LA BRISA DE LA BAHÍA (160). Quedarse atrás

Rosa María Martinón Corominas, se ha quedado atrás de manera intencionada: solo vemos que, su coincidencia con las palabras del autor valenciano, nos parecen dignas de resaltar.

Juan Ferrera Gil Lunes, 08 de Enero de 2024 Tiempo de lectura:

El escritor valenciano Manuel Vicent, incansable al desaliento a la hora de luchar con las palabras, publicó un excelente artículo, ¡otro más!, titulado “El secreto placer de quedarse atrás”, en el periódico EL PAÍS, correspondiente al sábado 15 de julio de 2023. En él, el autor de Tranvía a la Malvarrosa, sostiene que dar un paso atrás no es tan malo, incluso está bien y puede resultar muy positivo.

 

[Img #13959]Hablaba Vicent de un personaje, Miguel, que descubrió ese extraño placer donde las prisas terminan; sin embargo, tengo para mí que representaba su alter ego. En cualquier caso, lo relevante es su idea: tan universal que es común a muchas personas, escriban o no. Y está bien dejar el paso libre a otros ritmos más jóvenes y rápidos y, tal vez, urgentes. Por ejemplo, el otro día leí en Infonortedigital que una escritora nonagenaria publicaba su primer libro; deduje inmediatamente que el tiempo es una entelequia. Y sentí, además, que se trataba de una mujer cuya valentía rozaba lo extraordinario: publicar, se tenga la edad que se tenga, nunca es tarde. No solo es recuperar del posible olvido unas cuantas palabras (palabras que llegan al corazón y atraviesan la existencia, que apena dura un espasmo, una pincelada en el lienzo con el que recordar a su amigo eterno, el pintor Antonio Padrón, donde el ligero movimiento de unas cortinas se convertía en un nuevo y extraordinario lenguaje al anochecer), sino que, al ponerlas en valor, adquieren una nueva dimensión que en el agitado mundillo literario sobresalen ya para siempre. Y ahí quedan. Desconocemos totalmente si la autora, Rosa María Martinón Corominas, se ha quedado atrás de manera intencionada: solo vemos que, su coincidencia con las palabras del autor valenciano, nos parecen dignas de resaltar.

 

Somos muchos los que intencionadamente nos quedamos atrás ocupando el lugar preciso y señalado: a estas alturas de la película ya ni siquiera nos sentimos protagonistas; nos conformamos, eso sí, con un papel secundario, o de reparto, como se dice ahora, pero que sea significativo. Y eso es bueno: una manera de estar donde la vanidad se ha esfumado pendiente abajo y donde ya ni siquiera hay que afirmarse o significarse y ser el más intrépido en todo y el mejor del mundo mundial: es muy cierto que otras personas imponen otro ritmo y así ha de ser. Que la Historia escriba con renglones más o menos torcidos constituye una realidad que se verifica en el momento preciso y en el instante adecuado: cuando las páginas salen a la luz a su debido tiempo.

 

Manuel Vicent, con 86 años, ha publicado su penúltima novela, Retrato de una mujer moderna, (Alfaguara, Barcelona, 2022) y lo ha hecho desde la maestría bien entendida y desde la dignidad que no para de crecer. Rosa María Martinón Corominas (Una dama de Agáldar, Beginbook Ediciones, 2023), con edad parecida, ha hecho lo mismo: no solo es una mujer valiente y decidida, que también, sino que en cualquier tiempo el precipitarse no es únicamente un deseo, sino una realidad incuestionable: acaso siempre estemos al borde del acantilado. Y eso denota que la vida es única y que cada cosa llega en el momento adecuado. Ni más ni menos. Por eso estos dos escritores, así como otros tantos, escribidores o no, han sabido ralentizar el paso, más que nada para no interrumpir el natural avance de la sociedad. Tengo para mí que, para poder llegar hasta esa consideración, primero hay que darse una vuelta, más o menos larga, por la vida. Y estos dos autores han sabido estar en su sitio y, sobre todo, han esperado su correspondiente turno. Así, las cosas de la vida adquieren mayor importancia.

 

Pero queríamos destacar, sobre todo, la idea de Manuel Vicent, que creemos que le sobra razón porque su vida, y pródiga obra, nos sirve para situarnos debidamente: da igual el espacio y el tiempo. Recuerdo que, al principio de mi vida laboral como enseñante, los relatos publicados por Vicent en EL PAÍS los utilizaba en el aula no solo para destacar el valor de la Literatura, sino, además, para aprender a manejar la Lengua. Y aquellas historias las interpretábamos como extraordinariamente modernas y tenían que ver con el momento de los adolescentes de entonces. Ahora ha ocurrido lo mismo. Y me sorprendí al encontrarme con un amigo que también había leído el mismo artículo del 15 de julio. La coincidencia nos acercó aún más. Y sirvió para corroborar lo que ya intuíamos. Y eso es algo que solo está al alcance de quien sabe situar las palabras en su verdadero lugar, independientemente de la edad que se disfrute. Así que, al igual que Miguel, también dejamos paso a otros automovilistas más rápidos; incluso, en ocasiones, ponemos el indicador, que ha entrado en fase de olvido y desuso, para que puedan adelantarnos con mayor seguridad.

 

No sé si me explico.

 

Juan FERRERA GIL

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