Cuando los invernaderos... Foto: Juan FERRERA GILCuando los invernaderos desaparecen, la ciudad se acerca, supuestamente, al progreso y parece casi nueva: el terreno fértil y de cultivo será sustituido por el alquitrán negro y lleno de coches.
No hay nada como ocultar o tapar los amplios espacios; al descubrirlos, creemos recuperar una nueva y extraña sensación que agranda lo que antes resultaba obstaculizado y parecía más pequeño: una nueva carretera nacerá en antiguas tierras de plataneras. Otra travesía más para llegar antes a la cola.
La Vega de Arucas, paulatinamente, desaparecerá en los próximos tiempos entre carreteras, supuestamente rápidas, y nuevas edificaciones, públicas o privadas: quizás sea ese su destino; solo hay que mirar con detenimiento y comprobar, de momento, un espacio que antes, cubierto de plataneras, con o sin enormes cobertizos, marcaban el paso de una identidad que va perdiendo su esencia. Al subir a la Montaña de Arucas y ver cómo ha cambiado el paisaje, nos añurga y nos duele observar el resultado, convertido casi en un deprimente espectáculo.
Los tiempos de ahora; ni más ni menos.
Juan FERRERA GIL






























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