Educación infantil

Tu hijo/a es más que una nota

Normalmente desde las familias se vive esta temporada con agobio, con expectación, como si fuera una competición.

Haridian Suárez Vega Miércoles, 08 de Mayo de 2024 Tiempo de lectura:

Se acerca el final del curso escolar, y con ello las temidas notas.

 

Normalmente desde las familias se vive esta temporada con agobio, con expectación, como si fuera una competición.

 

¿Te imaginas que terminaras el trimestre laboral y te bombardearan con preguntas del tipo...quién ha ganado más, tú o tus compañeros de trabajo?

 

Tu compañera ha recibido un ascenso...¿no te da vergüenza que tú no lo hayas conseguido?

 

Esto no es, o no debería de ser, una competición de ver quién ha sacado mejores notas; como si el valor de nuestros hijos se midiera por sus resultados académicos.

 

Las notas están muy sobrevaloradas y muy lejos de ser un reflejo del esfuerzo y la superación necesaria para obtener éxito en la vida.

 

Tu hijo/a es más que una nota.

 

Cuando tu hijo/a recibe un 4 o cualquier otra calificación, está recibiendo el valor numérico de lo que ha sido capaz de transmitir en un examen. Solo eso.

 

Esa nota no le dice qué sabe hacer bien, ni dónde están sus dificultades, no le ayuda a reconocer sus logros ni sus aprendizajes, ni a identificar las dificultades que tiene.

 

Las notas, como toda estadística numérica solo se basa en cuantificar y no en cualificar ni en medir la calidad de una persona.

 

Los niños/as que alcanzan altas calificaciones, suelen tener una buena autoestima, tienden a confiar en sí mismos y a sentirse capaces e importantes. Por el contrario, los que suelen obtener bajas calificaciones, se ven desmotivados para aprender, se sienten frustrados por sus fracasos y que no son ni serán capaces de mejorar; además cuando logran algún éxito, tienden a atribuirlo a causas externas (la suerte, lo fácil que estaba el exámen…) por lo que influye en el empeoramiento de su autoconcepto y su autoestima.

 

Y así seguimos en bucle por la vida. No alcanzo las expectativas de lo que debería ser, mi autoconcepto empeora, me esfuerzo pero no lo consigo, no se valora mi esfuerzo, así que no soy digno de reconocimiento….

 

Mi madre (o padre, o profesor/a) me dice lo orgullosa que está de mí solamente cuando alcanzo eso que está en las expectativas del sistema educativo. No en mi esfuerzo, no en mis pequeños logros, no en mis habilidades o mi valía, sino en si he alcanzado o no el objetivo que se mide por la nota.

 

Tu hijo/a es más que una nota; y además esa nota no le garantiza ningún éxito en la vida. Sin embargo, el esfuerzo, la perseverancia, en interés y la intención, sí que pueden acercarlo más a ser una persona exitosa (aunque eso no conlleva ninguna calificación)

 

Pero...la llegada de las notas es inevitable….¿Qué escenarios se pueden dar?

 

Puede ser que tu hijo/a se sienta satisfecho con la nota que le han dado, que se sienta orgulloso/a y que sienta que ha sido justa la calificación recibida.

 

O puede ser que no esté satisfecho ni de acuerdo con la valoración recibida. Que se sienta frustrado y desalentado.

 

Incluso, es posible que se muestre indiferente a la nota, que “pase de todo”.

 

Y un último escenario podría ser que a pesar de las buenas notas se sienta frustrado.

 

Sea cual sea el escenario con el que nos encontremos al final de este curso escolar, lo primero debería ser dejar que sean ellos/as quienes vean primero sus notas y dejarles espacio para que experimenten qué emoción les provoca, cómo se sienten con ese resultado. Y luego mostrar nosotros interés por esas emociones (no por las notas) sin juicios.

 

Si está satisfecho simplemente podemos decirle...¿estás satisfecho? ¿te sientes orgulloso? Me alegro que se vea reflejado tu esfuerzo.

 

Si no está satisfecho con el resultado pero sabemos que se ha esforzado podríamos decirle algo como… a veces los resultados no reflejan nuestro esfuerzo; Cuenta con nosotros si necesitas ayuda; Te queremos y estamos orgullosos por lo que eres, no por la nota que te pongan.

 

¿Y si la mala nota es reflejo de su poco esfuerzo? En ese caso podemos empatizar con él/ella, reconociéndole que es muy poco motivador estudiar asignaturas que no nos gustan, a todos se nos ha atravesado alguna materia y hemos tenido que pedir ayuda. ¿Qué crees que puedes hacer para superar esta materia? ¿qué crees que necesitarías? ¿en qué podemos ayudarte?

 

Porque a ver, no tenemos que ser los mejores en todo, ni tenemos que estar supermotivados para estudiar algo que por más que lo intentemos no nos gusta. Cada uno tiene sus fortalezas y debilidades, y no podemos pretender que se le de bien todo. Sólo ayudarlo a entender que aquellas materias que le gustan menos, le van a requerir más esfuerzo, y quizás pedir ayuda. Buscar juntos las posibles soluciones y ponernos a ello, sin juicios.

 

¿Y si “pasa de todo”?

 

Hay veces que parece que el mal resultado le da exactamente igual, parece como si ya hubiera tirado la toalla y eso sí que nos desespera.

 

Esta actitud normalmente es el resultado de su desaliento, llega a un punto que prefiere “tirar la toalla” que enfrentarse una vez más al fracaso.

 

Su autoestima está tocada y necesita aliento, no sermones ni castigos.

 

Sólo empatiza, tiéndele tu mano desde la calma, sin juicios, sin críticas, sin etiquetas. Y como en el caso anterior, averigua qué necesita para sentirse alentado, qué tipo de ayuda y en qué podemos contribuir.

 

En el último escenario, nuestro hijo/a se siente frustrado a pesar de las buenas notas. Y esto es una de las consecuencias de poner todo el foco y el peso en el resultado y no en el esfuerzo o el proceso.

 

Probablemente se trate de un niño/a que ha recibido demasiadas alabanzas, que cada vez que hace algo que los adultos consideran lo correcto ha recibido mensajes del tipo...”muy bien” “eres el mejor” “qué orgullosos estamos de ti”...y claro, mantener esa excelencia se torna complicado. Si continuamente dependemos de la aprobación externa y nuestra autoestima pende de eso...pues es normal sentir frustración cuando no se alcanza esa excelencia. El perfeccionismo es muy complicado de gestionar. Y su decepción tiene más que ver con no haber alcanzado nuestras expectativas que las suyas propias.

 

Si hay frustración incluso con notas altas, también es necesario hablar de esa emoción, dejarlo que se exprese y empezar a reparar como adultos las actitudes y acciones que han hecho a nuestro hijo creer que debe ser excelente en todo, que no se pueda permitir el fracaso.

 

Debemos empezar a ser conscientes de si estamos abusando de las alabanzas y qué visión le transmitimos de lo que es cometer un error. ¿le enseñamos que es una oportunidad para aprender o que es un fracaso?

 

Lo importante de esta época de notas es que nuestros hijos sepan que esa nota no les define de ninguna de las maneras.

Que su autoestima no se vea peligrar, porque es difícil ponerse objetivos y luchar por ellos cuando tenemos la autoestima por los suelos ¿verdad?

 

Haridian Suárez

Trabajadora Social y Educadora De Disciplina Positiva

(@criarconemocion)

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