Hablar y escuchar

Juan Ferrera Gil

[Img #7112]Hablar menos y escuchar más debería ser, en estos tiempos asirocados en los que estamos inmersos, la máxima fundamental de nuestros políticos, tan dados a los desaires y a los enfrentamientos verbales que apenas llegan a superar el papel impreso de los periódicos que todavía se editan (y que muy pocos leen, por cierto). Para los que sí estamos acostumbrados a leer en papel, se nos está llenando el gorro de improperios, insultos, violencias sonoras y mentiras continuas que dicen unas cosas y otras quedan ocultas en palabras ininteligibles, retóricas y vacías.

 

Si los políticos, tan dados a hablar constantemente, aunque no tengan nada que decir, que nos gobiernan y opositan hablaran menos y escucharan más, indudablemente, este país nuestro caminaría por senderos más armoniosos y descubriríamos, tal vez, que no hay una única lectura en la descripción de las decisiones políticas que originan. Al final, si llegara el entendimiento, otro gallo nos cantaría.

 

Pero seamos sensatos: el diálogo sincero y profundo no sucederá nunca: unos creen que tienen derecho al poder permanentemente, y cuando lo pierden es que otros lo han usurpado, y otros consideran que las cuestiones más peliagudas se pueden estirar como si un chicle fuera. Y, en medio, el clima de opiniones, aseveraciones, argumentario variado y otras sandeces anidan en este inmenso mundo de la trola y del y tú más”, que, últimamente, parece la enésima canción del verano dispuesta a repetir continuamente su machacón estribillo.

 

Lo único seguro es la incertidumbre que soportamos: la sequía y el cambio climático, y los calores que se avecinan, son una muestra clara de las tonterías y errores de una clase-casta política que ha perdido el norte, aunque ellos aún no lo sepan, que desconoce el verdadero valor de las palabras y que ha convertido la mentira, y también la eterna conspiración, en un argumento que de tanto repetir simula una verdad casi inalterable. Y nosotros, profesores y maestros, empeñados en los institutos y colegios en que el alumnado considerara el turno de palabra, levantara la mano para intervenir y respetara, como es debido, las opiniones contrarias: una lucha inútil. Y, así, desde luego, no se puede construir nada.

 

Si la lluvia que ha caído estos días anegara las conciencias retorcidas de los que dicen que todo lo hacen por el interés general, igual la mili ni siquiera se plantearía como posibilidad que regresa del pasado, ni la III Guerra Mundial tampoco. Parece que este estado pre-bélico que padecemos es la antesala de lo inevitable. Claro que con esta casta-clase política es difícil avanzar y progresar adecuada y debidamente.

 

Vamos, que tenemos asegurada la recuperación de la evaluación, cuando no la repetición de curso. Pues eso. No sé si me explico.

 

Juan FERRERA GIL

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