Foto: Juan FERRERA GILQue Arucas haya contado siempre con Pino Sosa es una inmensa suerte: su lucha, su amor por los demócratas y por la vida, ha servido para rescatar a los que un día se llevaron los miedosos y los violentos, quienes gozaron durante años de los parabienes de un Régimen y de una Iglesia excluyentes.
Sin embargo, no le mueve a Pino Sosa el rencor y, menos aún, el odio: solo el deseo de poder enterrar dignamente a aquellas personas que se significaron, o no, en un tiempo salvaje y tan propenso a la ira que, además, contaba con el beneplácito de las armas, que se imponían al diálogo y a la razón.
Por eso Pino Sosa se aferra a la vida, aunque esté en un entierro, como muestra la imagen: caminar para recordar a los desaparecidos.
Juan FERRERA GIL






























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