La universidad y su capacidad para el movimiento

Josefa Molina

[Img #10531]Cuando escribo esta columna de opinión, más de 2.000 estudiantes universitarios han sido detenidos por su participación en las protestas propalestinas en las universidades de Estados Unidos. A la par, un efecto maremoto se está extendiendo por todos los centros educativos no solo de EEUU sino también de países como Australia, Italia, Francia, Inglaterra, Holanda, Alemania y España.

 

Este movimiento estudiantil demuestra que la población joven universitaria tiene una posición crítica contra el poder político y muestra su pulso exigiendo el fin del genocidio del pueblo palestino y de cualquier tipo de apoyo por parte del gobierno de Biden al de Netanyahu, generando un escenario político que los especialistas ya han comparado al vivido en Estados Unidos en 1968 cuando la población universitaria se levantó de forma masiva contra la guerra de Vietnam, provocando la detención de cientos de estudiantes e incluso la muerte a mano de la guardia nacional de cuatro alumnos universitarios.

 

Todo ello me ha llevado a reflexionar sobre el papel de las universidades como espacios no solo para el estudio y la formación académica, sino también como motores de propulsión del pensamiento crítico entre la juventud, al menos, entre la población universitaria, lo cual, sinceramente, me produce una grata sensación de esperanza hacia la juventud con capacidad para elevar un 'Basta ya' y ejercer de forma democrática su capacidad de unión y su movimiento por los ideales que creen correctos.

 

Sobre las manifestaciones contra la guerra de Vietnam y del fenómeno del alzamiento universitario en los años sesenta existen decenas de novelas, ensayos y películas, pero les quiero traer hasta este espacio el libro Do it!, -en español, ¡Hazlo! Escenarios de la revolución del 68-, de Jerry Rubin, quien junto a Abbie Hoffman, fundó el Partido Yippie, una especie de fusión entre el movimiento hippie de la época y la nueva izquierda.

 

El activismo de Jerry Rubin fue crucial en los setenta cuando coordinó las manifestaciones que tendrían lugar durante la Convención Nacional del Partido Demócrata en Chicago. Era agosto de 1968. Aquella convención consiguió alterar el orden público y llevó al gobierno norteamericano de la época a iniciar un proceso por conspiración a un grupo de ocho jóvenes, entre ellos, Rubin. La película 'Los ocho de Chicago', de 2020, recrea este momento, centrándose en el juicio que se llevó a cabo contra estos jóvenves, cabezas visibles del los movimientos de protesta contra la guerra.

 

Do it!, que fue publicado en marzo de 1970, un mes después de que a “los 8 de Chicago” se les otorgara la libertad condicional, está concebido como un manifiesto del movimiento Yippie liderado por Rubin, vinculado al movimiento de la contracultura de los sesenta y setenta.

 

En el citado libro se pueden leer sentencias tan inspiradoras como “La revolución no va de lo que crees, va de lo que haces cada día, de cómo vives” o “la revolución no supone el fin de las guerras ni el fin del racismo. La revolución significa la creación de nuevos hombres y mujeres. La revolución supone una nueva vida. En este planeta. Hoy”. O ideas de calado anticapitalista como: “El dinero es violencia. El dinero no es un asesino tan espectacular como el napalm, pero Amérika mata a más gente con el dólar que con sus bombas”.

 

Eran los sesenta y el mundo intelectual vivía una revolución marcada por la idea de generar un cambio profundo y estructural de la economía, la cultura y la política. Se vivía la época de los grandes cantautores como Bob Dylan y Joan Paez, del pacifismo de Martin Luther King, de la música de The Beatles y los Rolling Stones y de la poesía de la contracultura de Allan Ginsberg.

 

En todo el planeta se levantaron voces contra la guerra y a favor de la paz. Mientras en Estados Unidos se manifestaban contra la guerra de Vietnam, en Francia se alzaban numerosas protestas estudiantiles principalmente universitarias, y posteriormente sindicales, exigiendo un orden social y económico no consumista, anticapitalista, anti imperialista y anti fascista. Era el Mayo francés. El fenómeno también se extendió a Praga, donde se buscaba poner fin a la influencia soviética sobre la vida política, económica y cultural de Checoslovaquia y a Polonia, donde los universitarios lideraron un conjunto de protestas exigiendo libertad de expresión y reformas.

 

Estábamos, pues, ante un momento de gran convulsión política, de barricadas en las calles, de agitación social, pero también en un momento de expansión de un sentimiento bañado en grandes esperanzas por transformar un mundo cada vez más controlado por los intereses económicos y políticos del sistema capitalista. La juventud de los sesenta reclamaba para sí un futuro diferente, con sus luces y sus sombras, sí, pero más justo, libre e igualitario.

