De la estupidez humana y las elecciones europeas

Josefa Molina

[Img #10531]El resultado de las recientes elecciones europeas, con el peligroso incremento de formaciones políticas de extremaderecha e incluso, euroescépticas que abogan por la desaparición del actual modelo europeo, me ha traído a la memoria un breve ensayo de Ricardo Moreno Castillo titulado ‘Breve tratado sobre la estupidez humana’. Pudiera parecer un sinsentido pero no, no lo es. Me explico.

 

El hecho de que la ciudadanía española no se molestara en acudir a votar el pasado 9 de junio (la participación en España alcanzó el 49,2 por ciento, 11,52 puntos menos que en la convocatoria de 2019, siendo Canarias, con un porcentaje de votación del 29,45% una de las comunidades donde menor participación se registró en todo el país), sabiendo lo que nos va en ello a nivel económico y de geoestrategia política y militar, unido a que el voto que sí se movilizó y fue a ejercer su deber democrático fue el de tendencia conservadora y ultraconservadora, pues nos indican, así, a priori, varias cosas.

 

Primero, que el votante de izquierda es bastante más indisciplinado que el de derechas (seamos autocríticos y vamos a aceptarlo para poder cambiarlo, claro); segundo, que existe en estos momentos una atmósfera de descrédito hacia lo que significa formar parte de esa amalgama llamada ‘Europa’; tercero, que existe un claro desaliento social que ha traído consigo la proliferación de partidos de tono euroescéptico que, sin creer en Europa ni en sus valores, votan dentro del sistema político europeo (¡toma ya contrasentido! O pensándolo mejor, con todo el sentido: utilizamos tus armas para bombardearte desde dentro, ¡vete preparando Europa!)

 

Por cierto, en este utilizar el sistema para bombardearlo, hay quien afirma, con toda su caradura, que quiere ser eurodiputado, no para defender los intereses de un grupo de ciudadanos europeos determinado, sino para tener inmunidad y no lo puedan empapelar por sus causas judiciales pendientes. Esto es lo que se llama tener cara dura nivel dios. Lo más lamentable es que la formación política del tipejo en concreto se hizo con tres escaños en la Eurocámara y el amigo contará con un sueldo de 12.000 euros mensuales por el hecho de ser eurodiputado. ¡Ja! Esto sí que es encumbrar a los caraduras. A ver si va a ser verdad aquello que afirmaba Eduardo Mendoza de que tenemos los criminales que nos merecemos...

 

Sigamos. Cuarto, otro sinsentido, y este que nos afecta directamente: los partidos de Canarias, región ultraperiférica, frontera de Europa por no decir ‘culo’ de Europa, que depende tan directamente de fondos europeos para casi todo, desde el turismo a las políticas sociales, pasando por las ayudas al plátano, a la pesca, a puertos, al comercio, migración y un largo etcétera, no han sabido transmitir a la población de las islas lo que eso implica para todas y todos, para nuestro presente y sobre todo, para nuestro futuro.

 

Y cinco, y como resultado de todo lo anterior, que la estupidez humana va in crescendo. A toda prisa y sin pausa.

 

Vivimos tiempos convulsos. Eso no es nuevo. Diría que los estamos viviendo desde que comenzó el siglo XXI. Solo espero que la humanidad haya estudiado un poco de historia y, con un poco de suerte, haya aprendido un tanto de ella, por aquello de no volver a repetir lo que tanto daño nos hemos hecho en los siglos pasados.

 

No me gustaría ver cómo nos adentramos en una tercera guerra mundial, más que nada, porque podría ser la última y definitiva, aunque, sin querer resultar agorera, que tengamos una guerra desde hace más de dos años en las mismas fronteras europeas con un país gobernado por un exmilitar que juega a ser emperador de Rusia machacando a la población de Ucrania y que se permita, como se está permitiendo con escandalosa e indignante impunidad, que el gobierno israelí liderado por otro machoman que se entretiene jugando a las guerras que no es una guerra, sino un genocidio con todas las de la ley, se salte todas las normativas internacionales de respeto a los derechos humanos, pues, ¿qué quieren que les diga?, no me hace pensar precisamente en que vayan muy bien las cosas por las entrañas de la geopolítica internacional, la verdad.

 

Por cierto, cuando reflexiono sobre estas personas que lideran la política internacional actual, así como otras como la del rockero con patillas que pide consejo sobre cómo gobernar un país a su perro muerto o el del pelo color naranja que, mucho me temo, liderará de nuevo el país más poderoso del mundo a pesar de tener cual espada de Damocles una orden de prisión acariciando su cuello, no puedo evitar observar en ellas la personificación del psicópata: falta de empatía, soberbia, narcisismo, creencia de estar en posesión de la única verdad, la suya; no conoce el remordimiento ni la culpa, abuso de poder, utilización de los demás para sus propios fines,… Sería de lo más interesante un análisis por parte de una persona experta en criminología sobre la psicología de estos personajes. Ya se sabe que donde más psicópatas existen es en el mundo de la política y de la empresa. Por algo será.

