El avance de la ultraderecha, puede hacer peligrar la esencia de la U.E.

Juan Reyes González

[Img #5587]Como sabemos, próximamente, tenemos una nueva cita electoral; esta vez en Europa; nada más y nada menos, que las elecciones al Parlamento Europeo, que se celebrarán en nuestro país, el próximo, nueve (9) de Junio; y, ni que decir tiene, que desde que se dio la señal de inicio de la campaña, nos encontramos en pleno torbellino electoral, con los correspondientes debates, y acciones propios de estos actos electorales; no en vano, ahora mismo, ya se escuchan y leen en distintos medios de difusión, dignos de fe y de crédito, pronósticos que vaticinan una mejoría de las extremas derechas, en lo que se refiere a la percepción y reconocimiento público, en el ámbito político; mejoría, que dicho sea de paso, no solo afecta a Europa, que es lo que nos trae aquí; sino también, a otros países, más allá de sus fronteras.

 

Y es que, estamos viendo, que, desde hace algún tiempo a esta parte, se evidencia que estas formaciones políticas, se están posicionando en el marco político europeo y allende los mares, no solo por la entrada de los partidos directamente reconocidos como de ultraderecha, sino porque observamos, que aquellos partidos de derechas moderadas, están endureciendo más sus políticas conservadoras.

 

Un ejemplo claro, de lo que acabo de decir, lo podríamos ver, a mi juicio, en la Comunidad de Madrid, donde el Partido que gobierna con mayoría absoluta, siendo de derechas, actúa, sin duda alguna, con políticas, que nada tienen que envidiar a las de sus antiguos socios de ultraderecha.

 

En Italia, en Austria y en Francia, avanzan; aunque en este último país, la ultraderecha, se ha visto aislada por los otros partidos; pero, a pesar de ello, no han cesado en su empeño de asociarse con sus afines en Europa y también con los de más allá de las fronteras del viejo continente; y no digamos nada de Alemania, donde la ultraderecha, se ha hecho muy fuerte, a nivel regional.

 

En nuestro país, preocupa y mucho; hasta el punto de que quien lo preside, inició su caminar hacia las europeas, poniendo el punto de mira, entre otras cosas, en lo que más le ocupa y preocupa, ahora mismo; es decir: Palestina, la ultraderecha y la pugna contra los bulos.

 

Ni que decir tiene, que también avanzan, en Hungría, Finlandia y Polonia; ya que todos y cada uno de ellos, siguen la misma línea política anteriormente descrita; pero es que, por si fuera poco, en Latinoamérica, siguen la misma corriente; como se está demostrando ahora mismo, en El Salvador, Argentina, Ecuador, Paraguay, y Uruguay. Y para rematar la faena, si dirigiéramos nuestra mirada hacia el Norte, nos encontraríamos, nada más y nada menos, que, con la posibilidad de que el expresidente y candidato republicano estadounidense, gane las próximas elecciones en su país, con lo que, sin duda alguna, se incrementaría la presión, en todos aquellos países, donde gobiernan los partidos con significantes políticas sociales.

 

Y ello, es porque las políticas de la ultraderecha, derivan, lo hemos podido observar, en un significante retroceso en derechos y libertades, y como no podía ser de otra manera, en la reducción del estado de bienestar.

 

Y es que, por ello, ahora mismo, el Órgano competente para ello, entiendo, que debiera plantearse, exigir la eliminación de la presencia de mensajes cargados de discriminación, y toda la serie de argumentos que evidencian retrocesos en los avances sociales, que tanto costaron conseguir; porque, ¿cómo es posible, que, en un país, con una democracia consolidada; en las elecciones a la alcaldía, de una de sus ciudades más importantes, se apelase, en el folleto de una de las candidaturas, al slogan de: “NO A LA INMIGRACIÓN”, aun cuando, la historia de este país, se ha construido y se construye, en base a la inmigración?

 

Es evidente, que la extrema derecha tiene muy claro lo que pretende, y que lo transmite, bien sea, desde los discursos más retrógrados y conservadores, bien sea, desde aquellos discursos, que se quieren vender como estrategias de progreso y libertad, pero también es evidente, que, cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia.

 

No es menos evidente, que la idea de la ultraderecha, es una idea que se sostiene en mantener la provocación y el asombro de la audiencia, dando lugar, a un estado de indignación y confusión constante en su electorado; porque así, de esta manera, cuando se les desmontan sus discursos, apelan dramáticamente a su público, posicionándose como víctimas de la libertad de expresión; consiguiendo con ello, el incremento de la indignación y la confusión.

 

Y, como no podía ser de otra manera, el objetivo, es el de siempre; o sea, el de tratar de enfangar o hacer ruido, porque entienden que es la fórmula para mantener a su electorado en un estado emocional alterado que facilite su mangoneo y que evite el pensamiento crítico y el debate político.

 

Y es de recibo, que lo que realmente está detrás de su agenda conservadora, es el cuestionamiento de la solidaridad entre territorios, así como, la puesta en valor de lo común y el respeto a la pluralidad; que, dicho sea de paso, está tan amenazada, que ahora mismo, supone en grave riesgo, para la continuidad de la U.E. Y es que el desmontaje de las políticas sociales, obtenidas a través de años de mucho esfuerzo, con movilizaciones sociales y políticas, ya hemos observado, que no tardan en verse, cuando estos discursos contaminan los espacios de la representación política.

 

Y no olvidemos, que uno de esos derechos conseguidos, es el derecho al voto; derecho que siempre debiéramos ejercer, votando a un partido político; no, por el hecho de que el partido, sea de derechas o de izquierdas, o por la firma o la rúbrica; sino atendiendo a las propuestas, al programa, o a la trayectoria política que ha llevado a cabo ese partido; porque de lo contrario, vista así la política, la podríamos comparar con el fútbol; pero no hay, por qué verla así; porque la política, no tiene absolutamente, nada de similitud con el fútbol; dado que este deporte, tiene bastante que ver, con los sentimientos, y con el corazón; si bien, la política es algo muy diferente; porque no entiende, ni tiene que entender de sentimientos; la política, únicamente, entiende de razones y de decisiones que, dicho sea de paso, nos afectan en nuestro día a día; y quien vota a un determinado partido, que se considera o dice ser de izquierdas o de derechas, simplemente, porque el ciudadano, sea de izquierdas o de derechas, no parece ser una razón muy inteligente, que digamos; por tanto, conviene, que asumamos nuestra responsabilidad política, y votemos con criterio al Parlamento Europeo.

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