La Rama como espejo de nuestra historia
La llegada cada 4 de Agosto de la celebración de La Rama, dentro de las fiestas de Las Nieves de Agaete, reabre el debate en torno al surgimiento del acto más multitudinario y conocido de las fiestas y deja ver al menos dos posiciones claras y antagónicas: la que remonta su origen al siglo XIX y la que sostiene su génesis prehispánica. Así se evidenció en la mesa redonda organizada esta semana por el Ayuntamiento de Agaete, donde pudimos conocer, además, el testimonio de algunas de las personas que sostienen, en la actualidad, la tradición de la traída de La Rama desde el pinar de Tamadaba.
Quienes defienden un origen reciente, asocian La Rama con la tradición de enramar o engalanar el pueblo, tal y como se hace en numerosas fiestas de las islas o de fuera de ellas. Así, la traída de la rama desde El Pinar (Tamadaba) con un fin decorativo dio lugar al surgimiento de la fiesta, en el siglo XIX, cuando los pescadores de la villa comenzaron a entregarla como ofrenda a su patrona, la Virgen de Las Nieves. Ésta fue transformándose hasta que después de mediados del siglo XX, con el fin de asimilarla al ritual indígena de petición de lluvia, se añadieron nuevos elementos como la costumbre de batir las ramas en la marea a la llegada a Las Nieves. Ello con el ánimo de dignificarla, estableciendo una conexión directa con el mundo prehispánico que, según los defensores de esta hipótesis, nunca tuvieron las fiestas.
Por otro lado, la teoría de que La Rama posee una raíz indígena, por la que me inclino, la desvincula de las enramadas, con un fin puramente decorativo, y alude a un proceso de sincretismo religioso, de simbiosis, que dio lugar a una expresión, a un ritual, a una manifestación que bebe de lo indígena, pero también de lo europeo y de lo africano. Ello sucede en un contexto social, el de Agaete de finales del siglo XV e inicios del XVI, multiétnico y multicultural, surgido de los procesos traumáticos de conquista, colonización y esclavitud, que incorporaron nueva población europea y africana a la aldea indígena. Así la imposición del cristianismo, de sus festividades y celebraciones se hace agregando posiblemente ingredientes rituales o tradiciones de esa población, de geografías y culturas diversas, pero con un peso importante de la nativa.
Esta controversia, de manera consciente o inconsciente, sustenta un debate más profundo, en el que es necesario ahondar desde una perspectiva diversa y rigurosa, en torno a nuestros propios orígenes, a los procesos de construcción de nuestra sociedad y de nuestra identidad, atravesada siempre por el velo del colonialismo.
Dudo que La Rama surgiera de manera espontánea en el siglo XIX para engalanar las calles y la iglesia y que, en la celebración de las fiestas de Las Nieves, que se remontan al menos al siglo XVI, no existan piezas de la visión simbólica prehispánica, cuando la población mayoritaria de la villa en aquella centuria era justamente indígena, como así lo atestigua la documentación histórica. Al igual que no considero que las ramas batidas en el mar, cada 4 de agosto, sea una foto fija del ritual de petición de agua prehispánico.
La fiesta es un espejo de nuestra historia, de la historia de Agaete. Un proceso evolutivo, mestizo y diverso que va incorporando retales del presente a la tradición, adaptándola a cada momento, a cada tiempo. Quienes impusieron el culto a La Virgen de Las Nieves, a finales del siglo XV, europeos y blancos, tuvieron que agregar de alguna manera costumbres de la población más numerosa, la canaria, como lo harían con las tradiciones de las personas esclavas, arrancadas forzosamente del continente africano para alimentar los Ingenios azucareros de Agaete, que conformaron juntos los cimientos de la nueva sociedad isleña.
Las fuentes históricas nos ofrecen un panorama, para el siglo XV-XVI, con una población canaria importante, algunas de ellas con gran poder dentro del nuevo sistema colonial. Como Hernán Sánchez Bentidagua , alcalde de Agaete y terrateniente, o Constantina de Cairasco (hermana del poeta Bartolomé Cairasco), descendiente de indígenas canarias, que tomó posesión a la muerte de su esposo de la hacienda e ingenio de Agaete, a la que pertenecía la Ermita de Las Nieves. La documentación ofrece, además, datos sobre la participación de la población esclava africana de la isla, en el ritual católico mediante la creación de cofradías, incorporando en las procesiones bailes y ritmos procedentes de sus lugares de origen.
¿En qué medida ese crisol multiétnico, que sentó las bases de lo que somos hoy, un pueblo mestizo, no fue asumido o integrado de alguna manera por la religión católica impuesta tras la conquista, dando forma también a expresiones culturales, festivas o rituales como La Rama?
Seguiremos, como cada 4 de agosto, con más preguntas que respuestas sobre el pasado de La Rama, pero disfrutando como siempre de su presente.
Pepe Guillén Medina
Licenciado en Geografía e Historia y Arqueólogo






























Isidro Sosa Ramos | Sábado, 03 de Agosto de 2024 a las 21:12:40 horas
Muchas gracias Pepe por tu artículo.
Creo que el mundo mestizo del que procede nuestra cultura y tradiciones es casi imposible de ver con una perspectiva no etnocéntrica. Incluso es posible que sea bueno dejarlo así (entiendo que los investigadores deseen desentrañarlos), dejarlo dotado de un toque místico inaccesible, una leve niebla que solo nos deje disfrutar de los contornos. Un abrazo.
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