El peligro de escuchar solo una parte de la historia

Raúl Llarena Hernández

[Img #19219]Uno a estas alturas no busca seguir siendo el centro de atención, pero hay momentos en la vida en los que la cabeza te pide aclarar cosas ante los demás para tenerlas claras tú mismo, y como bien dijo la Presidenta -de la Sociedad Aldeana de Servicios y Atención Ciudadana (SASAC)- debemos defender nuestro honor.

 

Estar en un cargo representativo es una tarea muy difícil en la que el error te acompaña muchas veces. La presión de las personas votantes, de una ejecutiva, de compañeros y compañeras que no siempre piensan como tú…, no tiene que ser fácil de gestionar. Hay que decidir y está claro que no siempre se va a contentar a todos.

 

En ningún momento, y quien me conoce lo sabe, juzgo mi despido -de la gerencia de la SASAC- como tal. Cada uno en la gestión de su empresa y con la normativa laboral actual tiene los medios a su alcance para despedir a un trabajador con los derechos y deberes respetados por ambas partes. Lo que juzgo son las formas, y sobre todo el escarnio público llevado a cabo por los representantes del pueblo, y por algunos miembros del Consejo de Administración, que también tienen responsabilidades legales, administrativas y éticas. Esas personas tenían que haber oído también la versión del trabajador, y no centrarse en seguir un discurso preestablecido. Aprovecho, eso sí, para dejar claro que no tengo problema alguno en debatir con cualquiera acerca de los motivos del despido, o sobre otro asunto que crean suficiente para juzgarme profesionalmente.

 

Juzgo el chismorreo interesado que intenta justificar una decisión que tiene una explicación clara y directa. Y sobre todo juzgo que un alcalde y una presidenta de una Sociedad Municipal sigan usando una carta de despido tras un acuerdo para intentar justificarlo todo.

 

De una parte, crítico la primera mención del máximo representante del municipio, haciendo alusión a que ha habido confianza y se han dado oportunidades a los trabajadores en el día a día de la empresa sin ser consciente de la limitación laboral que se ha vivido. Si usted llama confianza y oportunidad a llamadas sin contestar, retrasos de horas en reuniones, desconfianza, intromisión en decisiones de Gerencia, mensajes y correos tan importantes como una gestión con la fiscalía ignorados, deja clara la importancia que ha tenido para usted el devenir de la empresa.

 

Y también crítico el comentario que se dijo en el pleno municipal referido a que hay un índice que justifica mi cese. Un despido acordado por ambas partes como improcedente, que pongo en duda que se haya leído en algún momento, y tras las conversaciones que se hayan podido dar, las opiniones vertidas en alguna junta y la afirmación de que alguien puede ser buena persona y mal gestor dejan claro que también una persona puede ser mala en los dos ámbitos. Por otra parte critico la afirmación de la Presidenta de que la carta tiene motivos jurídicamente sustentados. Y si esa carta tiene un soporte jurídico, yo me hago las siguientes preguntas.

 

  • ¿Cuál es el motivo de que se realicen dos ofertas económicas para no llegar a juicio?

  • ¿Ha tenido esa carta algún tipo de debate judicial o entre las partes?

  • ¿Por qué no hacen uso de ella y terminan lo que empezaron?

  • ¿Esa carta es la verdad absoluta?

  • ¿Lo que diga la firmante de la carta no se puede poner en duda?

  • ¿Sabe la firmante que puntos de la carta no concuerdan con la realidad?

 

Quien está en el día a día de la empresa sabe perfectamente que esos argumentos son totalmente debatibles, por ser benevolentes con el término, pero es más fácil moverse en silencio para conseguir los objetivos. Aunque a veces el silencio sea el mayor de los escándalos. Y es mucho más beneficioso seguir sembrando la duda.

 

Hace ocho años y medio se me encomendó́ la gestión de la Sociedad Municipal que gestiona la Residencia de Mayores de La Aldea (centro sociosanitario en términos más actuales). Trabajador Social con máster en Recursos Humanos, que venía de desarrollarse profesionalmente y con mucho orgullo en la mayor empresa de este pueblo, COAGRISAN, donde aprendí́ gran parte de lo necesario para complementar mi preparación académica, empezando desde cero. Por lo tanto, aprendí́ lo que es trabajar, y aprendí́ lo que es trabajar en lo privado. Donde realmente duelen las cosas, donde se sufre de verdad.

 

Comencé́ mi tarea sabiendo que iba a un puesto de trabajo que no me pertenecía. Siempre supe que era un puesto de todos, que tenía que ser disciplinado y cabal, ser ejemplo. Un puesto en el que sabes que muchas personas te observan, que a todos no les ibas a gustar, y en el que la crítica constructiva, y aún más, la destructiva iba a estar muy presente. Entré solo, con el apoyo de mis compañeros y del Consejo de Administración, en una situación que no le deseo a nadie. Personal en estado de ERE parcial, desánimo general, desastre administrativo, multitud de sanciones a pagar…, y muchas más historias que no vienen a cuento ahora, pero que son de dominio público a día de hoy. No sé si tengo que aclarar quien ejercía la presidencia de la Sociedad en esa época.

 

Durante estos ocho años se ha incrementado de 550.000 a 1.300.000 euros el presupuesto de la empresa, se ha ampliado la residencia en 13 plazas, se han ampliado los servicios y los profesionales, se ha generado empleo, se ha subido de requerimiento, se han hecho inversiones, con aportaciones del Cabildo Insular de Gran Canaria y municipales, de más de 500.000 euros externos a la Sociedad. Y todo ello con mil errores, pero con muchos más aciertos.

 

Este año, en la época con mayor liquidez económica de la empresa, y en el año con mayor beneficio (beneficio que no debería de existir en una empresa del ámbito social), el argumento es “no se puede gastar, no hay dinero”. Y eso se le debatía al que se supone Tesorero de la Sociedad.

 

Para mi indemnización parece que si lo había, pero no había para sillones, ni para lavadoras, ni para contratar la sustitución de la enfermera. Curiosamente ahora también hace falta un trabajador social o un terapeuta. Hace unos meses el argumento era “ahora no, cuando sepamos el dinero que hay”. Otra administrativa si se podía contratar sin consultar con el gerente, que para una carta de despido era el responsable, pero para la tesorería y las contrataciones no. Pero en fin, esta guerra se acabó́, a quien le toque gestionar a partir de ahora le deseo toda la suerte del mundo, y estaré́ totalmente abierto a cualquier aclaración e, incluso, ayuda si la considera necesaria.

 

Quiero aprovechar estas letras para despedirme de mis compañeros y compañeras, de las personas que he conocido en el sector y, sobre todo de mis mayores, que son los que realmente importan, y los grandes olvidados en todo este circo. Deseo que todo se solucione y que todo mejore. La semilla ya está́ puesta, señora.

 

Raúl Llarena Hernández.

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