Panorama poselectoral, catalán

Juan Reyes González

[Img #5587]Una vez y observado el resultado de las elecciones catalanas, se puede constatar que no ha habido sorpresa, en cuanto a los pronósticos preelectorales, por lo que estos resultados, no hacen más que confirmar las tendencias marcadas desde antes de la campaña electoral; es decir: gobierno de los socialistas, conforme a los acuerdos que obtenga con otros partidos, o repetición de elecciones con carácter inevitable.

 

Como sabemos, los socialistas catalanes ya anunciaron su disposición a pactar con la práctica totalidad de formaciones políticas, con la única excepción de las dos extremas derechas que allí se presentaron (la ultraderecha nacional y la ultraderecha catalana soberanista). Ni que decir tiene, que la buena predisposición socialista, a pactar con casi todas las formaciones políticas, se debe sobre todo a qué. a pesar de haber ganado las elecciones con una mayoría simple importante, no ha obtenido, la mayoría suficiente como para gobernar en solitario; razón por la cual, precisan de más de un apoyo externo, en todos los casos, excepto, si el pacto se diera con Junts.

 

No obstante, en el escenario que se abre ahora aparece como opción más natural un gobierno apoyado parlamentariamente en una mayoría absoluta de 68 diputados de izquierdas; eso sí; a la espera del voto en el exterior, que formarían los 42 de los Socialistas, los 20 de Esquerra Republicana y los 6 de los Comunes Sumar, alrededor de un programa de izquierdas, que supere la lógica de independentismo contra constitucionalismo. La baja participación (57,94%) me hace pensar, que tiene mucho que ver, con el cansancio de una comunidad, sometida durante años a una grandísima tensión política.

 

Lo que está claro, es que el nacionalismo catalán, convertido en independentismo, ha perdido la mayoría en el Parlamento de Cataluña; y el resultado de las elecciones de este domingo, me da pie, a pensar que se podría interpretar únicamente, como el voto de una sociedad, como ya dije antes, cansada de más de diez(10) años de discrepancias y parálisis institucional, en la que se han sucedido, nada más y nada menos, que cuatro elecciones, cuatro presidentes, un intento de ruptura constitucional, la suspensión del autogobierno y, a mi juicio, una gran desconsideración por la gestión de las políticas públicas que afectan al día a día de los ciudadanos. Por todo ello, en mi opinión, no descarto, que los catalanes con sus votos hayan pedido el final de esa etapa.

 

Pero, ello no quiere decir, que se haya enterrado al independentismo, como pregonan algunos, no; de ninguna de las maneras; porque el independentismo dispone de raíces muy profundas, poco menos que imposible de desarraigar; pero sí, que se podría conseguir incrementar la lucha ya iniciada en la legislatura anterior, por un mayor sosiego y por el regreso paulatino a los cauces de la institucionalidad.

 

Por tanto, guste o no guste, el independentismo sigue ahí, aunque más debilitado; está claro que continúan habiendo dos grandes bloques, bastante próximos en apoyo ciudadano: el independentista y el no independentista, y ahora, nos queda por ver, si los pactos, se hacen al margen de la ideología, y también ajenos al afán soberanista, y si ello, hace posible, que la acción política del Gobierno se centre más en políticas sociales que en estandartes, que, a mi juicio, son menos trascendentales.

 

Lo cierto es que, dado el resultado de las elecciones, los socialistas catalanes, han recogido una muy buena parte del voto de la izquierda, que dicho sea de paso, es su referente claro; y creo que por lógica, buscarán, en principio, el apoyo de la izquierda a su izquierda, y también del nacionalismo desencantado; pero son los republicanos los que tienen que desequilibrar la balanza que se ha generado en base a los resultados de las elecciones: por una parte, un gobierno de los socialistas, y por otra, una posible repetición electoral, que no solamente aumentará previsiblemente, una abstención, que ya se presiente elevada, sino que, si se cumplen las leyes básicas de la teoría política, los dos grandes partidos en liza, se fortalecerán y por tanto, los republicanos de Ezquerra, perderán, aún más, peso electoral.

 

Y, es que, los republicanos, han perdido la primera posición en el espectro nacionalista, ante su principal adversario nacionalista (Junts), del que hemos de decir, que, aunque creció, su crecimiento es relativamente modesto para las expectativas que se habían creado. Yo creo, que ahora, se abre una etapa para los republicanos en la que se les presenta la oportunidad de volver a ser un partido independentista con su propio espacio, abandonando la pelea con Junts, por una mayoría que los catalanes, el pasado Domingo. rechazaron en las urnas.

 

Por otra parte, el hundimiento de la CUP, que perdió cinco diputados, no hace más que confirmar, a mi juicio, que el radicalismo, comprende un espacio muy corto, y, en el que, por ese motivo, no caben todos.

 

Del partido ultraderechista nacional, hemos de decir, que repitió resultados y mostró una solidez preocupante en su suelo electoral.

 

Los Populares que pasaron de 3 a 15 diputados, tienen mucho que celebrar por haber conseguido reagrupar buena parte del voto antinacionalista, pero la realidad es que no ha hecho mella en el electorado del principal adversario a su derecha.

 

Preocupa, y mucho, la irrupción en el Parlamento de una segunda fuerza de extrema derecha, porque la ola ultra no ha tocado techo, cuando quedan solo unas semanas para las elecciones europeas. La ultraderecha catalana es un partido soberanista, que, aunque defiende una identidad distinta a la del partido ultraderechista nacional, bebe de la misma fuente.

 

Y para acabar, he de decir, que espero y deseo que se cumpla, por parte de los representantes elegidos en el Parlamento, el supuesto mandato de los votantes catalanes, de elegir un Gobierno, pensando en la estabilidad y en la gestión fiable de los problemas cotidianos de la ciudadanía catalana..

 

Juan Reyes González

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