El mar. Juan FERRERA GIL“Cada mañana repito lo mismo: ocupo el ocasional asiento desde donde contemplo mi posible suicidio. Siempre está libre, el noray, quiero decir. Pero no se asusten: soy tan cobarde que todo me da miedo. Aunque esté situado en la misma orilla, no se alteren ustedes indebidamente: no me tiraré; además parece que estoy más orillado de lo que en realidad es.
Sin embargo, siento que ese es mi lugar: al borde del acantilado, ya sea grande o pequeño; aunque, bien mirado, eso de clasificarlo es una tontería más de las que pienso últimamente.
Yo no sé ustedes, pero la palabra “acantilado” me enloquece: no siempre hay que estar al borde del precipicio.”
Juan FERRERA GIL






























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