 

Algo similar, salvando las distancias, es lo que está sucediendo ahora en Estados Unidos y varios países del mundo occidental. La población joven exige un mundo diferente y eso, lo reconozco, me hace recuperar la credibilidad en nuestra juventud. Hay personas jóvenes comprometidas que tienen intereses más allá del último iphone, de las zapatillas de marca o de los resultados del fútbol. ¡Bravo por ellas y ellos!

 

Como bien saben, todos estos movimientos fueron acallados con el ejercicio de la violencia por parte de las fuerzas policiales de sus respectivos países, como ahora mismo está sucediendo en Estados Unidos y en el resto de países donde la población universitaria ha iniciado protestas. Y aunque no obtuvieron consecuencias directas en cuanto a transformaciones sustanciales en sus sociedades, sí que germinaron en la mentalidad cultural y social de la época, conformando la base del ideario político de posteriores movimientos sociales que como, la exigencia del derecho libre al aborto de la segunda ola del movimiento feminista.

 

Si quieren profundizar un poco más en estos temas, les recomiendo la lectura de dos libros que vienen muy al caso. Por un lado, La mística de la feminidad de la estadounidense Betty Friedan, obra de referencia de la segunda ola feminista, y por otro, El acontecimiento de la premio Nobel de Literatura 2022, Annie Ernaux, una obra desgarradora en la que la autora (y protagonista) narra el miedo y desamparo sufrido al enfrentarse a un aborto clandestino en la Francia de los sesenta. Hay que recordar que el aborto no fue despenalizado en este país hasta 1975 con la aprobación de la denominada ley Simone Veil. Por cierto que hace apenas un mes, Francia blindó este derecho en su Carta Magna.

 

Con todo lo expuesto, lo que busco es hacer hincapié en la importancia del acceso al conocimiento y a la formación como herramientas indispensables para capacitar a la persona de las armas necesarias para ejercer la argumentación y el debate político, algo en que, desde luego, las universidades tienen un papel crucial como centros de aprendizaje para las futuras personas especialistas en diferentes áreas del conocimiento. ¿Dónde se encuentra el gérmen que cuestiona todo el orden establecido si no es en los ámbitos universitarios en los que se investiga, se debate, se estudia y se confrontan las ideas?

 

Al pensamiento crítico solo se puede acceder a través de la lectura de autoras y autores que cuestionan el orden establecido desde el posicionamiento científico y un cuestionamiento filosófico de las supuestas verdades absolutas, precisamente para cuestionar que son tan verdades ni mucho menos absolutas.

 

En una época donde todo fluye con tan poca consistencia, donde nada permanece el tiempo necesario para la reflexión y el debate, donde las informaciones falsas de todo tipo corren a sus anchas por las redes encendiendo absurdos enfrentamientos entre personas anónimas que no se conocen de nada, la lectura encierra ese poder mágico del recogimiento, la confrontación de ideas y el autoconocimiento, además de proporcionar a la gente más joven los instrumentos necesarios para ser capaz de contrastar las informaciones y descubrir, o al menos intuir, si intentan o no manipularles.

 

Que vivamos en una sociedad sobre informada, donde contamos como nunca en toda la historia de la humanidad, con decenas de medios a los que acceder gratuitamente para informarnos de cualquier cosa, no implica que estemos bien informados. Más bien, todo lo contrario: estamos más desinformados que nunca. Y ello es así porque no contamos con la formación, las herramientas ni la capacidad necesaria para discernir cuánta de certeza y verdad hay (o no la hay) entre una información u otra.

 

Y cuidado porque con la llegada de la Inteligencia Artificial, la capacidad para discernir entre una realidad u otra alcanza cotas cada vez más inverosímiles. De hecho puedes recibir una llamada con una voz creada por Inteligencia Artificial que suplanta la voz de tu jefe y darte la orden de realizar una transferencia bancaria a una determinada cuenta que tú realizas sin cuestionarte si es falsa o no. Claro, ¿por qué te lo ibas a cuestionar? ¡Es la voz de tu jefe! Pero, ¿es tu jefe realmente? Con la Inteligencia Artificial llegan nuevas formas de estafas, desfalcos y robos. Me temo que el ingenio de los que hacen el mal es siempre de lo más creativo.

 

De hecho, creo que con la IA perderemos el elemento clave de la comunicación humana: la confianza. Espero que esto nunca nos falte en este espacio dedicado a la reflexión, la opinión y los libros.

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