Una mano

Quico Espino

Foto: Ignacio A. Roque LugoFoto: Ignacio A. Roque Lugo

 
Eso es lo que necesita este mundo. Una mano. Que le echen una mano. Que aparezca de donde sea un Robin Hood que le quite el dinero a los ricos y lo reparta entre quienes lo necesiten; que arrebate el poder a los poderosos y haga que todos los seres humanos, mujeres y hombres, seamos iguales sin miramientos de sexo, raza o condición; que, como dice Bob Marley en su canción War (un extracto del discurso que el último monarca etíope, Haile Selassie, pronunció ante la ONU en 1963), no sea una ilusión el sueño de paz duradera, la cual se persigue pero nunca se consigue.
 
Tendrá que ser un Robin Hood sobrehumano que salga siempre airoso y convierta las armas destructivas en otras constructivas, así como, al igual que en la época hippy, haga que se lancen besos y flores en lugar de bombas. Besos en los labios, en las mejillas, en los ojos, en todo el cuerpo, besos volados, lanzados al aire, soplados, y flores como las que lleva este precioso niño hindú, de tierna e inocente mirada:
 
 
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… en cuyas manos ojalá nunca caigan rifles ni pistolas, sino objetos pacíficos: un sitar, un tamak, una tabla o una guitarra, como la que toca el pierrot cubista de Dalí:
 
 

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… una pintura que es un óleo sobre lienzo, en el cual puede verse el mar asomando a una ventana. Tal vez el guitarrista se inspira escuchando las olas, cuyo sereno rumor le transmite la paz que él confiere  a la música que mana de las cuerdas de su instrumento. Quizás sea esa su manera de echar una mano a este mundo tan convulso, una mano musical, teniendo en cuenta el dicho de que la música amansa a las fieras.

 

Soy optimista y no pierdo la esperanza, pero este mundo va mal y necesita que lo ayuden urgentemente. Por eso dije al principio lo del Robin Hood sobrehumano, que podría ser un personaje de ficción, tal vez un extraterrestre que eche una mano indicando a los poderosos de la Tierra que están equivocados, y que, de continuar así, el futuro de nuestro planeta será bastante incierto. 

 

Ojalá no haga falta decirles nada a quienes tienen el mundo en su poder para que se den cuenta de que deben estrechar las manos entre ellos, en son de amistad, y fumar la pipa de la paz.

 

Texto: Quico Espino

Imágenes: Ignacio A. Roque Lugo, Lex Thoonen y (una pintura de Dalí)  de Chriss Legout

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