página, con los límites establecidos por los bordes y la falta de esclarecimiento en las ideas si se superpone palabra sobre palabra, hasta que alguien que intente leerte solo consiga ver borrones de oscuridad.
 
Ambicionamos tanto los sueños que nos ahogamos en la melancolía de tiempos lejanos.
 
Tanta libertad quizá carezca de sentido si no se le corta las alas o se le da una contraparte, único modo que conoce el ser humano estúpido para explayarse en su vida. Encontrándose en su antítesis para vivir un día más, y que le hagan caso. Recordemos que Ícaro voló hasta ahogarse después.
 
¡Ay de ti si cometes un error! Las hogueras que iluminaban Alemania en épocas inquisitoriales eran menos agresivas y con presagios más halagüeños que las jaurías de borregos que se te echan al cuello hoy.
 
Luego se preguntan por qué falla en la actualidad la salud mental los mismos que han sido no menos que inquisidores llamando a tu puerta para señalarte con el dedo por no satisfacer sus caprichos y no lisonjear sus creencias.
 
Mientras, la Historia se lame un dedo, y pasa la página, pues como pienso del tiempo y el orden de las cosas a su debido momento, la procesión va por dentro.
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