Educación infantil

Qué hacer cuando tu hijo e hija miente

Los niños suelen comenzar a mentir sobre los 3 o 4 años

Haridian Suárez Vega Miércoles, 01 de Mayo de 2024 Tiempo de lectura:

¿Y por qué mienten? Pues básicamente por las mismas razones que los adultos, que también mentimos, sí.

 

Quizás tiene miedo al castigo si te cuenta la verdad, o tiene miedo de enfrentar las consecuencias de sus acciones, puede que busque tu atención e invente historias o exagere la verdad para captar tu mirada, quizás no quiere defraudarte por algo que hizo que sabe que no te va a gustar, quizás intenta mantener una imagen positiva de sí mismo ante tí…

 

Estas suelen ser las causas por la que los niños/as mienten (y los adultos)...pero...¿qué hacemos cuando nos damos cuenta que nos ha mentido? ¿Cómo lidiamos con eso?

 

Vale, veamos….tu hijo/a te ha mentido, es evidente. Te sientes decepcionada, frustrada, no sabes qué estás haciendo mal para que tu hijo/a te mienta, ¿por qué no confía en tí?…

 

En este mundo adultocentrista, normalmente ponemos el foco en cómo nos hace sentir a nosotros como adultos las mentiras de nuestro hijo/a.

 

Si te sientes defraudada, decepcionada, enfadada o triste ante las mentiras de tu niño/a… ¿cómo crees que manejarás la situación? Pues normalmente desde esa emoción que te provoca.

 

¿Y qué hacemos?

 

Pues trasladarle ese malestar a nuestros hijos/as.

 

Asegurarnos que han entendido cómo nos hacen sentir sus mentiras. Como si fuera obligación de los más pequeños actuar siempre para complacerte, para que no te sientas mal.

 

Nos centramos en nosotros y olvidamos qué ha tenido que sentir él/ella para mentir, qué necesidad ha querido cubrir a través de la mentira, ¿Qué quiere evitar? ¿Qué quiere conseguir?

 

Quizás sería más factible descubrir que hay detrás de la mentira, qué hay detrás de ese comportamiento, y ofrecerle el escenario idóneo en el que no necesite mentir para lograr lo que busca (o no lograrlo, pero que lo busque a través de otra opción que no sea la mentira)

 

Sea cual sea la razón detrás de este comportamiento, no podemos abordarlo desde nuestra emoción, sino desde la de ellos/as.

 

Si le digo frases del tipo….

 

¡No me mientas jovencito/a!

No me puedo creer que me hayas mentido.

¿Cómo podré confiar en ti algún día?

¿Me estás diciendo la verdad? Es que ya no te voy a creer cuando me cuentes algo.

¡Qué decepción de verdad!

Mentir está muy feo, eso no se hace y yo no te he educado así.

 

Pues probablemente tu hijo/a se sienta fatal. Ningún niño/a quiere decepcionar a sus padres y va a sentir que no cumple tus expectativas como hijo/a.

 

Estas frases no invitan a que tu hijo/a te cuente la verdad la próxima vez, más bien le invitan a mentir mejor para que no le pilles para la próxima.

 

Tú te sientes decepcionada, tu hijo/a desalentado y con poco valor. Ambos se sienten desconectados el uno del otro.

 

Imagina el mismo escenario, una mentira que has pillado, pero en esta ocasión no respondes desde la emoción que te provoca a ti, sino desde la empatía de lo que ha podido sentir tu hijo/a para mentir, y además aprovechando la oportunidad de esta mentira para reforzar la conexión y enseñarle a centrarse en el aprendizaje y las soluciones.

 

Si ahora me dirijo a el/ella con estas frases….

 

¿Tienes miedo de ser castigado si dices la verdad? En nuestra familia nos centramos en soluciones.

 

¿Tienes miedo de sentirte avergonzado si dices la verdad? Recuerda que los errores son oportunidades para aprender; así que concéntrate en qué estás aprendiendo.

 

¿Tienes miedo de decepcionarme si me dices la verdad? Te amo incondicionalmente y juntos buscamos soluciones.

 

Mamá también se equivoca y también ha mentido algunas veces. No pasa nada, vamos a aprender de esto y ayudarnos en lo que necesitemos.

 

Mentir es un error, y todos cometemos errores.

 

En este caso probablemente tú te sientas alentada a enseñarle a través de ese error, él/ella se sienta capaz de hacerlo mejor la próxima vez. Ambos se sienten conectados.

 

Le ofreces un escenario propicio para la confianza, sin juicios, sin menoscabar su valía, sin castigos, centrado en soluciones.

 

Si ves la mentira y el error como un pecado capital o como algo muy grave y decepcionante, te pierdes la oportunidad de enseñarle a tu hijo habilidades de vida.

 

Nadie nació aprendido, y durante la infancia exploramos y jugamos con los límites y normas, buscando que alguien nos muestre esa estructura y ese camino que debemos seguir.

Los adultos somos los responsables de convertir sus errores, sus mentiras, en oportunidades de aprendizaje y mostrarles el camino desde la empatía y la comprensión.

 

¿Tú no has mentido nunca? ¿Te habría gustado no tener que mentir para conseguir algo, para no decepcionar? Seguro que la respuesta es sí en ambos casos.

 

Harídian Suárez Vega

Trabajadora Social y Educadora de Disciplina Positiva

(@criarconemocion)

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