Microrrelatos. "Verdes, pintones, maduros"

"...Verde, verde, pintón, maduro y la pobre Eugenia todo el santo día llorando porque no se adapta, es que esto es muy duro, muy duro, esto no hay cristiano que lo aguante..."

Rosa Delia Santiago Bolaños Lunes, 30 de Septiembre de 2024 Tiempo de lectura:
Empaquetadoras de tomates. Foto: FEDACEmpaquetadoras de tomates. Foto: FEDAC

Ya está allí subido en su tarima el perro presa ese del encargado del almacén, otra vez acechándonos a ver si nos pilla en un fallo, vigilando por si nos ve hablar entre nosotras o si nos miramos no vaya a ser que estemos distraídas y no pueda salir a tiempo el barco del muelle de la Luz por culpa nuestra, y así estamos todo el rato con la cabeza sobre los tomates, pero eso sí cada vez que podemos observándolo de reojo para que no nos vea echándonos un triste tomate a la boca, y el sudor frío que nos corre por la espalda cuando nos clava la mirada el muy desgraciado ese, o bien con el maldito palo dando golpes sobre las cajas para que no nos durmamos, que cualquier día se nos sale el corazón por la boca de los sustos que nos mete, sin piedad, sin educación, sin respeto. Por eso a lo tuyo Carmencilla, a lo tuyo, que no se te cierren los ojos, que no te equivoques, verde, verde, pintón, maduro, maduro, que mira tú lo que le pasó a la pobre Dolores porque se equivocó empaquetando los tomates y ahora está castigada a limpiar el almacén tres días seguidos después de terminar la jornada, ni que lo hubiese hecho queriendo, que somos personas, que son muchas horas de pie, que se nos cierran los ojos, ay, pobre chiquilla. Verde, verde, pintón, maduro y la pobre Eugenia todo el santo día llorando porque no se adapta, es que esto es muy duro, muy duro, esto no hay cristiano que lo aguante, y que no me echen una caja pa’trás Virgen del Pino bendita porque ya no me siento los pies, ni quiero que el perro presa ese me grite delante de todas y me deje en vergüenza, porque no sé si me voy a poder aguantar y no quiero que me echen que desde que está entrando este sueldito en casa ya madre tiene para comprar pan sin tener que fiarlo. Venga Carmencilla no te me despistes, pintón, pintón y este pequeño maduro rapidito pa’ la boca que mira que si te ve el perro presa ese, que el señor te coja confesada, mal rayo lo parta , ojalá se cayera de la tarima y se partiera todos los dientes amarillos y asquerosos de perro que tiene y el aliento a tabaco apestoso que te tumba pa’trás cada vez que abre la boca, entonces sí que me iba yo a reír de buena gana, a ver cómo se las arreglaba para gritarnos después, que mira tú que en este almacén no hay ni una floja, ni una, que necesidad hay de tratarnos así que aquí somos todas muy serias y cumplidoras, ni que no supiéramos hacer nuestro trabajo bien, ni que no fuéramos decentes. Y encima ahora, para colmo de males, tengo que pedirle permiso para ir al baño que a estas horas a saber cómo estará, que porque ya no aguanto más, que si no, de qué iba yo a meterme ahí, en esas letrinas hediondas, que nada más entrar ya te está diciendo que estás tardando porque hasta el tiempo que empleas en ir a hacer tus necesidades le parece mucho como si fuéramos niñas pequeñas que nos tiene que estar controlando todo el rato. Me meo, me meo ay, Carmencilla tira pa’lante y que sea lo que Dios quiera.

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