Foto: Juan FERRERA GILNos solemos hacer casi siempre las mismas preguntas: ¿por qué hay algunas novelas que nos resultan mejores que otras? ¿Dónde se establece la diferencia? ¿Acaso en la Literatura? ¿Es la manera de contar una virtud o, por el contrario, solo es el fruto del trabajo solitario que se empeña en afrontar una realidad distinta? ¿O depende del momento elegido por el lector? ¿Y si hubiese leído una antes que otra?...
Al sentirnos como “otro lector empedernido”, hay todo un ejército por ahí fuera, sabemos que algunas novelas contienen más páginas de las que debiera (a veces se nos presentan tan llenas de párrafos que alargan la trama innecesariamente); otras ofrecen las dimensiones justas pues parecen dispuestas a ceñirse solo a lo esencial (bueno, queremos decir a lo esencial que considera su creador): todas ellas se convierten en una especie de objetos culturales interesantes que, seguramente, sobrepasarán el tiempo: cada una de ellas a su modo y manera.
Ustedes saben perfectamente que hay novelas negras y novelas negras; algunas parecen guiones de series B que solo sirven para ser vendidas en mercados internacionales de televisión, donde debe primar la audiencia por encima de la calidad y el alargamiento continuo de los episodios. Muchas de ellas Literatura no tienen; y lo más seguro es que ni la esperan, más que nada porque se han convertido en un reclamo exclusivamente comercial, más o menos fácil, que sobrevivirá un tiempo determinado: lo que dura el negocio establecido. Pero nada más. Al final no hay nada; quizás el éxito momentáneo, eso sí. También sucede que algunos creadores se sienten arropados por otros amigos escritores, que desean dejar su impronta como si fuera la primera vez que se publican novelas negras: creen haber dado con el filón de la única verdad posible: la suya. En el fondo, late un mundo constante de egos desorbitados y revueltos. No sé si me explico.
Ya dije antes que solo nos consideramos “un apasionado lector empedernido”. Y así deseamos y queremos seguir. Y conscientes de que nuestra opinión es muy diferente a otras de mis compañeros lectores, que de todo hay. Y eso está bien y así debe ser. Sin embargo, creo que se tiende a valorar muy positivamente todo lo que se escribe, y no siempre la ocasión lo merece. Consideramos que a veces la novela no vale nada y, sin embargo, las otras opiniones de mis compañeros lectores me hacen dudar y sentir, sobre todo, porque cada uno ve lo que ve y eso no solo enriquece, sino que cuestiona y estimula. Y mucho: el saber escuchar nos ayuda a crecer en la diversidad.
En definitiva, ni yo mismo llego a entenderme. Pero sí sabemos que algunas novelas, independientemente de quienes las escriben, son auténticas pifias bobaliconas. En fin, que debe haber de todo, como en botica Y deberíamos recordar que únicamente un nombre no significa nada: solo sirve para señalar individualmente. Y hay escritores consagrados por la crítica que también han publicado con fines eminentemente comerciales, aprovechando el tirón de lo que fue una anterior novela exitosa. Pero, en el fondo, apenas hay nada.
Nada. Y sin señalar.
Juan FERRERA GIL






























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