La calle y el río. Juan FERRERA GILLa calle que acompaña al río es ahora muy turística; sin embargo, en su inicio era una calle-calle que servía para transitar y atravesar los lugares al socaire de la frescura de unas aguas que, en estos tiempos asirocados, ha ido mermando su caudal.
En otro tiempo, la vida se escuchaba plena y apaciblemente y las casas no solo eran de sus propietarios, sino que estos convivían con las puertas abiertas de sus frescos zaguanes como invitando a entrar. Hoy todo se ha perdido y algunas ciudades, donde la Historia rezuma en cada esquina, están a punto de convertirse en parques temáticos.
Y eso, la verdad, no es nada nuevo: es más bien la constatación de una tristeza.
Juan FERRERA GIL






























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