 

Así que, retomo, no creo que sea agorera, sino más bien, realista. Y todo esto me ha llevado a reflexionar en torno a la estupidez humana.

 

Estoy de acuerdo con Moreno Castillo cuando afirma en su ensayo que, aunque parezca que en la actualidad hay más estúpidos que antes en la historia, esto no es del todo cierto. Lo que sucede es que las personas estúpidas cuentan hoy con más herramientas que nunca para llevar a cabo sus estupideces y, además, difundirlas con el aplauso de todo un séquito de gente igual de estúpida que ellas. Y si no, paséense un poco por las redes sociales, especialmente, las de tipo tik-tok e instagram. ¿Cuántos vídeos de gente bailando, maquillándose o comiendo hielo hay subidos a las redes? Por favoorrrrrr…. ¡qué aburrimiento!

 

Y, para aclarar, cuando hablo de estupidez humana me estoy refiriendo a aquel conocimiento que se retroalimenta en sus propias consideraciones y argumentaciones. El cultivo de la inteligencia requiere de debate, de exposición de ideas, de confrontación dialéctica. Es así como se crece y se aprende. Y, por supuesto, sin insultos ni violencia. De lo contrario, ya no es debate, sino otra cosa.

 

De nada me vale leer siempre lo mismo, hablar siempre de lo mismo y con las mismas personas, porque eso no me ayuda a conocer otras posiciones y por tanto, a darme la oportunidad de cambiar de perspectiva ante los hechos, las ideas o los acontecimientos, si lo considero. Es decir, a llevar a cabo ese acto tan poco habitual en la vida actual como es abrir la mente.

 

Siempre se ha dicho que la información es poder. Y efectivamente así es pero también es conocimiento. No se trata de atesorar sino de compartir y crecer en el camino.

 

La estupidez humana se alimenta de sí misma y ante ella, no podemos callar, aunque nos vaya en ello el prestigio, la reputación e, incluso, la vida. ¡A cuánta gente se le ha llevado por delante una mentira! Frenen un poco y observen cómo se machaca a las personas en las redes, cómo se desprestigia a las personas que no opinan como esa minoría mayoritaria que se cree en posesión de la verdad, de lo políticamente correcto. ¡Cuánto daño ha hecho la estupidez humana! Tanto que hasta la gente tiene miedo en expresar sus ideas no sea que lo conviertan en objeto del escarnio colectivo.

 

Ya que en redes, lejos del debate y la razón, lo que abunda es el machaque anónimo. Y da igual que sea un bulo. El bullying digital puede conducirte al ostracismo social, al despido laboral, al señalamiento colectivo y burlesco cuando no directamente al hospital o a la morgue. Las redes sociales son los grandes mentideros de la actualidad para el chismorreo colectivo y la transmisión de bazofias opinativas de todo tipo. Y ya saben: difunde una mentira, que ella correrá solita.

 

Y lo cierto es que la mentira, aunque se repita mil veces, no deja de ser lo que es: mentira. Por eso me sumo a la sentencia del gran Miguel de Unamuno: ‘Primero la verdad que la paz’. Siempre. ¡Ay, don Miguel cuánta falta hace hoy!

 

Por fortuna, frente a la estupidez humana, caben algunas vacunas que ayudan a reconducir la sapiencia humana. Una de ellas es leer, leer mucho y leer diferentes cosas, desde novelas de ficción a filosofía e historia. Por supuesto, lo óptimo es adentrarse en la lectura de ensayos, textos y obras de personas que no necesariamente piensen y opinen igual que tú.

 

Y otra vacuna es viajar, conocer otras culturas, otras formas de vivir, de soñar, de afrontar un futuro. Así es como descubrimos que la humanidad está compuesta de un compendio de corazones, de ideas, de razonamientos, de lo más variado pero -¡Oh, qué cosas!- a todas las personas nos late un corazón y nos corre sangre del mismo color por las venas, a pesar de que algunas piensen que su sangre es azul y que son mejores que las demás por tener la piel blanca o ser varón o ser heterosexual o residir en un país occidental o tener un rolex de oro.

 

Si el saber es la materia prima de la inteligencia, la desmemoria colectiva lo es de la tontería. Porque es de tontos olvidar el pasado. Olvidar significa que puedes volver a cometer los mismos errores. Y les digo una cosa: últimamente, observo a mucho desmemoriado por ahí suelto. Basta con leer un periódico o bucear un poco por las redes, y encontrarán a infinidad de ellos.

 

Por supuesto, todas estas consideraciones que expongo son propias. Si no les parece bien, siempre pueden rebatírmelas. Desde la educación y el respeto, por favor. Les prometo que no voy a imitar a Groucho Marx en aquello de que ‘Estos son mis principios; si no les gustan, tengo otros’.

 

Los principios son los que cada persona tiene aunque, les recuerdo, tampoco son inamovibles. Leer, contrastar opiniones y conocer otras culturas y otros pareceres, ayuda a cambiarlos, si se estima conveniente, pero sobre todo, ayuda a obtener empatía. Se entiende que siempre con el fin de mejorar como persona. Que a eso es a lo que cada una y uno debe aspirar. O al menos, debería.

 

Josefa Molina

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